Es noticia
Menú
En la literatura no hay extraños
  1. Cultura
EXTRACTOS DEL DISCURSO DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA EN EL PREMIO JERUSALÉN

En la literatura no hay extraños

El pasado 10 de febrero Antonio Muñoz Molina recibió el galardón literario de la Feria Internacional del Libro de Jerusalén, que se celebra desde 1963. Fue

Foto: En la literatura no hay extraños
En la literatura no hay extraños

El pasado 10 de febrero Antonio Muñoz Molina recibió el galardón literario de la Feria Internacional del Libro de Jerusalén, que se celebra desde 1963. Fue acusado de cómplice de la ocupación al aceptar el premio por la campaña Boicot, Desinversión y Sanciones (DBS) en la que figuraban las firmas de autores como Stéphane Hessel, Luis García Montero, Ken Loach o Alice Walker. En su discurso atacó cualquier tipo de intolerancia, elogió la soledad y el silencio de la escritura y la lectura, y mencionó a Quevedo, Vasily Grossman, Emily Dickinson, Miguel de Cervantes, Victor Klemperer, Joan Didion, Michel de Montaigne, Spìnoza, Virginia Woolf, Anne Frank, Cyril Connor, Flannery O’connor y David Grossman. Todos ellos aludidos por practicar la buena escritura, esa que “habla bajito y no alza su voz”.

Defensora de la diferencia

“Ideologías y religiones fijan identidades y dividen a las personas mediante líneas infranqueables: cristiano, musulmán, judío, hispano, blanco, negro, salvado, condenado, ortodoxo, hereje, nuestro, suyo, amigo, enemigo. Tanto a los fanáticos creyentes como a los políticos oportunistas les gusta alimentar –y alimentarse- de lo que David Grossman ha llamado “los prejuicios, las ansiedades mitológicas en las que nos capturamos a nosotros mismos y atrapamos a nuestros enemigos”. Lo que la buena escritura refuerza es exactamente lo contrario. Leyendo literatura he aprendido a sospechar de todas las certidumbres y a apreciar los matices y las ambigüedades, las diferencias menores, las afinidades ocultas, lo similar que permanece bajo la superficie de lo extraño, lo misterioso detrás de lo familiar”.

Literatura contra el fanatismo

“Tanto Montaigne como Dickinson fueron niños privilegiados y el número de sus lectores fue severamente limitado por el simple hecho de que la inmensa mayoría de sus contemporáneos nunca tuvieron la oportunidad de poner un pie en un colegio. La literatura es gente que escribe y gente que lee, pero también es padres y profesores que transmitan a los niños las herramientas para aprender y escribir y el amor por la palabra hablada y escrita, escuelas públicas para aquellos que no pueden costear la educación privada, librerías públicas abiertas a todo el mundo. La literatura no puede desarrollar todos los potenciales de su premisa sin una atmósfera pública de discurso libre y respeto por las diferencias de religión y opinión, sin una medida de justicia y paz social”.

Contra la fama

“No deberíamos ceder al confort de la celebridad póstuma para reafirmar que a largo plazo hay algún tipo de inevitable justicia literaria. Los visitantes ominosos pueden llamar a la puerta de la habitación donde tiene lugar la escritura y la lectura. El sistema soviético cayó casi de la noche a la mañana y Vasily Grossman ha ocupado el lugar que merece entre los mejores escritores del pasado siglo. Pero murió enfermo y amargado, convencido de que su gran novela, el manuscrito e incluso la cinta de la máquina de escribir arrebatada por la KGB se habían perdido sin rastro. Anne Frank murió en Auschwitz y la posteridad de su diario no alivió o acortó un segundo su tormento”.

Un encuentro inmortal

“Millones de personas, un pequeño número de escritores entre ellos, son asesinados cada día, y sufren injusticia, pobreza, represión política, ocupación militar, fanatismo religioso. La escritura es al mismo tiempo un oficio y un don, pero hace falta más que inspiración y trabajo duro para terminar un libro y esa adorada habitación propia en la que las soledades paralelas del escritor y el lector se juntan, donde los extraños se encuentran y las voces de los muertos se escuchan claramente, la mera existencia de esa habitación implica un privilegio que lamentablemente está fuera del alcance, es incluso impensable, para la mayoría de los que disfrutarían del santuario”.

En la literatura no hay extraños 

“Lo que un escritor hace es escribir, palabra a palabra, una frase cada vez. En soledad y en silencio como un artesano, sentado durante horas en su escritorio y esperando terminar su trabajo, que será publicado y encontrará lectores que lo lleven consigo durante un tiempo y dejen que se funda con sus memorias y su imaginación. Algo perfectamente común. Puedes ver cómo sucede cada día en el autobús, en el metro, en la playa. Alguien completamente perdido durante minutos en un libro, en un artículo, algunas veces sonríe distraído del mundo exterior. Eso es la literatura. Me alegra de que este sea mi trabajo […] Gracias por este premio con el que me habéis honrado, gracias a los lectores que han encontrado algo sobre ellos en mis libros, incluso aunque fueran escritos por un total extraño de un país lejano y en una lengua que no es la suya”. 

El pasado 10 de febrero Antonio Muñoz Molina recibió el galardón literario de la Feria Internacional del Libro de Jerusalén, que se celebra desde 1963. Fue acusado de cómplice de la ocupación al aceptar el premio por la campaña Boicot, Desinversión y Sanciones (DBS) en la que figuraban las firmas de autores como Stéphane Hessel, Luis García Montero, Ken Loach o Alice Walker. En su discurso atacó cualquier tipo de intolerancia, elogió la soledad y el silencio de la escritura y la lectura, y mencionó a Quevedo, Vasily Grossman, Emily Dickinson, Miguel de Cervantes, Victor Klemperer, Joan Didion, Michel de Montaigne, Spìnoza, Virginia Woolf, Anne Frank, Cyril Connor, Flannery O’connor y David Grossman. Todos ellos aludidos por practicar la buena escritura, esa que “habla bajito y no alza su voz”.