radiografía de la vida en el teatro en 2014

Actores al 21%

'Amateurización', desprofesionalización, incumplimientos de convenio y trabajar prácticamente por el amor al arte. La realidad que no se ve sobre el escenario de un teatro

Foto: Ángel Ruiz da vida a Miguel Molina en el Teatro Infanta Isabel de Madrid (Daniel Pérez)
Ángel Ruiz da vida a Miguel Molina en el Teatro Infanta Isabel de Madrid (Daniel Pérez)
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1 de septiembre de 2012. El día de la subida del IVA cultural del 8 al 21%. En los primeros cuatro meses, las salas de teatro pierden más del 31% de espectadores, el 33% de recaudación y 600 puestos de trabajo directos. Dos años después, y por encima de la los fríos datos, las consecuencias de las que hablan desde el sector son más terribles: actores kleenex, amateurización de la profesión, abusos laborales, precariedad y un futuro, si todo sigue igual, en el que vislumbran la extinción.

Si siempre se ha hablado de la crisis del cine español, la medida del Gobierno está siendo la puntilla para las artes escénicas, un sector en perpetuo estado de coma. “Es vital reprofesionalizar un sector que hoy tiene casi un 80% de paro”, se queja Iñaki Guevara, secretario general de la Unión de Actores. Así es la realidad de los actores del teatro español en 2014.

“Salía a las diez y media de la noche de recibir los aplausos del público y me iba a casa. Me pintaba el ojo, me ponía un escote y me iba a poner copas hasta las siete de la mañana. Esa era y es mi realidad. De actriz a camarera”. Quien habla es Anahi Beholi, una de tantas actrices que se busca la vida en trabajos precarios, flexibles y que pueda dejar con facilidad cuando sale una oportunidad.

Combina dos trabajos en bares del centro de Madrid y en verano echa una mano a su madre en el mercadillo de Ibiza. “Te sientes actriz trabajando en lo que te gusta y para lo que te has formado pero ¿vivir de ser actor? Creo que en 10 años habrán sido cuatro meses como mucho”, analiza.

Anahi Beholi (segunda por la izquierda) en 'La increíble historia de la chica que llegó la última' (BSLG)
Anahi Beholi (segunda por la izquierda) en 'La increíble historia de la chica que llegó la última' (BSLG)

El caso de Anahi ilustra la situación que atraviesa el sector. El brillo y las alfombras rojas (o verdes) duran unas horas, pocos días y para muy pocos actores. “El espectador ve las alfombras todas las tardes en la tele pero de lo que no es consicente es de que muchos de los actores que están ahí no tienen trabajo desde hace tiempo”, ilustra Antonio Juárez, actor desde hace 18 años. Tras encadenar decenas de trabajos precarios, ha fundado su compañía Hangar Diez y hace un mes abrió un bar en Sant Boi, que también aprovecha para actuar. “Las cuentas no salen y si llegan a salir, es por el bar”, explica.

Anahi puede decir que está teniendo algo de suerte. Ha participado en la película Dos francos, 40 pesetas de Carlos Iglesias (gracias a la que pudo mantenerse tras dos lesiones ensayando una función sin estar dada de alta) y acaba de rodar La mano invisible, el debut del cortometrajista David Macián, basado en la novela de Isaac Rosa.

Salía a las diez y media de la noche de recibir los aplausos del público y me iba a casa, me pintaba el ojo, me ponía un escote y me iba a poner copas hasta las siete de la mañana. Esa era y es mi realidad. De actriz a camarera

En el teatro lleva desde 2013 con La increíble historia de la chica que llegó la última, que estuvo el año pasado en la Sala Cuarta Pared y con la que sigue de gira gracias a la Red de Teatros de la Comunidad de Madrid.  Pero, añade, “ni siquiera estando programados puedo dejar el bar. En realidad, gano más una noche en el bar que con un bolo. Es lamentable”.

Prácticamente la misma situación que describe Antonio. Es el segundo año que está de gira con su obra Cuando los tomates sabían a tomate, una función low cost con dos personas: el técnico y él. Y “no cubrimos gastos. Si es difícil llenar un teatro en Madrid o Barcelona, imagínate en otra ciudad. El bolo con el que más he ganado han sido 420 euros -hoy es una fortuna- y la obra, sin viajar ni comidas, tiene unos gastos fijos de 350 euros”, analiza.

Por amor al arte

Otro de los grandes problemas del sector es que se trabaja casi por amor al arte. Apenas hay dinero público, los teatros ya no pueden pagar los cachés y las compañías van a taquilla, con el riesgo implícito de un número de espectadores que no deja de bajar. A todo esto, hay que sumar que los convenios no se cumplen todo lo que deberían. Y lo de cobrar los ensayos o dietas es lo más cercano a una utopía.

“Todo lo que he hecho en el último año es por amor al arte. Lo único pagado fue un anuncio, el resto sin ver un céntimo. ¿Por qué? Porque no concibo mi vida sin actuar”, cuenta Úrsula Gutiérrez, actriz desde hace una década y dependienta (ahora) en una tienda en Madrid. “Las condiciones de trabajo son pésimas pero sé que cuando acaba el mes, tengo un sueldo. No hay más”.

Úrsula Gutiérrez en 'Naranjas exprimidas'
Úrsula Gutiérrez en 'Naranjas exprimidas'

Según los datos de la SGAE, el año pasado se hicieron un 4,4% funciones menos que en 2012, se perdieron 374.477 espectadores y se recaudaron 3,5 millones de euros menos. Si seguimos tirando de datos, casi el 73% de los actores no viven de su trabajo, el 55% ganan menos del SMI (645 euros) y el 65% no llega a trabajar ni tres meses como actor. Los que trabajan, prosigue el Estudio y Diagnóstico sobre la situación sociolaboral de los actores y bailarines de España de la Asociación de Artistas, Intérpretes y Sociedades de Gestión (AISGE), lo hacen en un 6% de los casos sin contrato, en un 38% presionados para aceptar condiciones por debajo del convenio, obligados a ser falsos autónomos (22%) o sin estar de alta en la Seguridad Social (23%).

La Unión de Actores confirma a El Confidencial que el 70% de los casos que lleva su asesoría jurídica se deben a incumplimientos del salario establecido por el convenio (76,37 euros por función en temporada para un actor de reparto y 102,22 para un secundario). También alertan de la proliferación de empresas que se crean para producir un único espectáculo y desaparecen antes de liquidar los sueldos de la compañía.

El 73% de los actores no viven de su trabajo, el 55% ganan menos del SMI (645 euros) y el 65% no llega a trabajar ni tres meses como actor.

El convenio colectivo del sector está ahora en plena negociación. Se firmará antes de que acabe este mes pero ya se ha acordado una congelación del salario para los actores de teatro y una bajada del 4% para los de los musicales, además de reducir los días que se considera una temporada de 21 a 7 y aumentar el radio de lo que se considera plaza en las giras. “Todo lo hemos hecho porque sabemos cuál es la situación y necesitamos potenciar las giras”, asegura Guevara.

'Cuando los tomates sabían a tomate', de Antonio Juárez
'Cuando los tomates sabían a tomate', de Antonio Juárez

La situación actual también ha degenerado en dos realidades nuevas que, además, pueden traer más de un problema a una industria ya muy tocada: la diversificación y la multiproducción. “Antes podías vivir de un montaje entre giras y funciones de temporadas, pero eso se ha acabado ya. Ahora hay que combinar dos o tres funciones a la vez para sobrevivir, con lo que lleva además de encajar calendarios para actuar”, cuenta Ángel Ruiz, actor de musicales desde años. Muchos le conocerán porque acaba de estrenar Miguel de Molina al desnudo (Teatro Infanta Isabel de Madrid hasta el 23 de diciembre), con la producción del televisivo Jorge Javier Vázquez. Pero ha pasado por exitosas producciones como The Hole o Los productores y ha trabajado, entre otros, a las órdenes de Mario Gas en FolliesAndrés Lima en Falstaff o Miguel del Arco en El inspector.

Explica Ruiz que los teatros ahora están exprimiéndose al máximo. Cinco, seis o siete funciones distintas en el mismo espacio (con lo que implica de reducción y encaje de escenografías, luces…) “para poder vivir y que les resulte solvente, porque el IVA está haciendo agonizar a todo el sector”. Basta con mirar una obra como en la que está ahora con la máxima difusión pero con actuaciones sólo un día a la semana y una gira que su protagonista describre como "modesta" y gracias a que son dos personas sobre el escenario.

Lo que peor, sigue, es que todo esto hace que la calidad que recibe el público se resienta. “Es muy peligroso, porque si ya cuesta llevar a la gente al teatro…”, deja en el aire. Además del hecho de que los ayuntamientos, con escasos recursos o deudas, cierren funciones a taquilla “está discriminando mucho y mermando las posibilidades de hacer otro tipo de teatro”.

El trabajo se ha convertido en una suerte y no en un derecho

Asegura que es de los que no se puede quejar. “Gran parte de mis compañeros están en paro. Yo soy de los que tenemos la suerte de trabajar, porque el trabajo se ha convertido en una suerte y no en un derecho”, dice. Para el resto de sus compañeros una de las pocas alternativas es la autoproducción, con el hándicap de actores con dos o tres empleos. “Lo que se mueve ahora se hace, sobre todo, por trueque", explica Úrsula. Así estrena el 27 de noviembre en Lavapiés Supergaláctica, un espectáculo infantil que la compañía hace gratis a cambio del espacio donde ha ensayado. 

Para poder actuar, garantiza, ha reducido su jornada en la tienda y se ha mudado con su chico a un piso más pequeño. Los ingresos son los que son. “Intentaremos vender la obra a taquilla, por supuesto, y a salas pequeñas” que es donde se puede hacer algo, explica. Pero, continúa, “el panorama es desolador. Se ha desprofesionalizado el sector en el sentido de que no tenemos derechos laborales, hay poco apoyo, te buscas la vida pero sin alta en la Seguridad Social, cobrando menos… Hay muy poca industria. Somos muchos actores y muchos representantes pero cero industria”.

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