Español para extranjeros... con dos huevos
  1. Cultura
repaso gráfico a las expresiones más castizas

Español para extranjeros... con dos huevos

El ilustrador David Sánchez (Madrid, 1977) ha tomado al pie de la letra las expresiones que le proponía la filóloga y editora Héloïse Guerrier (Francia, 1981)

El ilustrador David Sánchez (Madrid, 1977) se ha tomado al pie de la letra las expresiones que le proponía la filóloga y editora Héloïse Guerrier (Francia, 1981) y el resultado es un glosario de expresiones populares ilustradas de manera literal. El origen de este hilarante producto, Con dos huevos (Astiberri), son las aventuras de Guerrier mientras aprende nuestro idioma… y sus cosas. Recién llegada de Francia encajaba como podía expresiones del tipo “una mierda pinchada en un palo”, “el coño de la Bernarda”, “tener una empanada mental”…

Aquellos chispazos absurdos que saltaban en la imaginación de la editora francesa los ha pasado a limpio Sánchez y la combinación de modismos con imágenes resulta una bomba contra lo políticamente correcto. Surrealistas, escatológicas, absurdas y tan cotidianas que han perdido su literalidad. Afortunadamente. Los españoles han hecho del sentido figurado algo transparente, invisible. Pero cómo dibujar “estar metido en el ajo”, cómo reproducir esa imagen para entender su significado.

Fiel a un espíritu didáctico y enciclopédico, cada alocución está acompañada por un breve apunte etimológico para desvelar el sentido de expresiones muy populares con definiciones cultas. Han traducido al inglés y al francés las fórmulas más castizas para aclarar de una vez por todas a nuestros visitantes que “estar como una regadera” es “he's as mad as a hatter” o “il est taré”; que “vérsele a uno el plumero” es “see his true colors” o “on le voit venir”; que “mandar a freír espárragos” es “get lost” y “l’envoyer balader”; y “joder la marrana”, “fuck about”, “emmerder”.


Ni una gota de humor...

“Hay expresiones que no pude ilustrar”, reconoce David Sánchez. Es el caso de “no tengo el chichi para farolillos”. A Héloïse le gustaba mucho, pero a Sánchez le resultaba imposible ser literal y que se comprendiera. Han dividido las casi 50 locuciones en varias categorías que se repiten en todas, como las labores domésticas, los animales, el sexo, la comida, la anatomía o la escatología.

El ilustrador reconoce que si el resultado es gracioso es por el contraste, no porque haya tratado de serlo. “No soy un humorista, no tengo gracia”, dice. La gracia de este libro está en la literalidad, en volver imagen la lengua española más callejera. La actualidad de alguna de ellas sorprende al comprobar sus orígenes. Por ejemplo, “montar un pollo” procede –tal y como se puede leer en este diccionario de lo usual e incorrecto– de la palabra poyo, un banco de piedra arrimado a la pared junto a la puerta de las casas de los pueblos, en el siglo XIX.

“El coño de la Bernarda” alude a situaciones de desorden o confusión, cuya procedencia, según la leyenda, era una santera y curandera que, al tocarse el sexo, se lograban curaciones o mejores cosechas, lo que convulsionó a la Iglesia. Al desenterrarla, se observó que su vagina permanecía intacta. Ay, si bastara con una pasadita…