publica 'guardar las formas'

Reig castiga a Olmos: cara a cara entre pañales y botellas de tequila

El escritor y columnista de El Confidencial se somete al tercer tiempo de Rafael Reig a propósito de su bautismo en la distancia corta: 'Guardar las formas' (Random House)

Foto: Alberto Olmos y Rafael Reig
Alberto Olmos y Rafael Reig
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Alberto Olmos vive con su novia y su hija en un piso de clase media en el sur de Madrid, al lado de una biblioteca que visita casi a diario. Tiene pocos libros en su casa, que es cómoda y austera. Es un hombre tranquilo, cordial y de buenas maneras, y es de algún pueblo de Segovia, así que sabe hacer reparaciones y limpiar la casa, discute con rigor y es capaz de limpiar un horno y tender la ropa. Nunca ha sido moderno, pero ahora está a punto de volverse un clásico. Nos conocemos desde hace tantos años que nos ponemos al día con facilidad: seguimos cada uno con las mismas fobias y filias. Acaba de publicar 'Guardar las formas' (Random House, 2016), su primer libro de cuentos. A mí me aburren los cuentos, siempre pienso que son tramposos o sólo sirven para “hacer dedos” y probar cosas. Olmos está en contra, como siempre:

-Creo que la prueba de que no pienso en el cuento como campo de experimentación es que nunca había escrito cuentos hasta ahora. El género me parece ideal para tomar riesgos y para cambiar de voz cada semana y media, cosa que no puede hacerse cuando estás escribiendo una novela larga. Muchos de mis libros favoritos son libros de cuentos (siempre destaco algo de Eloy Tizón cuando hay que hacer un top de lecturas), pero también hay que señalar lo que el cuento, por sus pocas páginas, tiene de facilidad. Si pienso en mis cuentos favoritos ('La calle de los mendigos', de Mario Levrero; 'Es que somos muy pobres', de Juan Rulfo; 'Teddy', de Salinger; 'Instrucciones para John Howell', de Cortázar, o 'Emma Zunz', de Borges), no veo ningún truco. Veo, primero, una buena prosa, también una buena idea y una resolución elegante.

Alberto Olmos
Alberto Olmos

“A Carver lo imita cualquiera”

-¿Te atreverás a decir que les tienes respeto a los microrrelatos?

-En absoluto y de hecho el número de odiadores del microrrelato es tan alto que podrían solicitar la independencia justo después de Cataluña y fundar una ciudad-estado con grandes avenidas.

-¿Lo tuyo es un recopilación de cuentos o está concebido como conjunto?

-Desde luego, no me gusta la idea de cobrar dos veces por un cuento: una, cuando sale en una revista; otra, cuando juntas todos los cuentos de revista y los publicas en forma de libro. Casi siempre son malos libros los que se montan de esta manera. Yo quería de hecho hacer cuentos tan distintos que me echaran en cara la falta de unidad del libro, pero he visto que muchos encuentran coherencia en la antología. Será que uno no da para tanto y tiene cuatro temas en la cabeza. Lo que sí he pensado mucho es el orden de los cuentos, la sintaxis ficcional, por decirlo de una forma pedante. Así, el último cuento y el que cierra la primera parte son ambos autoficciones, y sale más o menos mi nombre.

El número de odiadores del microrrelato es tan alto que podrían pedir la independencia después de Cataluña y fundar una ciudad-estado

-Tus cuentos están lejos de Carver, que ha sido el azote de los talleres de escritura. ¿Remite la epidemia Carver?

-Sólo hay un relato algo carveriano, titulado -qué ironía- 'La botella. Creo que Carver es a día de hoy la peor opción para un cuentista. En un taller de cuentos que daba, les encargué escribir un cuento a la manera de Carver, después de trazar cuatro líneas básicas del “realismo sucio” (gasolineras, final abierto o epifánico, personajes anodinos) y -lo juro- todos trajeron a la semana siguiente cuentos que funcionaban, mucho mejores que los que hacían libremente. Es decir: a Carver lo imita bien cualquiera.'

-En este libro te veo muy cosmopolita, como si ya no te doliera España.

-Al ser doce historias y tener la intención de que sean muy distintas al final me ha salido un libro con muchos personajes variados y hasta localizaciones exóticas (hay un cuento en Buenos Aires). No tenía ninguna intención de ser internacional, sólo de no ser yo, que es algo que cansa mucho, ser uno mismo y encima tomarse nota.

-Venga, atrévete a decirme que cuesta más escribir un cuento que una novela.

-Varios titulares no del todo bien intencionados ni exactos que han salido últimamente me hacen afirmar en letras inmensas que detesto el cuento y que es fácil de escribir. Obviamente escribir 10 folios es más fácil que escribir 200; pero escribir 'Ana Karenina', 1.000 páginas de gran literatura, es lo más difícil de todo. Dejémonos de tonterías.

“Cansa mucho ser uno mismo”

-No me digas que también tienes esperando en un cajón un libro de sonetos.

-Tengo el capricho de escribir un libro de cada género, a pesar de que el propio concepto de género esté hoy en día en cuestión. Esto es, un ensayo y un poemario. A lo que más respeto tengo es a la poesía, justamente por el poco respeto que se la tiene hoy en día entre los que firman poemarios. No precisamente sonetos, pero sí me gustaría escribir algunos poemas, aunque no tengo claro en qué dirección. Aunque estén sometidos a cambios, los géneros yo creo que resistirán. Después de la autoficción se ha puesto de moda, ya directamente, la autobiografía; de modo que dentro de diez años los lectores reclamarán otra vez ficción pura, historias, personajes, un mundo en el papel. Con la edad va dando menos ganas, no de escribir, sino de ponerse a escribir. Cuando estás escribiendo, estás encantado y da lo mismo si hay lectores o si alguien va a publicarte. Pero, antes de ponerse a ello, se llena uno de dudas. En todo caso, a mí me da igual lo que reclamen los lectores ahora o mañana porque yo escribo para gustarle a mi novia.

Cuando estás escribiendo, estás encantado y da lo mismo si hay lectores o si van a publicarte. Pero, antes de ponerse, se llena uno de dudas

-Un libro de cuentos tras varias novelas, ¿forma parte de una "carrera literaria" que tengas en la cabeza?

-Nunca he tenido en mente algo así, un plan a largo plazo, un itinerario o una hoja de ruta hacia el éxito. Creo en el libro que estoy escribiendo y en el que acabo de publicar; y luego dejo de creer para poner toda mi fe en un mejor libro, que tiene que ser el siguiente.

-¿Cuál es el sitio de tu generación en el sistema literario?

-En la literatura sí que ha desaparecido la clase media. Los últimos escritores que vivían bastante bien de sus libros y artículos fueron los Marías y Muñoz Molina y demás. En mi generación hasta escribimos gratis los artículos, algo impensable en los año 90. Los escritores nacidos en los 70 somos, a día de hoy, irrelevantes en el panorama editorial. Ningún sello va a fichar a un escritor de 40 años arrebatándoselo a otro sello, como sucedió con estos escritores que menciono. No somos estrellas; nunca lo seremos.

Para que deje de lloriquear le pido algo de beber y sirve tequila, un excelente Herradura añejo. Luego coge a su hija en brazos otra vez, hasta que la vuelve a dormir.

-Aparte de hacerte millonario, abandonar a tu familia y cambiar a tus amigos por desconocidos, ¿tienes algo a la vista, un plan perfecto?

-Ver crecer a mi hija. Ahora me he dado cuenta de que la famosa y muy bonita frase de Umbral: “Estoy oyendo crecer a mi hijo” sólo se le puede ocurrir a un padre que no cambia pañales.

Olmos sí cambia pañales, lo que no le ha impedido ofrecernos un contundente libro de cuentos sobre la culpa y el castigo, sobre la imposibilidad de separar nuestros actos de sus consecuencias. Tampoco los pañales nos han dificultado a los dos acabarnos la botella de tequila.  

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