El patrimonio de la humanidad en grave riesgo

El mazo del Estado Islámico ataca de nuevo

La destrucción no para, ahora las ruinas de Nimrud. El director en España de World Monuments Fund explica qué consecuencias tiene eliminar el patrimonio cultural de la Humanidad en Irak y Siria

Foto: Una vista de las ruinas asirias de Nimrud, al norte de Irak. (UNESCO)
Una vista de las ruinas asirias de Nimrud, al norte de Irak. (UNESCO)

El patrimonio cultural es el conjunto de bienes tangibles e intangibles heredados de generaciones pasadas, mantenida y conservada para el beneficio de generaciones futuras.  Eliminar esta herencia es atacar a la comunidad en su genética, eliminando su identidad colectiva, sus . Es además una forma de castrar su futuro, eliminando una riqueza patrimonial conservada durante miles de años que bien gestionada logra influir en el bienestar económico y social de los pueblos que la conservan. El vídeo de la destrucción de piezas del Museo de la Civilización Mosul no es más que la punta del iceberg de la sistemática destrucción del patrimonio cultural en Irak y Siria. Esta destrucción no solo afecta a sus habitantes, afecta a la humanidad al destruir una parte importante de nuestra memoria colectiva como civilización.

Ahora sabemos también que el pasado jueves los yihadistas del Estado Islámico (EI) volvieron a actuar y destruyeron más de la mitad de las ruinas asirias de Nimrud, al norte de Irak. La presidenta del comité de Turismo y Antigüedades de la provincia de Nínive, Balquis Taha, mostró a EFE su preocupación por la suerte de las estatuas de toros alados, de las que hay dos en el lugar arqueológico del siglo XIII a.C.

En septiembre del año pasado, el Museo Metropolitano de Nueva York (MET) albergó una conferencia para tratar la creciente preocupación por el desastre en Irak y Siria. Participaron entre otros el Secretario de Estado de EEUU, John Kerry, la Presidenta de UNESCO, Irina Bokova, y la Presidenta de World Monuments Fund, Bonnie Burnham. En su intervención, Burnham recordó cómo la protección del patrimonio cultural en tiempos de guerra es uno de los mayores retos con que se encuentra el mundo de la conservación, que queda empequeñecido por la magnitud del sufrimiento humano.

Los terroristas del grupo Estado Islámico en plena destrucción de piezas del Museo de Mosul. (REUTERS)
Los terroristas del grupo Estado Islámico en plena destrucción de piezas del Museo de Mosul. (REUTERS)

Recordaba también las palabras a primeros de septiembre del Director de Museos Arqueológicos de Irak, Qais Hussein Rashid, sobre los peligros para aquellos sitios arqueológicos bajo control de los grupos terroristas como son los yacimientos milenarios de Nimrud, Niniveh y Ashur: “Imagínense que este museo (el Metropolitan) estuviese a punto de ser tomado por personas que creen que cualquier vestigio de pasadas culturas debería ser borrado. El Museo de la ciudad de Mosul esta en esta situación”. Casi medio año el aviso de ruina se confirmaba.

En un horrible acto de guerra, el mundo ha podido observar la destrucción de piezas irreemplazables del patrimonio cultural de la Humanidad, sumando a los actos genocidas y crímenes terroristas con los que estos grupos no dejan de provocar al mundo civilizado.

Este no es un acto de iconoclastia, sino un intento de erradicar de la región cualquier traza de historia y diversidad cultural

Gaetano Palumbo, Director de World Monuments Fund para Oriente Medio, confirma que este no es un simple acto de iconoclastia, sino un intento de erradicar de la región cualquier traza de historia y diversidad cultural para justificar la creación de un nuevo orden basado en su interpretación del Islam.

Igual que con los Budas de Bamiyan en Afganistán o los monumentos sufíes de Tombuctú, la destrucción del patrimonio cultural es una práctica antigua ya utilizada por los romanos y los mismos musulmanes durante los primeros momentos de la invasión de la península ibérica. Como sostiene el arqueólogo Juan Zozaya, en tiempos de Abderraman I, los conquistadores insertaban elementos significativos de las culturas conquistadas a la vista en paramentos (Iglesia del Salvador en Toledo o las murallas de Gormaz en Soria).

“Lo hacían como manifestación del triunfo del recién llegado, idea de triunfo y despojo no ajena a la idea de victoria militar sobre un grupo social considerado como poderoso y cuya destrucción o dominio es importante para el grupo vencedor, siempre con algún tipo de demostración pública del bien expoliado”, explica Zozaya. En el siglo XXI la demostración pública se hace en YouTube.

Castillo de Tal Afar, al norte de en Irak, uno de los hitos del patrimonio que ha sufrido las consecuencias de los enfrentamientos. (U.S. Army Photo)
Castillo de Tal Afar, al norte de en Irak, uno de los hitos del patrimonio que ha sufrido las consecuencias de los enfrentamientos. (U.S. Army Photo)

Lo mismo ha ocurrido con la tumba de los profetas Seth y Jonás, y las efigies de la ciudad Asiria de Hatra, sin que estos hechos hayan conseguido la misma publicidad.

Desgraciadamente, estos crímenes se enmarcan en un contexto aun más desolador para la cuna de la civilización. Los efectos de la guerra en Siria y el norte de Irak, está provocando la destrucción por actos de guerra de sitios Patrimonio de la Humanidad: el Crac des Chevaliers (un castillo construido durante las cruzadas en los siglos XI-XIII), bombardeado por la aviación del ejército sirio; la ciudad de Aleppo, donde el asedio ha producido la destrucción de buena parte de su zoco del siglo XVII, la Mezquita y su minarete del siglo VIII o la entrada a la ciudadela, destruida en el 2012 por un ataque con misiles; los yacimientos arqueológicos expoliados por el grupo terrorista para financiar su guerra. Los seis sitios Patrimonio de la Humanidad en Siria y los doce en la lista tentativa de ser incluidos se encuentran hoy día en riesgo de destrucción.

Las fotografías tomadas por satélite muestran, por ejemplo, cómo en el parque arqueológico de la ciudad de Apamea hay más de 15.000 “agujeros” (por bombardeo) que han destruido más del 50% de su extensión. Estas exploraciones del territorio por satélite comprobaron el año pasado que más de 290 sitios han sido dañados o destruidos en la región.

Bonnie Burnham visitó Aleppo en 2010, la recuerda como una ciudad vibrante y con futuro. Allí World Monuments Fund completaba un programa de conservación de diez años de trabajo. Ha restaurado, en colaboración con la Fundación Aga Khan, una cisterna Ayubida en la ciudadela, varios cuartos del palacio Ayubide. Y se estudiaba cómo presentar el templo del Dios de la tormenta -recientemente descubierto- en su contexto original.

Grabado de 1852 sobre el descubrimiento arqueológico de Nimrud.
Grabado de 1852 sobre el descubrimiento arqueológico de Nimrud.

A pesar de todo, Burnham tiene palabras de esperanza: “No importa lo que pase, Aleppo será un enclave esencial para la reconstrucción del futuro de la región. No se sabe cuánto tardará, pero se debe planificar su reconstrucción desde ya. No será posible hacer desaparecer el terror sin instaurar esperanza. Esa es la tarea de la conservación del patrimonio cultural”.

El Programa de Monumentos, Arte y Archivos del ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial tenía el objetivo de rescatar obras de arte y otras piezas culturalmente importantes, antes de que fuesen robadas o destruidas por Adolf Hitler.

La presidenta de UNESCO, después los últimos eventos, ha pedido una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, del que España forma parte. Esperemos que esta vez las acciones de la comunidad internacional vayan más allá a los meros deseos y palabras.

 

* Pablo Longoria es Director de Proyectos de World Monuments Fund

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