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'La flaqueza del bolchevique' pega el salto del papel al teatro

La adaptación teatral de la novela de Lorenzo Silva llega al Teatro Lara de Madrid versionada por David Álvarez y protagonizada por Adolfo Fernández y Susana Abaitua

Foto: Adolfo Fernández y Susana Abaitua protagonizan 'La flaqueza del bolchevique' (Sergio Parra)
Adolfo Fernández y Susana Abaitua protagonizan 'La flaqueza del bolchevique' (Sergio Parra)

"Era lunes y como todos los lunes el alma me pesaba ahí mismo, abajo del saquito de los cojones". Descreído, cabreado, con mala baba y muy hastiado de la vida... hasta que conoce a Rosana, una adolescente que trastocará su mundo de "soplapollas". Muchos conocen la historia de este hombre creada por Lorenzo Silva en los años noventa. Ahora 'La flaqueza del bolchevique' salta del papel y se materializa sobre el escenario del Off del Teatro Lara (hasta el 8 de diciembre) protagonizada por Adolfo Fernández y Susana Abaitua.

"Hemos querido reducirlo todo a la esencia", explica David Álvarez, encargado de la adaptación teatral y codirector de la obra junto a Fernández. De este modo, ahora sobre las tablas, los dos protagonistas recrean una travesía emocional que va desde el escepticismo más absoluto a la búsqueda de la redención. La pieza, que llevaba años en un cajón esperando "su momento", sirve una poderosa narración en primera persona. 

Es la primera vez que una novela de Lorenzo Silva aterriza en el teatro y el escritor asegura que le ha gustado el resultado, ver cómo va transitando el personaje de Fernández desde el hastío vital hasta la búsqueda emotiva y la redención casi religiosa del final. "Se han tomado algunas pequeñas licencias pero el texto es muy fiel", describe el día del estreno a El Confidencial. "El teatro tiene la ventaja de que puedes disponer de la voz de él en todo momento. La novela es como un gran monólogo y la función, durante buena parte del tiempo, lo recoge. El teatro se asienta en el lenguaje verbal mucho más que el cine y hace que pueda jugar más con la faceta cómica del discurso".

"Al leer la novela en seguida nos la imaginamos en un escenario. Nos gustó mucho la historia de ese imposible, la tragedia que lleva aparejada, y ese golfo, que reconozcámoslo, tiene mucha gracia", explica Adolfo Fernández, responsable de K Producciones, compañía especializada en levantar obras de autores contemporáneos vivos como ya hicieran con 'Ejecución hipotecaria', de Miguel Ángel Sánchez; 'Naturaleza muerta en una cuneta', de Fausto Paravidino, y que para la próxima temporada llevará a las tablas 'En la orilla', de Rafael Chirbes.

Silva, de todos modos, cree que el libro es el mejor soporte para su historia porque el texto siempre tiene más matices en la mente del lector. "Yo soy novelista porque es el relato más versatil, el más humilde y desnudo", argumenta. Aunque añade entre risas: "ahora tenemos el texto con carne y voz, y tengo que reconocer que he visto pasajes que me han parecido más bestias que sobre el papel". Y no habla de los cientos de tacos que dice este hombre sino de la retranca y mala baba mezclada con humor negro de la que tira como coraza.

'La flaqueza del bolchevique' llega al teatro (Sergio Parra)
'La flaqueza del bolchevique' llega al teatro (Sergio Parra)

Todo se precipita cuando él empotra su coche contra el deportivo de Sonsoles, una joven rica y pija que, desde ese preciso instante, se convierte en el objetivo a derribar hasta que aparece su hermana pequeña, la "venus" Rosana. La obra resuelve con solvencia el arco de personajes que van apareciendo en la novela, pero donde más gana es en recrear el monólogo interior de este hombre que camina del hastío de un mundo capitalista y sin escrúpulos, del que él mismo forma parte, hasta el deslumbramiento por una joven pura y alejada de esa mierda que, a su vez, ve en él algo fresco y nuevo. 

"Hay un deslumbramiento. Quizás la película contó con más ventajas para el retrato gracias a los planos y la música, aquí están solos la actriz y el actor y ellos son los que tienen que trasladar la mutación. El protagonista pasa de ser odioso a intentar conmover, de ser escéptico y corrosivo" a estar embelesado, analiza Silva, quien reconoce que siempre tuvo en su mente el Mefistófeles de 'Fausto'.

En el fondo, prosigue, esta comedia-drama-tragedia no deja de ser "una historia de gente que se equivoca en su camino. Es un libro sobre la pérdida". De ahí su actualidad, patente en pasajes tan descarnados como el retrato que hace Silva de una sociedad que fagocita a sus trabajadores: los budas, los eventuales de mierda y los soplapollas. Un capítulo leído en muchas facultades y que deja claro lo poco que hemos avanzado desde los noventa.

"No nos hemos ido, lo hemos agravado más con la reforma laboral. Vivimos en una sociedad que ha decidido preservar los derechos de una parte de la población a costa de la extirpación absoluta de las otras capas", señala el escritor. Este punto de vista tanto de la novela como de la obra, prosigue, fue muy intencional. Silva quiso que su protagonista fuera un hombre formado que podía ir más allá... pero vendido al sistema, por eso le colocó trabajando en "la sala de máquinas de un banco de inversión, que en los noventa no sabíamos muy bien lo que era pero ahora sí". "Servía para retratar esa sociedad que ya estaba dirigida por el capitalismo financiero... Ahora se ha olvidado todo lo que pasó y la City funciona otra vez a plena máquina".

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