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El remedio definitivo contra la crisis: el antidisturbios de izquierdas

¿Qué mejor que una cena sorpresa para limar asperezas entre las dos Españas? 'El rey tuerto' satiriza la relación entre un manifestante y un policía... condenados a entenderse

Foto: 'El rey tuerto', del teatro al cine
'El rey tuerto', del teatro al cine

Tragicomedia en dos actos. 1) Pareja de treintañeros cena en casa tras otra jornada laboral. Ella hace talleres. Él es antidisturbios... y ha tenido un mal día en la oficina. "Vale... le he disparado un poquito a la cara... ¡Me llamó hijo de puta!"... 2) Semanas después, joven pareja de militantes de izquierdas va a cenar a la casa de una amiga (de ella) a la que lleva años sin ver. Él está tuerto por el bolazo de un antidisturbios... Y sí: manifestante y policía están a punto de reencontrarse por sorpresa en una cena entre, ejem, amigos... ¡Que empiece la fiesta (de la democracia)! 

Bienvenidos al loco mundo de 'El rey tuerto', presentada hoy en la sección oficial del Festival de Málaga, exitosa obra teatral llevada ahora al cine por el mismo autor (Marc Crehuet) y reparto actoral. He aquí una tragicomedia con altas dosis de acidez político-costumbrista: Justo antes de entrar en la casa del antidisturbios y llevarse el shock de su vida, la pareja de militantes tiene una discusión. Ella: "Siempre te quejas de mis amigos, es que no te cae bien nadie". El: "Precisamente: no entiendo esta fijación por presentarme a gente cuando sabes que me van a caer como el culo". Como veremos unos segundos después, algo de razón tiene el chaval... aunque tras la tensísima cena acabe forjando una extraña y disparatada amistad con el antidisturbio.

El remedio definitivo contra la crisis: el antidisturbios de izquierdas

 "La película va sobre un tipo -David, el antidisturbios- que cree que sabe lo que es y lo que quiere... pero de repente se da cuenta de que no tiene ni idea. Una crisis de identidad.  A raíz del encuentro con Nacho, el tuerto, se tambalearán sus convicciones y su rol en la sociedad", explica Crehuet sobre la espectacular evolución del agente policial durante el transcurso del filme.

"Nacho adiestra a David en la película, pero como a un perro. Le lanza consignas desde la superioridad moral. Así que David no sólo no aprende, sino que acaba aún más confundido. Eso sí, se queda con algunas ideas sociales, pero las aplica a su manera. Es coherente con su personalidad", añade el cineasta. Personalidad, ¡ay!, explosiva. Moraleja con pista: si en el país de los ciegos el tuerto es el rey, el antidisturbios es el puto amo.

'El rey tuerto' es, entre otras cosas, una comedia de terror sobre la fragilidad de las convicciones: el poli, que está como unas maracas, acaba mutando en guerrero loco de ultraizquierda... Los militantes, que también tienen su pedrada (mística), perderán los papes de un modo igual de cómico. Como si el director quisiera parodiar la toma de conciencia de toda una generación, la suya, al calor de la crisis: o cómo pasar del apoliticismo cínico y hipster a la militancia aguda en tiempo récord. Del cero al infinito sin paradas intermedias; lo que, como todo cambio brusco, es materia ideal para el humor...

Las cosas llegaron a un punto en el que a los que sólo nos interesaba la cultura, empezó a interesarnos la política

"Yo venía de hacer una sitcom -'Pop Rapid' (TV3)- donde parodiaba el mundo de los hipsters y los modernos. El personaje del tuerto viene también de ahí: de mi relación de amor/odio con este mundo, y con su proceso de politización: de repente, en el Apolo -sala de conciertos de Barcelona- se empezó a hablar de política. ¿Qué estaba pasando? Pues que las cosas habían llegado a un punto en el que a los que sólo nos interesaba la música, el cine y la cultura empezó a interesarnos la política. ¿Lo bueno de este proceso? Que se han abierto alternativas e ideas nuevas", razona el director. 

La pregunta del millón sería la siguiente: ¿Por qué antes no y ahora sí? ¿A qué viene esta súbito interés por cambiar España y el mundonbsp;"Porque antes estábamos más cómodos y no creíamos que la política tuviera algo que ofrecernos", zanja Crehuet. 

El remedio definitivo contra la crisis: el antidisturbios de izquierdas

 

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