dejó su trabajo para coordinar la campaña

Jorge Lago, el editor que movió el mensaje de Podemos pueblo a pueblo

Antes de cruzar España en coche coordinando la campaña de Podemos tuvo que abandonar por unas semanas su tarea como editor de ensayo y socio de

Foto: Jorge Lago, ayer en el centro de Madrid. (P.H.R.)
Jorge Lago, ayer en el centro de Madrid. (P.H.R.)
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    Antes de meterse en su coche para coordinar la campaña de Podemos, pueblo a pueblo, a lo largo y ancho de la España profunda, abandonó su tarea como editor de ensayo en Lengua de Trapo. A su socio Fernando Varela debió darle un patatús. Ellos son los actuales propietarios de una empresa que fundó Pote Huerta, en 1995, “con la finalidad de ser una editorial independiente”. No andan las cosas como para olvidarse por un tiempo de sus autores, de sus labores y de sus cuentas. Pero Jorge Lago lo ha hecho. Primero formó el grupo de cultura y luego fue la avanzadilla a dos furgonetas, una transportaba escenario y megafonía; otra, a los políticos ¿o son activistas? Las cosas han cambiado tanto que es difícil no confundirse con la vieja cháchara política. Aunque nuestro protagonista, escritor y sociólogo, ha echado cientos de horas y miles de kilómetros, siguiendo al disputado voto del señor Cayo, rebañando cada esquina hasta redondear el millón doscientos mil fieles. Sólo les ha faltado tocar Galicia y Euskadi.

    Y a pesar de haber pelado asiento y volante por las secundarias, las cosas ya no son como las contaba Delibes cuando dibujó a aquellos jóvenes de pana y megáfono en el techo del coche, que anunciaban la buena nueva. La democracia parece haberse estropeado (un poco) y necesitaba de alguien que volviera a pasearla por la ruta. Lago recuerda abrazos, ánimos, invitaciones en los bares. Bienvenidas. Las nuevas fórmulas convocan a los vecinos a través de las redes sociales, Facebook y Twitter han sido sus mejores compañeros de viaje, preparándoles el terreno. Cuando acaba la entrevista, Lago mira su teléfono y se encuentra once llamadas perdidas y 195 mensajes sin leer de los varios grupos de Whatsapp de las delegaciones de Podemos. Esto se ha desbordado. Sus escritores no están muy contentos con las nuevas labores de su editor.

    A la televisión puedes ir, no tener ningún contenido y no vender nada. Y puedes ir con un mensaje, que engarza con una mayoría social

    P. En su mundo todo se polariza y las editoriales y agencias literarias tienden a concentrarse cada vez más, restringiendo el negocio… ¿no es algo muy diferente a lo que sucedió el domingo pasado?

    R. Las grandes empresas editoriales están leyendo la coyuntura a corto plazo: ante la pérdida de lectores no se analiza más allá del poder adquisitivo. Pero, ¿qué está pasando con los contenidos? Es algo en lo que no trabajan. Se están convirtiendo a los editores en comerciales. Eso ayuda en la pérdida de lectores. Además, frente a un problema de gigantismo se está echando más gasolina al fuego. Es decir, Planeta, una empresa inmensa, con inmensos gastos, camina hacia empresas más grandes y reduciendo sólo a través del despido.

    P. ¿A qué se refiere con la política del contenido? Pero parece que hoy todo producto se justifica en la televisión, todo lo que muestra lo convierte en éxito…

    R. A la televisión puedes ir, no tener ningún contenido y no vender nada. Y puedes ir con un mensaje, que engarza con una mayoría social que está necesitando que ese discurso se articule y que funcione. La televisión por sí misma no vende más o menos, no genera un lector o un votante.

    P. Imagino que se refiere a Belén Esteban. Pero, ¿qué ofrece la edición independiente como solución a estos problemas?

    R. La empresa independiente tiene una conexión potencial con su lector mucho más directa, con una venta media más estable, sin esas grandes sorpresas, en las que vendes 100.000 o 1.000 ejemplares. Los independientes tenemos más estabilidad.

    Cuando haces un producto muy malo, cuando no se define de otros productos, ya sean culturales o no, qué más da comprar un libro que un libro de recetas de una presentadora

    P. ¿Cómo es la relación de las grandes empresas con sus lectores?

    R. No han generado lectores, los han destruido. Cuando haces un producto muy malo, cuando no se define de otros productos, ya sean culturales o no, qué más da comprar un libro que un libro de recetas de una presentadora. Si la lectura ya no se diferencia de otros productos, lo que haces es destruir tu producto cultural.

    P. Me da la impresión de que no sólo hablamos de cultura. Ahora que hablamos de compras y fusiones, ¿comparte la visión del agente literario Andrew Wylie contra Amazon?

    R. Como usuario, Amazon es imbatible. Pero, ¿es imbatible por naturaleza, por condición meteorológica o los libreros no han montado una alternativa para hacerle frente? Es curioso ver a empresas que piden regulación para impedir que otras empresas les hagan la competencia, sin tener una estrategia empresarial para combatirlo. También dudo de que Amazon sea combatible, por su magnitud, pero no se creó ninguna plataforma para ponerle las cosas difíciles a Amazon.

    P. ¿Quiere decir que el propio sector ha convertido en hegemónico a Amazon?

    R. No exclusivamente. A ello hay que sumarle un régimen de condiciones laborales precapitalistas. Tenemos que estar en contra de eso. Por no hablar que no paga los impuestos en España. Como miembro de este gremio creo que les hemos dejado el terreno libre. El discurso contra Amazon es muy inmovilista. Se puede legislar en los terrenos laborales y fiscales, pero ¿en base a qué vas a impedir que Amazon te ponga un libro en dos días en tu casa?

    P. ¿Y los libreros?

    R. A mí me importa quién me vende el libro, porque Amazon no prescribe. No se lee los libros que vende y un librero que conoce lo que vende, sabe qué es Lengua de Trapo y puede hablar de su catálogo. El criterio del librero es el que manda en una librería, en Amazon no.

    La cultura politizada de las subvenciones se ha agotado: Podemos tiene una labor fundamental para dar voz y transformar procesos culturales desde abajoP. También se está cuestionando la vigencia de la ley del precio fijo del libro, ¿por qué es importante esta norma?

    R. Es una medida fundamental para competir en un régimen de igualdad. Si el precio del libro se baja al libre albedrío, toda la estructura se desmorona y las pequeñas editoriales desaparecemos. No tenemos márgenes en el precio, nos esfumaríamos. Sin una producción cultural independiente no habría best sellers porque, probablemente, no se leería lo suficiente como para hacer un producto de masas. Es más, si no hay creación de vanguardia, no hay creación mainstream. Porque ésta es una copia y adapta a la otra.

    P. Esa diversidad cultural recuerda a la diversidad política y a los resultados de Podemos en las urnas.

    R. Podemos ha demostrado que había una forma distinta de hacer política, que encajaba con un deseo social mayoritario sin traducción política. Hay una mayoría que está en contra de la corrupción y en contra de la política que pacta en contra de la ciudadanía y sin transparencia. Ha aparecido una formación política que ha dado voz a algo que ya existía y la ha traducido en términos políticos. Ha erosionado la desafección política que tanto interesa a los partidos del régimen. Cuanta mayor desafección política haya, mayores posibilidades tienen de mantenerse en las estructuras del poder.

    P. ¿Cómo traducirá el mensaje a la ciudadanía un grupo con un discurso intelectualmente superior al resto de los partidos?

    R. No estamos por encima de la media nacional, lo que está muy por debajo son los políticos de los partidos del régimen. Trataban como idiotas a la ciudadanía. Es cierto que hay un grupo muy formado, con profesores de universidad, filósofos, editores, etc, pero también hay fontaneros y electricistas. El discurso se configura de manera colectiva. Por eso no existe el riesgo de separación con la mayoría social, porque lo creamos desde el reflejo de las mayorías sociales.

    Lo interesante es el método, no el contenido. Lo importante es cómo se articula el discurso y cómo se hace llegar

    P. ¿Cuál es la fórmula?

    R. Lo interesante es el método, no el contenido. Lo importante es cómo se articula el discurso y cómo se hace llegar. Si es un método abierto, en el que el discurso se construye de manera abierta, donde las elecciones son primarias, donde la participación política está abierta y no se piden carnés, no hay riesgo de separación con lo social, porque eres un laboratorio de unidad popular. Se trata de fraguar un discurso en el consenso popular, con categorías que todo el mundo pueda comprender.

    P. ¿Qué aporta un editor a una campaña política?

    R. Como editor no he aportado nada. Como militante, aunque no me gusta nada esa palabra, prefiero “activista”, la ilusión y mis lecturas. He corregido textos, editado… Todos hemos aportado en tanto que ciudadano, al margen de nuestras profesiones.

    P. Hemos hablado del choque entre grandes grupos y pequeños, en el mundo editorial y en el político, pero ¿qué papel jugará la cultura en Podemos?

    R. Es fundamental, porque Podemos no se ha propuesto como partido político, sino como agregación ciudadana, que estamos articulando en estos momentos. Tampoco quiere ocupar un espacio ideológico, sino que ha procurado conectar con una mayoría social. No hablamos tanto de una transformación política como de una transformación sociocultural. Se han roto los conceptos del 78 y toca una regeneración el espacio político y cultural.

    P. ¿Cuál es el fallo de la política cultural que se ha mantenido?

    R. Creo que el modelo de cultura subvencionada ha sido un modelo que ha creado una hegemonía desde arriba, sin atender a lo que surge, sin crear espacios para que lo nuevo tenga la posibilidad de visibilidad. Pero esta cultura politizada se ha agotado: Podemos tiene una labor fundamental para dar voz y transformar procesos culturales desde abajo.

    Estábamos en un modelo que o bien se generaba completamente al margen del Estado (mercantil) o a través de un modelo de subvención dirigista. Se trata de encontrar un modelo que permita la autonomía cultural y no una politización interesada de lo cultural. Pero Podemos todavía tiene que reflexionar de manera colectiva sobre esto.

    Hay una producción cultural cada vez más autónoma del modelo de subvención pública y privada. También a través del consumo gratis de las descargas, que sin duda habrá que regular para remunerar a quien los produce

    P. Entiendo que no se ha hecho.

    R. Se está haciendo, pero nos hemos presentado a unas elecciones europeas donde lo cultural no es el vértice.

    P. ¿Qué puede hacer la cultura por la sociedad?

    R. Hay un paralelismo exagerado entre la casta política y la casta cultural. Se ha generado a través del modelo de subvención una imagen de que los creadores culturales forman parte de una élite encerrada en sí misma, desconectada de lo social, que habla pocas veces de los procesos sociales y más desde los refinados procesos íntimos y del yo. Lejos de lo social, aislándose en una élite. Ese modelo de cultura está abocado al fracaso y necesita ser transformado. La cultura debe confundirse con los procesos sociales, debe darles un relato alternativo al relato oficial desde esa casta cultural.

    P. ¿Cómo puede controlar un partido político el proceso cultural?

    R. No lo va a controlar, simplemente seremos expresión de lo cultural. Hay una producción cultural cada vez más autónoma de ese modelo de subvención pública y privada, a través de la literatura, el cine, la música independiente, de espacios de creación y acción cultural. También a través del consumo gratis de las descargas, que sin duda habrá que regular para remunerar a quien los produce. Todo eso está sucediendo, no vamos a crear nada. 

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