ENTREVISTA CON JOHN bANVILLE

"Pensaba que con el tiempo sería más sabio, pero la vejez sólo trae confusión"

Quedo con John Banville (Wexford, Reino Unido, 1945) en el comedor de un hotel barcelonés. El Premio Príncipe de Asturias de las Letras ha vuelto con 'La guitarra azul', aunque nunca se fue...

Foto: John Banville. Foto: Efe/Emilio Naranjo
John Banville. Foto: Efe/Emilio Naranjo

Quedo con John Banville (Wexford, Reino Unido, 1945) en el comedor de un hotel barcelonés. El Premio Príncipe de Asturias de las Letras ha vuelto, aunque nunca se fue, con 'La guitarra azul' (Alfaguara, 2016), una novela donde Oliver Orme, un viejo pintor desengañado de todo, vuelve a su lugar de origen para reflexionar sobre la existencia mientras deja que el presente obstaculice su largo soliloquio entre amoríos, recuerdos e instantes imprevistos.

'La guitarra azul', de John Banville (Alfaguara)
'La guitarra azul', de John Banville (Alfaguara)

'La guitarra azul' es otra prueba más de la estupenda salud literaria del irlandés, quien pese a su cansancio por la rueda de entrevistas me atiende con amabilidad y un estupendo sentido del humor. Sin más enciendo la grabadora.

Pregunta. Hay un momento del libro donde Oliver sale de la casa de los padres de Polly. Está sólo con la lluvia. ¿Es el único verdadero momento en que está solo con ese exterior que no consigue captar?

Respuesta. No lo había pensado así nunca la verdad, pero seguramente es el único momento, un momento extraño que casi es un sueño árabe, una visión que no sé cómo se me ocurrió.

P. Siempre es muy difícil formular la primera pregunta. Me vino este pensamiento por el verso de una canción italiana que dice “C’è chi aspetta la pioggia per non piangere da solo” y quizá al protagonista le ocurre esto.

R. Suena maravillosa la canción, sólo los italianos pueden crear algo así. En Irlanda no tenemos que esperar la lluvia porque siempre está ahí. Pero sí, en el libro ese paseo solitario es verdaderamente peculiar, como si se adentrara en el mundo; él habla constantemente del exterior pero vive esencialmente en su cabeza, algo que por otra parte hacemos todos.

P. Sí, pero vive tan ensimismado que llega un momento donde quiere pintar a su amante Polly y ella le dice sin miramientos que retrata a las personas como si fueran objetos.

R. Esto es el arte, sólo puede darnos una simulación de la vida. Lo raro y maravilloso en las novelas es que los personajes de las novelas pueden parecer tan reales como las personas que tenemos al lado… Emma Bovary, Don Quijote parecen reales, a veces incluso más reales que la gente real. Al fin y al cabo todos somos niños y nos gusta inventar historias.

Lo raro y maravilloso en las novelas es que los personajes de las novelas pueden parecer tan reales como las personas que tenemos al lado…

P. Sí, pero los niños a diferencia de Oliver no tienen esta conciencia tan clara de haber llegado a un punto del camino, porque si en algo está centrado es en recapitular.

R. Es su problema, estaría mejor para él tener una visión infantil del niño. Cuando somos críos todas las experiencias son nuevas porque tienen la magia de la primera vez y vemos de forma constante la extrañeza del mundo. Al crecer dejamos de especular. En cambio el artista no abandona su condición infantil, tiene la mirada del niño y por eso no deja de sorprenderse y maravillarse a cada instante.

P. 'La guitarra azul' es una novela plagada de dualidades. Hay un fragmento que me llamó mucho la atención porque habla de la importancia de la concentración, pero si relacionamos estas dualidades con lo que acaba de decir de los niños el momento más infantil de Oliver es su afición al robo, porque es cuando activa la novedad.

R. Pues sí, lo que dice es muy interesante. Robar para Oliver es como encender una cerilla, por un momento arde y se enciende el mundo. Roba una cosa, la agarra, queda un vacío y el objeto toma conciencia. Eso es lo que hace o intenta hacer el arte, que el mundo sea nuevo cada vez y autoconsciente de sí mismo.

P. El título de la novela da pie a muchas interpretaciones. Picasso decía que robaba pero que su mérito era lograr que nadie se diera cuenta.

R. En su retrato de Gertrude Stein ella se quejó porque no era como en el cuadro, a lo que él respondió que lo sería. Es verdad, pero claro, ella tenía ese aspecto porque Picasso intensificó su realidad. Hay muchas cosas en el mundo, tantas que es imposible darnos cuenta de todo.

P. En realidad lo normal es anormal.

R. No existe la normalidad. ¿Qué es normal? Nos hemos acostumbrado a unos parámetros cuando en realidad todo es extraño. Ahora mismo no llevo las gafas y al fondo me parece ver esferas de cristales, pero no sé si es así, me gusta verlo desde mi visión, el aspecto de las cosas cambia de forma constante, sólo que para vivir en este mundo debemos acostumbrarnos a él, no podemos ver todo siempre con ojos infantiles, sería agotador, la vida sería insoportable.

No existe la normalidad. ¿Qué es normal? Nos hemos acostumbrado a unos parámetros cuando en realidad todo es extraño

P. Oliver tiene un problema que confiesa. Ha luchado toda su vida por dominar lo que ve y al retornar a su origen entiende que no tiene sentido eso, son dos realidades y debe aceptar esa división.

R. Absolutamente. Es un artista en crisis y ha visto ese rechazo, ese vacío entre el mundo y la obra de arte; para poder realizarla debes dejar adormecidas las tomas de conciencia de lo que nos rodea.

P. Con relación a lo que decimos hay un instante muy 'eliotiano' del libro donde más o menos dice que pasado, presente y futuro son lo mismo; sin embargo él no deja de pensar en el pasado.

R. Sí, pero esto lo hacemos todos, es aplicable a la mayoría. Vamos acumulando pasado, es un montículo siempre mayor y nos sustenta. Vivimos en el pasado, no en el presente, porque no hay presente que vivir, ya está, se ha ido. Hubo un desacuerdo entre Einsten y Bergson. El primero decía que todo está aquí, veía el tiempo como una fantasía, mientras el segundo opinaba que estamos moviéndonos constantemente y por eso el pasado se nos acumula.

P. Al mismo tiempo, pese a pensar constantemente en el pasado, vive muchas historias en el presente que determinan su comprensión del todo.

R. Spinoza decía que un hombre sabio sólo piensa en la muerte, pero todo su pensamiento es pensamiento de vida. Lo mismo se podría aplicar al pasado. Contemplar el pasado ilumina quienes somos en el supuesto llamado el presente, que en realidad no sé muy bien qué es.

P. Mientras pensaba en las preguntas de esta charla he pensado que Oliver tiene cierto parecido con el protagonista de 8 ½ de Fellini, porque ambos buscan un sitio para retirarse y entender el motivo de su actual incapacidad creativa.

R. Es verdad, me haces pensar una barbaridad.

P. También tiene una mujer y una amante.

R. Sí, pero es mucho más guapo que yo, perdón, que el pobre Oliver. Por cierto, ahora me acabo de dar cuenta que Oliver se parece mucho a Oliver Hardy, acabo de tener esta revelación.

P. A diferencia de Mastroianni, Oliver dice que hace como los elefantes porque vuelve al lugar de origen. ¿Es un muerto en vida?

R. Está obsesionado con el pasado. Cuando llegues a mi edad te darás cuenta, te obsesionarás porque el futuro va acortándose y el pasado ocupa siempre más espacio y tiempo. Miro a mis hijas, de diecinueve y veinte años, y lo entiendo muy bien. Para ellas la existencia es el futuro, mientras que para mí es el pasado, es inevitable, no me quejo, es muy interesante. Cada etapa de la vida es interesante, eso es lo bonito.

P. En el caso del protagonista, desde un punto de vista de masculino, hay un universo de fascinación intergeneracional: la mujer, casi como un caleidoscopio.

R. Yo no entiendo a las mujeres.

P. Yo tampoco.

R. Me parecen un mundo extraño y fascinante como el caleidoscopio que mencionabas. Mi esposa solía dar clases a niños de entre nueve y doce años. Le resulta fascinante ver cómo las niñas entienden que ser listas no les ayudará mucho y de repente parece que pierdan su inteligencia. En realidad no lo hacen, simplemente fingen. Ellas crecen y nosotros no, bueno, yo al menos no he crecido, sigo siendo un niño, algo muy necesario para un artista e incómodo para el resto de adultos, porque no entienden cómo un bebé de pelo cano pide constantemente su biberón.

Mi esposa daba clases a niñas de entre 9 y 12 años. Le fascinaba ver cómo entienden que ser listas no les ayudará y parecen perder inteligencia. No lo hacen, fingen

P. Al preguntarte por tu proceso de creación hablas de dejar fluir la escritura, algo muy libre, casi infantil pese a su lógica.

R. Cuando era más joven intentaba tenerlo todo bajo control, pensaba que lo hacía bien; ahora me he dado cuenta de que sueño, fantaseo todo el tiempo y me gusta.

P. ¿Esto se debe a la experiencia?

R. Es por envejecer, no nos engañemos. De joven pensaba que con el tiempo sería más sabio, pero la vejez sólo trae confusión, lo que está bien para un artista. Me gusta sentirme confuso y cuestionarme todas las cosas.

P. Si viéramos el mundo como un puzle ordenado quizá no podríamos intentar ser detectives de la cotidianidad.

R. Es verdad, a mayor confusión mejor me siento como artista.

P. ¿Crees que la confusión de Oliver puede ser positiva para el futuro?

R. En su caso tiene una crisis, ha perdido la capacidad de crear arte, ese y no otro es su problema. Volverá a ser artista, estoy convencido.

P. Y de la crisis artística llega a la personal porque al no poder crear pierde el rumbo.

R. Si siguiera pintando no sufriría ninguna crisis.

P. ¿Se la inventa?

R. Supongo que sí, está profundamente aburrido y necesita algo para llenar su pensamiento. Además no entiende nada, sólo lo descubre al final.

P. Hay algo fundamental. Piensa escribir un libro del amor y dice que lo dejaría vacío. Luego rectifica y dice que la única norma sería ámate a ti mismo.

R. No, dice que todo amor es amor a uno mismo, que por otro lado me parece una verdad como un templo.

P. Sus amigos y conocidos se lo recriminan como su mayor defecto.

R. Sí, pero quizá conoce más lo que está diciendo, está siendo más honesto y valiente que los demás al admitirlo. No se pueden decir muchas cosas a su favor, pero su capacidad de mirar la realidad a la cara, aunque no pueda comprenderla, es encomiable.

P. Yo me iría de copas con Oliver.

R. Yo también, de hecho lo hago a menudo, ahora me iré a comer con él.

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