la tate revisa siglo y medio de conflictos

Fotografía de guerra sin héroes ni sangre

La Tate recorre conflictos, pero no de forma cronológica ni buscando la imagen de la víctima ensangrentada, no es un retrato de las guerras

Foto: Casco de acero, tras la bomba atómica de Nagasaki, 1963, foto de Shomei Tomatsu.
Casco de acero, tras la bomba atómica de Nagasaki, 1963, foto de Shomei Tomatsu.

En una vitrina antigua donde se mezclan un botiquín polvoriento de la primera guerra mundial y unas pitilleras de los años veinte, con las fotos de sus dueños, hay cuatro imágenes que resultan muy familiares. Su colocación distraída, amontonadas entre docenas de cachivaches, hace que pasen desapercibidas. Pero las cartelas no dejan lugar a la duda: se trata de las célebres fotografías que Robert Capa tomó durante el desembarco de Normandía el 6 de junio de 1944. Lo extraordinario es que las que yacen en esta vitrina, estropeadas, mezcladas entre multitud de objetos y sin enmarcar, son las primeras copias que se positivaron, con los soldados americanos llegando a la playa. Son parte sustancial de nuestro recuerdo visual más nítido del célebre Día D. ¿Por qué están expuestas así, perdidas y amontonadas entre docenas de objetos?

El museo recorre la fotografía de guerra desde la reflexión e investigación, primando el documental sobre el fotoperiodismo más espectacular

“¿De verdad crees que son tan importantes? ¿Y todas estas imágenes de fotógrafos anónimos que están en las paredes no lo son? Todas las fotografías mienten, como miente nuestra memoria”. Este periódico le arrancó estas palabras a Timothy Prus, responsable de un misterioso espacio londinense llamado Archive of Modern Conflict, que atesora más de cuatro millones de fotografías relacionadas con la guerra. Tras 20 años de existencia, hoy puede considerarse una especie de Gabinete del Doctor Caligari, donde las fotografías se mezclan con todo tipo de objetos como los que pueden verse en el interior de la instalación A guide for the protection of the public in Peacetime, que forma parte de la muestra Conflict, time, photography, inaugurada hoy en el museo Tate Modern de Londres.

Prus es esquivo y apenas quiere hablar sobre una instalación que él mismo ha creado, utilizado fondos del mencionado archivo, un extraño pero extraordinario capricho financiado por Thompson Reuters (el magnate de la comunicación) y del que salen los cientos de imágenes y curiosidades que conforman esta pequeña metaexposición que sirve de sólido contrapunto a la muestra que la contiene. Si en A guide of protection of the public in peacetime se sugiere que la memoria es breve y selectiva y la percepción de la guerra tiene muchas caras, en la exposición de la que forma parte se busca una visión alternativa al fotorreportaje de guerra, indagando en la exploración del conflicto armado a través del paso del tiempo.

Chris Dercon, director del museo, explica que quiso montar una exposición cercana al teatro de la memoriaLa muestra, comisariada por Simon Baker, responsable de fotografía de la Tate Modern Gallery, y de Shoair Mavlian, recorre casi 150 años de conflictos, pero no de forma cronológica ni buscando la imagen de la víctima ensangrentada. “No queríamos hacer un retrato de las guerras, sino de lo que nos dice la fotografía sobre las guerras utilizando el concepto de tiempo. Esta exposición es algo cercano al teatro de la memoria” señaló el director del museo Chris Dercon durante la presentación. 

Una bomba atómica

En ese teatro de la memoria hay sitio para imágenes tomadas un instante después de la detonación de una bomba atómica, como The Mushroom Cloud (1945), de Toshio Fukada. Y cien años después de un conflicto, como en el proyecto de Chloe Dewe Mathews, que tomó fotos de los lugares donde fueron ejecutados por cobardía y deserción soldados británicos, franceses y belgas durante la Primera Guerra Mundial.

Edificio en Kabul. Simon Norfolk
Edificio en Kabul. Simon Norfolk

No faltan fotos clásicas, como Shell Shocked US Marine, esa imagen en blanco y negro de un soldado paralizado por el miedo tras haber entrado en combate por primera vez y tomada por el célebre Don McCullin, en Vietnam en 1968. También hay un montaje fotográfico hecho con imágenes de uno de los fotolibros más importantes del siglo XX: The Map, publicado por Kikuji Kawada, el 6 de agosto de 1965. En él se unían dos series de imágenes relacionadas con la Segunda Guerra Mundial: Hiroshima veinte años después de la bomba y los memoriales dedicados a los kamikazes japoneses. 

Los responsables querían que hubiera amplia presencia de mujeres ya que su perspectiva suele estar bastante alejada del retrato de la guerra como algo heroico

Muchos de los trabajos tienen firma de mujer, aunque no es una casualidad. “Queríamos que hubiera amplia presencia de mujeres ya que su perspectiva suele estar bastante alejada del trabajo que mira hacia la guerra como algo heroico, y tanto fotógrafas veteranas, como Susan Meiselas o Sophie Ristelhueber, como nuevas generaciones (Diana Matar), trabajan en el plano de la reflexión y la investigación y eso nos interesaba para el planteamiento de esta exposición”, explicó a este periódico Shoair Mavlian.

Fosas comunes

En esa búsqueda de las cicatrices que deja el conflicto estremece el proyecto de Taryn Simon, una artista que en su trabajo más reciente, A living man declared dead and other chapters I-XVIII ha recorrido el mundo para fotografiar a 18 familias víctimas de la guerra y sus descendientes. En esta muestra se exhibe el capítulo XI, formado por los retratos de los sucesores de Hans Frank, consejero personal de Hitler. Y el capítulo VII, donde se retrata el impacto de la masacre de Srebrenica sobre el árbol genealógico de una familia bosnia.

Hanoi 1994-98, de An-My Lê.
Hanoi 1994-98, de An-My Lê.
Más de 20.000 personas murieron en aquel genocidio perpetrado por tropas serbias, con Ratko Mlavic a la cabeza. Fue la mayor matanza ocurrida en tierras europeas tras la Segunda Guerra Mundial. En estos retratos los muertos a veces aparecen en forma de diente encontrado tras la matanza, o simplemente de ropa dejada atrás. Es el rastro de la guerra, que 15 años después queda marcado a fuego visualmente.  

Y aunque en España hay quien aún se resista a admitir su trascendencia, en el extranjero la apertura de fosas comunes de la Guerra Civil española a finales de la pasada década fue considerado un acontecimiento histórico que atrajo la atención, entre otros, del fotógrafo francés Luc Delahaye. El conocido reportero de guerra muestra en esta exposición una imagen, entre otras, de la exhumación de una fosa de víctimas republicanas del cementerio de San Rafael, en Málaga. Algunos de los esqueletos que aparecieron al abrirla, retratados en un plano cenital, aún estaban maniatados. Una dolorosa visión que nos recuerda que 75 años después de aquel conflicto algunas heridas aún están lejos de cicatrizar.  

Cultura
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios