El amor se rompe a cuchilladas en un ring
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dentro del festival de otoño en primavera

El amor se rompe a cuchilladas en un ring

Bárbara Lennie e Israel Elejalde estrenan en Madrid 'La clausura del amor', la obra de Pascal Rambert que disecciona una ruptura de pareja como si de un combate se tratase

Foto: Lenni y Elejalde protagonizan 'La clausura del amor'
Lenni y Elejalde protagonizan 'La clausura del amor'

Un combate a dos asaltos. A cuchilladas. A rasgar. A hacer daño, pero también a sufrirlo. Porque la rabia, la ira, el miedo y el vacío se escupen, golpean y dejan marcas en el cuerpo. Devastan como anoche devastó hasta la extenuación 'La clausura del amor' en Madrid. La obra de Pascal Rambert, que se estrenó ayer en los Teatros del Canal (hasta el día 15 con las entradas agotadas desde hace meses) dentro del Festival de Otoño en Primavera, es cruda, desgarra y tiene una intensidad tan poderosa que los golpes que se dan Bárbara Lennie e Israel Elejalde terminan directamente en las mandíbulas y el pecho del público.

Todo comienza en un escenario rectangular blanco, frío y diáfano donde no hay opción a esconderse y que desde el primer segundo se convierte en un ring de boxeo. Elejalde y Lennie (la obra se estrenó en 2011 en Aviñón y desde entonces Rambert siempre ha querido que los actores que la interpretan sean pareja en la vida real) prestan sus nombres a estos dos actores que se disponían a ensayar pero que hoy vomitarán toda su ira contenida y dejarán hecha trizas su relación en un cuerpo a cuerpo sin ningún tipo de piedad.

La obra, estructurada en forma de dos monólogos de unos 50 minutos, es un absoluto combate dialéctico. Primero es Israel quien decide que ya no quiere seguir con Bárbara mientras ésta se duele en silencio de sus rabiosos y certeros golpes en la otra esquina del cuadrilátero. Él abre la guerra y la va golpeando frase tras frase, palabra tras palabra, metáfora tras metáfora, reproche tras reproche, recuerdo tras recuerdo. Sin tregua ni piedad. Las palabras hieren. Son bayonetazos de tal intensidad que esparcen una bomba atómica gracias a una soberbia interpretación de Elejalde, quien consigue tensar el silencio que se apropia del patio de butacas desde que dice su primera frase. Está ahíto, desquiciado y dispuesto a dinamitar esa relación. No es un simple "ya no te quiero, esto es todo". Es un vómito que busca romper esa red sin salida, esa secta, en la que un día se convirtió este amor. "El amor es un cadáver y tú llevas su piel", le escupe mezquino, loco y feroz, pero también con miedo a esa pérdida que ya ha ejecutado.

Un coro de niños sirve de interludio entre los dos combates escenificando esa decadencia de la inocencia que se está viviendo en el escenario. Tras ellos, será Bárbara la que responda, herida y doliente pero fuerte y vehemente, a cada una de las balas y de los golpes bajos que ha ido recibiendo muda. Lennie es un huracán (si había alguna duda sobre ello). Todas las piezas de la obra encajan con su visceral revancha. Hay rabia, hay humillación, hay dolor e incredulidad porque todavía hay amor. "¿Todo lo que hemos vivido ha sido ficción?" "¿A dónde te has ido?", le pregunta. Se defiende, saca las uñas, golpea una otra y vez, pero aún le quiere. Aún cree en "el hilo que nos unía". Su escalada pasa de puñetazos cargados de despecho a una mano tendida, a la rendición y la evocación de esas imágenes en forma de una colección de dolorosos recuerdos que se quiere quedar... y que son la puntilla para su verdugo.

Decía en la rueda de prensa Rambert que para llevar a escena 'La clausura del amor' necesitaba "dos grandísimos actores". Aquí ha encontrado a dos actores extraordinarios e imprescindibles para un duelo de este nivel, que está llamado a ser uno de los grandes estrenos del año (y que, por cierto, no se quiso perder nadie. Entre el público estaba anoche desde Pedro y Agustín Almodóvar a Aitana Sánchez-Gijón, Elena Anaya, Verónica Forqué, Nathalie Poza, Miguel del Arco...). Bárbara Lennie e Israel Elejalde -que llevan años trabajando juntos en obras de Kamikaze Producciones como 'Misántropo', 'La función por hacer' o 'Veraneantes'- están grandiosos. Tanto es así que también confesaba el director que desde que les vio en los pocos ensayos que hicieron ha tenido la sensación de que había escrito la obra en español. Ambos se complementan en su ferocidad, en cada movimiento de sus músculos, en cada lágrima. Abruman con la misma intensidad que destilan sus interpretaciones.

"A Pascal le interesa el poder de la palabra para golpear y destruir, para romper todo lo que les ha unido, y ver qué pasaría si uno no pudiera hablar ni ser interpelado, esa pérdida en la que las ideas aparecen como una gran marea y el otro tiene que someterse a esas palabras como en los juicios, sin replicar, y cómo le afectan en el cuerpo", explicaba Elejalde a El Confidencial sobre este "combate dialéctico y especie de juicio" que es 'La clausura del amor'. "El momento de la ruptura es uno de los momentos más dolorosos, tanto como la muerte. Es una pequeña muerte que, afortunadamente, pasa pero el vacío y el vértigo que sienten es total", añadía el actor sobre uno de los papeles más duros de su carrera.

Ese crudeza y ese vacío es el que Rambert quiso imprimir en esta obra que escribió tras su propia ruptura. Se ha representado por todo el mundo y en esta ocasión fueron Elejalde y Lennie los que, seducidos por el texto, se decidieron a llevarla a escena. Se estrenó en el pasado Grec y, tras pasar por Madrid, viajará por España (de momento ya hay fechas en Sevilla). El director aseguró ayer que entiende el teatro "como una forma de vivir". "El lugar que ocupa el espectador es el del despellejado (...), no está confortablemente sentado en su asiento". Y, sin duda, aquí nadie sale con la piel intacta.

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