EL MINISTERIO ACLARA CUÁLES SON LAS INTENCIONES Y LAS CONDICIONES DE SU INVERSIÓN

Cultura deja a Amazon fuera del futuro de las bibliotecas digitales

Es un pequeño paso para el libro electrónico, pero un gran salto para la lectura digital. El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, como adelantó este

Foto: Cultura deja a Amazon fuera del futuro de las bibliotecas digitales
Cultura deja a Amazon fuera del futuro de las bibliotecas digitales

Es un pequeño paso para el libro electrónico, pero un gran salto para la lectura digital. El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, como adelantó este periódico, invertirá más de dos millones de euros para que las bibliotecas entren en el siglo XXI. El concurso público se ejecutará a favor de la empresa que presente una plataforma tecnológica, y dote de contenido a la misma, para mantener una oferta de préstamo digital al que puedan tener acceso todos los ciudadanos usuarios de cualquier biblioteca pública.

El paso a los contenidos será a través de un portal en internet, accesible las 24 horas al día, siete días a la semana, desde cualquier ubicación que permita la descarga de sus contenidos o su uso en streaming. La intención es que el servicio esté en marcha a principios de 2014, según han aclarado los representantes del Ministerio a El Confidencial, con una dotación básica de más de 200.000 ejemplares o licencias de títulos agrupados en siete grupos, desde la ficción para público adulto e infantil a la salud e idiomas.

Es una inversión que tendrán que continuar y alimentar con la compra de nuevas licencias las comunidades autónomas, que son quienes tienen las competencias sobre las bibliotecas. Alejandro Carrión es el jefe de área de planificación de bibliotecas del Ministerio de Cultura, y aclara a este periódico que este servicio es libre y gratuito para toda aquella persona que cuente con una tarjeta de usuario de cualquier biblioteca pública. “Una vez dentro de la página web encontrará el catálogo de libros disponibles en su comunidad autónoma. Los títulos del catálogo se podrán descargar en smartphones, tabletas, ordenadores, ereaders, cualquier dispositivo para que el acceso pueda ser abierto”, añade.

Adiós al Kindle

Eso quiere decir que el Kindle de Amazon se queda fuera de la jugada. “Es que el Kindle plantea muchos problemas, porque se van a utilizar sistemas que permitan acceso a los dispositivos comunes, con archivos en PDF y en EPUB. Es decir, un formato casi estándar. A partir de esos dos formatos se podrán consultar desde un IPAD a un Android”, explica Carrión. Las bases del concurso especifican la pretensión de llegar a cuantos más lectores, es decir, que los lectores esclavos propuestos por el dispositivo del gigante de la distribución no estará en los planes de futuro de las bibliotecas digitales españolas.

Esta decisión está en la línea de las posturas tomadas recientemente por los gobiernos franceses y británicos a favor de limitar la red de influencia de la multinacional, a pesar de que España es, hoy por hoy, territorio Kindle en ventas. La medida también deja en entredicho a la Casa del Lector, que dirige el exministro de Cultura César Antonio Molina, proyecto de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, en Matadero de Madrid, que hace unas semanas llegó a un acuerdo precisamente con Amazon para montar un espacio para los lectores… de Kindle.

El responsable de las bibliotecas en la Secretaría de Estado de Cultura reconoce que las tres plataformas que están funcionando en el mercado español en la actualidad son ODILO (del Instituto Cervantes), XERCODE e I-BIBLIO (de Libranda), y que es esta última la que cuenta con un catálogo más completo de novedades, casi 14.000 títulos. Sin embargo, advierte que no es un concurso reservado a empresas españolas, que “cualquier empresa puede ofertar contenido y plataforma, incluso, podría haber alianzas entre plataformas digitales y editoriales”.  Insiste en que es un proceso neutral e internacional.

Contenidos de calidad y consumo legal

Desde el Ministerio se asegura que a pesar de que el proyecto se incorpora en este momento, la primera reunión se mantuvo hace tres años, pero que no se ha podido poner en marcha porque no existía la oportunidad. Es decir, que en España las editoriales han tardado tanto en entender –si es que lo damos por asumido- que el negocio digital era un recurso para crecer no para temer, que no se ha podido plantear una biblioteca en condiciones porque es ahora y sólo ahora cuando un centro de este tipo podría tener una oferta múltiple de las novedades digitales que las editoriales distribuyen en papel.

Está bien claro: si ofreces un catálogo de obras clásicas libres de derechos que, por estrategia comercial, se incluyen en el propio ereader o en catálogos de otras instituciones, el atractivo desaparece al instante. Pero si hay una intención de disponer de novedades, el éxito está garantizado: “El gran mérito del proyecto es que va a trabajar con materiales de plena actualidad, con libros de novedad y que se prevé con esta compra de licencias actualizar durante todo el año”.

“El mercado de la edición impresa baja y crece el libro digital, eso quiere decir que los lectores cada vez quieren más al este último. Es decir, que con esta inversión nos aproximamos a los hábitos de consumo y lectura de los ciudadanos. Además, de esta manera acostumbraremos al lector a hacer un uso legítimo de los contenidos, porque son servicios gratuitos pero legales. Los paga el Ministerio y las comunidades y el lector entenderá que es posible leer gratis de manera legal”, explica Alejandro Carrión.

Dudas en el camino

Todo lleva color rosa, pero habrá que esperar a que el proyecto funcione, sea atractivo y tenga muchos lectores para que el Ministerio de Cultura siga apostando en él, tal y como aclaran desde el mismo. “Dependiendo de las posibilidades económicas y de los resultados se seguirá invirtiendo en el proyecto. En este momento de crisis hay que compartir y el hecho de crear un servicio y de comprobar que tiene demanda animará al todas las comunidades a seguir actualizado su catálogo de ofertas”, dice el representante de las bibliotecas en el Ministerio, que asegura que no existe una iniciativa como esta en toda Europa dado el alcance de población al que puede llegar a atender este nuevo servicio.

Será una gran biblioteca en la nube, aunque no pretende hacerle sombra a las bibliotecas de papel. O eso dicen. Por eso prefieren llamarla sucursal más que biblioteca. Prefieren que se entienda como un apoyo en las actividades presenciales, que ayudará a dinamizar los hábitos de la lectura, y que en este momento estudian cómo se integrará con las bibliotecas de papel: “No se quiere crear algo lejano a la biblioteca física, sino algo cercano y que potencie a la lectura”. Sólo hay un problema: el librero, que vivía de las ventas a las bibliotecas, ¿queda en la cuneta?

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