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Arco pierde color
  1. Cultura
LA FERIA ABANDONA LA TRANSGRESIÓN Y GANA EN AUSTERIDAD

Arco pierde color

“Esto es para cerrar la galería”, grita una señora, evidentemente molesta, mientras fotografía la controvertida esvástica farmacéutica del artista Yann Leto. El título Pharmacy Laws hace

“Esto es para cerrar la galería”, grita una señora, evidentemente molesta, mientras fotografía la controvertida esvástica farmacéutica del artista Yann Leto. El título Pharmacy Laws hace alusión al oscuro negocio de la industria de los medicamentos, pero a la mujer le ha molestado la referencia nazi y se lo ha hecho saber al galerista Nacho Ruiz, de T-20. “No creo en el enfoque conservador. Arco no puede perder su seña, las galerías son las que imprimen la marca de esta feria”, explica en medio de una feria “gris”, “sosa”, “austera”, “conservadora”.

Los adjetivos que le ponen a esta edición de la feria de arte contemporáneo señalan la nueva deriva en tiempos de guerra. Ha perdido riesgo y acción. Faltan buenas piezas y la consigna es amarrar lo seguro: que se venda aunque sea poco. La austeridad manda, pero también el control editorial del contenido de las galerías ha provocado la pérdida del sentido de la sorpresa de esta feria. Un aroma a decoración queda impregnado en los pasillos de los dos pabellones.   

Raquel Ponce dice que a la feria hay que defenderla con la sorpresa y con piezas visuales

“Arco es esto”, dice la decana galerista Raquel Ponce, mientras señala otra de las excepciones que recuerdan una feria extinta: un enorme retrato kitsch formado por claveles de plástico que giran sin parar. La artista es la cubana Mabel Poblet y ha contado con presas de cárceles de su país para preparar las flores. Sin IVA son 20.000 euros. “Aquí no se viene sólo a comprar. A la feria hay que defenderla con la sorpresa y traer piezas visuales”, defiende Ponce.

¿Dónde están los coleccionistas?

Oliva Arauna se ha perdido este año la feria, pero la galerista mantiene intacto su sarcasmo. En la zona del almuerzo para coleccionistas explica las razones por las que en España no hay mucho coleccionista para tanto arte. Dice que cuando una feria como Arco se hace conservadora como este año no se consigue el efecto esperado –vender más-, porque a los coleccionistas no les interesa esto y los clientes esporádicos no compran. ¿Y los extranjeros? “Los coleccionistas extranjeros que vienen sólo pasean”.

Miguel Ángel Sánchez es el director de ADN, galería famosa por el revuelo de cámaras y periodistas que se levanta cada temporada en su stand. Este año el espacio está limpio, despejado, se pasean los coleccionistas. Impoluto. Todo es mucho más plano, a pesar de ser una de las picantes y de la aportación de colectivos como Democracia, de la obra sobre los mecanismos de control cubanos de Núria Güell y de Chus García-Fraile. Sánchez ha logrado desalojar el ruido y la polémica. Era su deseo y el de la dirección.

Sin embargo, apunta que la creatividad con sordina se debe a una tendencia artística internacional producto del neoconceptualismo que reina las ferias desde 2007. “Veo a los artistas más ensimismados”, cuenta para explicar que están preocupados por asuntos autobiográficos -sus procesos de creación, sus cosas de taller- que de lo que les rodea. El arte político se ha pinchado y Arco ya no es un reflejo de la sociedad. No hay ni una sola referencia a la tormenta corrupta que azota este país. Arco no sobrecoge.

El arte pierde las formas

El trabajo de Carlos Aires es rebelde. Él pasea cerca de su galería y discute sobre la tendencia mayoritaria a la “pura desidia”. “No entiendo por qué la parte formal pasa a un segundo plano y lo conceptual prima. Lo visual debería tener el mismo valor: si no es así, ponte y escribe un libro. El arte es un fiel reflejo de lo que ocurre fuera del arte, no al contrario”.

La feria era un gran festival mucho más colorido. Se ha hecho más seria. El arte político no entra en esa línea de austeridad

Uno de los síntomas más evidentes de la edición es que la transgresión, la incomodidad viene con sello latinoaméricano. Las galerías brasileñas marcan la línea y en la galería Baró encontramos a Lourival Cuquinha, con dos banderas hechas a base de dólares. Su galerista reconoce que la ironía ha desaparecido de la feria, la ve más sobria. “No llevamos artistas torturados. Los nuestros son muy rebeldes con el sistema del arte. Hace años Arco era un gran festival y mucho más colorida. Se ha hecho más seria y el arte político no entra en esa línea de austeridad. Es una gran pared para decorar”, dice.

Es imposible no verla, aunque pasa desapercibido. Se camufla entre tanto ruido. Es una piedra de cartón-piedra, gigante, de 130 kilos de peso, que cuelga del alero del stand de la galería Max Estrella. Es justo lo contrario a lo que se refiere Aires. La firma el gallego Jorge Perianes, un artista preocupado por los extremos: desde lo delicado a lo más basto. Valora lo que rodea a su pedrusco: “Todo lo veo muy pulido y hay piezas repetidas de otros años”. De esa categoría escapa Teresa Margolles, siempre rigurosa con la denuncia de la violencia de su país, México. Esta vez ha grabado en la pared de su galerista un código entre narcos: “Ya basta, hijos de puta”.

Lo más atrevido vuelve a ser el suelo de los dos pabellones. Quedan a la vista las marcas crudas de un piso machacado por las decenas de ferias que se montan, sin camuflar en moqueta, es lo que separa el nuevo Arco del viejo Rastro. Es el galerista neoyorquino Alberto Magnan quien da la clave final: “Detesto las ferias en las paredes”. Si algo se echa en falta no es el dibujo, ni la pintura, ni la fotografía. La gran damnificada es la escultura. No vende, no existe. Declara que en un evento como éste los artistas deben hacer lo que quieran, no poner límites a su voluntad expresiva y colocar una bomba que atraiga a los miles de visitantes que pasan por allí. “Prefiero una feria de artistas de riesgo, que una de galeristas conservadores”. Pues habrá que esperar a otro año.  

“Esto es para cerrar la galería”, grita una señora, evidentemente molesta, mientras fotografía la controvertida esvástica farmacéutica del artista Yann Leto. El título Pharmacy Laws hace alusión al oscuro negocio de la industria de los medicamentos, pero a la mujer le ha molestado la referencia nazi y se lo ha hecho saber al galerista Nacho Ruiz, de T-20. “No creo en el enfoque conservador. Arco no puede perder su seña, las galerías son las que imprimen la marca de esta feria”, explica en medio de una feria “gris”, “sosa”, “austera”, “conservadora”.