menéndez salmón publica 'niños en el tiempo'

"Si me pagaran 30.000 euros por escribir la biografía de Messi, la haría"

Ricardo Menéndez Salmón_Niños en el tiempo     

Foto: El escritor Ricardo Menéndez Salmón. (Efe)
El escritor Ricardo Menéndez Salmón. (Efe)

El autor está en pijama, se despereza sobre su cama. La habitación es una pequeña leonera. La mesilla cargada de libros. Y se le aparece Jesús en llamas. “Bello y cristalino como los maestros italianos lo retrataron”. El ser flameante se dirige al escritor. Le pregunta por el libro que está escribiendo. Jesús se queja porque no le ha dado una mujer y un hijo en esa novela suya. El autor responde que al menos le ha dado una infancia. Algo que hasta el momento se desconocía.

Entonces Jesús cambia de tema, pero demuestra que no se le ha aparecido en sueños para regalarle compasión. Ahora se lamenta de que su aparición estelar ha sido breve. Hasta los cinco años de edad. El escritor le chulea y le suelta que a él le ha parecido infinito y que nunca ha escrito un libro tan difícil. Jesús intenta buscar un punto a su favor y le insinúa que algo habrá sacado en provecho, que al menos le habrá sentado bien hacerlo. Pero el escritor no está dispuesto a concederle ni un milímetro de indulgencia y le explica que lo duda porque no cree que la literatura sea algo que tenga que ver con la felicidad o con el bienestar.

“Supongo que es algo que hay que hacer porque no queda otro remedio. Como respirar o comer. Si no respiras, mueres; si no comer, mueres. Hay personas, sólo unas pocas en realidad, que si no escriben, mueren”. Jesús ya tiene lo que había venido a buscar: “Entonces te he salvado la vida”, ríe el aparecido. El escritor da su brazo a torcer y le reconoce que, probablemente, haya sido su mejor milagro. Y se desvanece.

La escena corresponde al segundo capítulo de tres, incluido en la nueva novela de Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971), Niños en el tiempo (Seix Barral), en la que el escritor recrea la destrucción de una pareja tras la muerte de su hijo, la infancia inédita de Jesús y la vuelta a la esperanza de una mujer desorientada. Como ya se habrán imaginado, el autor se cuela con el libro en uno de los grandes temas universales: la infancia, y se suma a una lista de notables con J. M. Coetzee, Pilar Bonnett, Sergio del Molino, Marta Sanz o Jesús Carrasco.

Niños en el tiempo es una lectura emotiva y honda, dramática y perturbadora. Es un texto cien por cien marca RMS, pero con nuevos guiños: tiene cuerpo de relato y alma de novela. Es decir, el autor se arriesga y se entrega –por primera vez- al desenlace sorprendente en las diez últimas páginas. Nunca antes trató una vieja historia con nuevos modos. Explica a El Confidencial –en el que ejerce labores de crítico literario- que su miedo era “la costura y el truco”.

Reconoce que se pensó mucho introducir las dos apariciones alucinatorias de Jesús ante el novelista, pero el cuadro, además de ser uno de los contados momentos de humor, le permite al asturiano lanzar el corazón de la historia: la literatura como libertad y reconciliación con la vida. En presencia de Jesús, el novelista piensa que la literatura es otra forma de religión, “otra práctica supersticiosa mediante la que se combatía a la muerte con un arma fantasmagórica: la palabra”.

“Otros tenían sus ritos, su misterio encarnado; él tenía su tabernáculo de papel, un lugar en el que ningún cadáver se pudría por los siglos de los siglos, pero al cual también acudían peregrinos de todo el mundo”. El novelista también piensa en ese momento, ante Jesús, en la insignificancia de su biblioteca, repleta de libros que reflexionan sobre el sentido de la literatura. Por qué se escribe, para qué, cuál es la finalidad de todo ese esfuerzo ingrato. “Son libros inútiles y a la vez profundos. Todos esconden un punto de verdad, pero ninguno es la verdad”.

Ricardo Menéndez Salmón. (Efe)
Ricardo Menéndez Salmón. (Efe)

La excelencia del libro no basta para colmar las expectativas que hay sobre el autor, poco menos que la cabeza sobresaliente de una de las mejores generaciones literarias que ha dado este país. El esfuerzo por la exactitud de las imágenes, por hacer que las palabras parezcan de mármol pero pesen menos que la lluvia –como dice Beda el Venerable, recuperado por Ricardo-, por ahondar en la intimidad con el pozo del lenguaje, por llegar al hueso “para desnudar lo que había sucedido”. Esa es la intención de la primera parte de la novela, La herida. A la que sigue La cicatriz y culmina con La piel. Es decir, la muerte de un hijo, la infancia de un niño y el germen de un nonato. De lo más cruel a lo más esperanzador. Así es este libro.

La gran novela europea

Hace años que el escritor anunció la creación de una gran novela europea en la que se contaría el siglo XX, pero termina siendo desplazada por nuevos títulos. “A pesar de que Niños en el tiempo es un libro sólido, insólito y audaz, en el que el autor experimenta y no se duerme en los laureles, creo que no es el libro que muchos esperaban. Esta es una obra nacida de la necesidad práctica de publicar y de tener unos ingresos humildes para sobrevivir otro año más. Ahora mismo tengo que plantearme así la literatura”, cuenta Ricardo sobre las condiciones por las que atraviesa. “He barajado la posibilidad de aceptar libros de encargo. Si me dieran 30.000 euros por escribir la biografía de Messi, la escribo y que luego la firme el padre de Messi”. 

Alemania al rescate de la cultura española: el autor ha logrado una beca de once meses, con alojamiento y salario para escribir un gran proyecto a su medida. Una gran novela europeaLas condiciones económicas pesan sobre los resultados de los escritores. ¿Se puede escribir la gran novela europea en un país como el nuestro, en un momento como éste? “Para enfrentarte a ese reto necesitas unas condiciones económicas que favorezcan la escritura”, dice. “Si tuviera una vida económica más relajada, mi premura a la hora de publicar sería distinta. Es decir, por primera vez soy consciente de que las condiciones materiales del autor condicionan su proyecto estético”.

El milagro ha sucedido: ha obtenido una beca de once meses para trabajar sin apuros en ese gran proyecto. Incluye alojamiento y salario. ¿España? Rotundamente, no. Alemania, al rescate. Mientras come cuenta lo importante que va a ser esta ayuda para su obra. Es más, reconoce que ha llegado el momento de acercarse a la realidad de su país y de la descomposición de un sistema.

Dice que quizá sea cosa de la edad o de la situación social de España, pero que, sea lo que sea, le apetece mucho. Ahora habla de su futuro y recupera la energía. Avanza que ha empezado a escribir, que tiene notas de una novela contaminada por el momento, que será extraña y perversa. Sus primeros pasos recuerdan al Desierto de los tártaros (1940), de Dino Buzzati (1906-1972).

Toca política

“Será una novela abiertamente política, con cierto tono de utopía. Es un archipiélago, custodiado por un guardián que observa el mar y toma nota de lo que viene. Nos informa de una nueva Historia que está por llegar y no sabemos qué es”, comenta.   

El que está por venir será un libro en el que Menéndez Salmón se jugará todo lo que no tiene. Un paso decisivo en su trayectoria, en el que no contará con la ayuda de sus mayores. Nunca lo han hecho, ni por él ni por otros dos autores que nombra y admira, Marta Sanz e Isaac Rosa. Se queja de una generación que no quiere saber nada de sus sucesores. Detrás de ellos, tierra quemada.

Ricardo Menéndez Salmón asegura que su próxima novela será abiertamente política, con cierto tono de utopía y hablará del fallo del sistema capitalista“Hay un hiato tremendo entre quienes forman el canon y los novelistas que hacen cosas interesantes. Debería haber un debate entre ellos y nosotros. Sobre todo teniendo en cuenta que esa generación estuvo apoyada por una generación –la de los cincuenta- que procedía de una España muy jodida y, aún así, tuvo la generosidad de abrir el campo. No he visto a ninguno de ellos defender una novela de Marta Sanz”, dice.

Tiene cuarenta y dos años y mira al mejor ejemplo de escritor de este país, Rafael Chirbes (Valencia, 1949): “A lo mejor hay que aceptar su recorrido y esperar a los sesenta años para lograr el reconocimiento y que hagan una serie de televisión con tus novelas para que la gente descubra monumentos como La buena letra, La larga marcha… Tenemos un señor que no desmerece a los grandes escritores del siglo, con un proyecto estético y ético de primer orden”. Todo apunta a la resignación.

Quién sabe. Quizá uno descubre, después de haber conquistado la paz social, que se escribe mejor contra la vida que a favor. En este caso, en este libro, el gran hallazgo es la infancia de Jesús. Un capítulo breve, que deja con la miel en los labios, y que el autor reconoce haber sido atraído por Jesús como personaje de novela. “El Nuevo Testamento es una novela posmoderna: hay muchos narradores, muchos puntos de vista, es un relato de relatos que se ha sacralizado”, explica.

Y por encima de todo esa infancia oculta. Desde luego no es un acercamiento religioso, de hecho los magos que llegan a adorar al niño recién nacido tienen trazas de quinquis. Es un personaje humanizado. Es necesario no desvelar qué pinta esta vida en medio de este libro. Nos limitamos a asegurar que era necesario. Tanto como hacer comprender al lector que el dolor puede convertirse en belleza para que alguien saque provecho de ella

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