Trapiello: “La búsqueda de los restos de Lorca debe suspenderse”
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Trapiello: “La búsqueda de los restos de Lorca debe suspenderse”

Han pasado 17 años desde que Andrés Trapiello publicase un libro alabado por su tono conciliador y, sobre todo, compasivo. Su título era Las armas y

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Trapiello: “La búsqueda de los restos de Lorca debe suspenderse”

Han pasado 17 años desde que Andrés Trapiello publicase un libro alabado por su tono conciliador y, sobre todo, compasivo. Su título era Las armas y las letras e intentaba aclarar todo lo referente al papel que jugaron durante la Guerra Civil una larga lista de escritores, unos, mitificados en exceso por pertenecer al bando de los vencidos, y otros, desprestigiados por lo contrario. En estos días, las librerías han acogido una nueva edición de esta obra, difícil de encontrar durante muchos años y que ahora se ha visto enriquecida con nuevos datos recogidos por Trapiello durante estos años, así como algunas fotografías, entre las que se cuela alguna inédita. El Confidencial ha hablado con el escritor.

 

Han pasado 17 años desde que publicase la primera versión de Las armas y las letras ¿qué razones le han llevado a volver a él?

Quien ha escrito alguna vez libros de esta naturaleza sabe que son libros que no se cierran jamás. El pasado está continuamente desplazándose y trayendo las cosas nuevas. Cuando tuve que dar permiso para una reedición nueva me di cuenta de que valía la pena incorporar todas las novedades que había ido encontrado, los libros nuevos que se habían editado, los viejos que no había leído. Es un proyecto que no está acabado. En estos primeros días que el libro ya está en la calle, he conocido alguna pequeña cosa que alguien me ha mandado y que creo que podrá seguir enriqueciendo sucesivas ediciones. Es un proyecto abierto.

 

Una de las ideas más interesantes que plantea el libro es la existencia de una tercera España a la que se obligó a tomar partido por las otras dos. Hábleme de ella.

Durante muchos años hemos pensado, o nos han hecho creer, que en los años de guerra se habían enfrentado dos Españas cuando en realidad dos Españas obligaron a una tercera España mayoritaria a tomar partido. El no poder elegir el bando es lo que modificó en el caso de los escritores la mayor parte de lo que escribieron, que se atuvo casi siempre al principio de la propaganda pero no al de la literatura.

 

¿Por qué cree que a la literatura le ha costado tanto llegar a la normalidad democrática?

Nadie duda de que la victoria de la propaganda fue de los republicanos prácticamente desde el principio de la guerra con el asesinato de Lorca y el bombardeo de Guernica. La gente ha pensado durante muchísimos años que los mejores escritores eran pro-republicanos, que es lo que hizo decir que los que ganaron la guerra perdieron los manuales de Literatura y los que por el hecho de haberla perdido la tenían conquistada. Esta perversión ha hecho que muchísima gente no leyera libremente tampoco la literatura de la época

 

Chaves Nogales era el autor a reivindicar en la primera edición, ¿Cuál es el descubrimiento de esta edición revisada?

Me daría por contento si la gente se acercara a dos obras que considero excepcionales: los Diarios, de Morla Lynch, y La revolución contada por una republicana, de Clara Campoamor.

 

Precisamente Carlos Morla Lynch se mofa de Alberti, ya que le ve como un comunista que vive como un aristócrata ¿Qué opinión le merece la postura de Alberti durante la guerra?

 

Su figura es muy controvertida y quizá sea uno de esos escritores a los que se refería Juan Ramón Jiménez cuando decía que se sirvieron del pueblo más que sirvieron al pueblo. En el libro hay muchos testimonios de muchas personas que veían muy criticable la postura de Alberti, frente a escritores de otra naturaleza, como Miguel Hernández, que estuvo en el frente, que se jugaba la vida.

 

Y la figura de su mujer, Mª Teresa León, ¿crees que fue un talento en la sombra?

Ni fue un gran talento, ni estuvo en la sombra.

 

Un momento interesante de su libro es aquel en el que habla de la amistad de Lorca y José Antonio Primo de Rivera. ¿Qué opina de posturas como la de Ian Gibson sobre el tema?

Yo creo que la mayor crítica que se les puede hacer a ciertos historiadores es que, cuando tienen los hechos, si les conviene les dan crédito y, si no, los ignoran. El propio Gibson recogió este testimonio de Celaya sobre la amistad de ambos. Por tanto, lo que tenemos que aceptar es el testimonio mismo. Cosas como que el jefe de la Falange y el poeta se vieran en un coche con las cortinillas echadas nos explica la complejidad de la época.

 

¿Qué opinión le merecen las obras revisionistas sobre la Guerra Civil? ¿Cree que en general adoptan el tono correcto?

Bergamín, hemos sabido hace poco por Fernando Savater, decía: “Esto solo lo arregla otra Guerra Civil y que en esta ocasión la ganen los buenos”. El problema general de la reconciliación y de la visión de España es que todavía estamos en la lógica de la venganza, del ‘tú más’ o ‘tú tuviste más culpa que yo’. Cuando realmente deberíamos cambiar y volver al ‘nosotros también’, alq ue se refería Ridruejo. Mientras no cambiemos de una lógica a otra, creo sinceramente que no vamos a llegar lejos.

 

Un caso muy interesante es el de Edgar Neville y su escrito denunciando a los asesinos del Lorca. En él también habla, 50 años antes, de la necesidad de una Ley de Memoria Histórica. ¿Cree que sigue siendo necesaria? ¿En qué términos?

Cree que lo importante del texto de Neville es que es enormemente valiente porque reconoce, siendo él de los ganadores, los crímenes perpetrados en su propia zona y tiene el coraje de pedir que se revise todo esto. Él no quiere formar parte de una España de asesinos y demuestra que en la guerra no todos fueron iguales, el grado de responsabilidad no fue el mismo.

 

Y sobre la necesidad o no de de una ley así en la actualidad…

La ley de memoria histórica es fundamental pero debe dirigirse única y exclusivamente a abrir las fosas, enterrar a los muertos y detenerse ahí. Porque más revisión, ni sería posible, ni conveniente si seguimos en la lógica del ‘tú más’. Lo que sí creo es que la ley estaría para eso, y desde luego para desmantelar todos los símbolos del totalitarismo. Tanto del Valle de los Caídos, haciendo que se exhumen los restos de Franco y José Antonio y se consagre el lugar a un museo de la memoria histórica, como que dejen de existir los nombres de tantas calles o estatuas de gente declaradamente estalinista.

 

¿Qué opinión le merecen los sucesivos intentos de rescatar los restos mortales de Lorca?

Me parece lógico que lo hayan intentado si se sospechaba dónde podían estar. Pero la manera en que se ha llevado a cabo toda la exhumación me ha parecido francamente grotesca por parte de casi todo el mundo. Tengo la sospecha de que más de uno sabía que los restos no estaban allí. Esa búsqueda debe suspenderse si no aparecen datos claramente nuevos. A menos que Ian Gibson quiera invertir todo su dinero en seguir haciendo prospecciones. Si quiere seguir y le gusta, adelante. Que no se lo prohíba nadie, pero no con el dinero del Estado.

 

¿Cree que los actuales políticos despliegan mayor rencor con respecto la Guerra Civil que los que fueron testigos directos de la contienda?

Tengo la sensación de que las víctimas quieren un poco de paz y tranquilidad, en tanto que siempre hay gente en las retaguardias de las radios, de los periódicos o del Parlamento que están más interesados en la propaganda, en la retórica de guerra más que en verdaderamente arreglar las cosas

 

¿No le parece que hay una obsesión desmedida por la Guerra Civil y que ésta ha empobrecido la historiografía de épocas pasadas muy interesantes?

No me lo parece, teniendo en cuenta que la Guerra Civil es el episodio de la historia más importante y más traumático desde la expulsión de los judíos, que es una herida abierta y por eso le dedicamos el tiempo que le dedicamos. Muchos españoles aún respiran por esa herida.

 

¿Qué libros de la época deberían leer nuestros dirigentes para que encontraran puntos en común de una vez por todas?

Son libros que recomendaría a todo el mundo: Guerra en España de Juan Ramón Jiménez, el de Clara Campoamor, La revolución española contada por una republicana; España sufre, de Carlos Morla Lynch; o A sangre y fuego, de Chaves.

 

Por último, ¿qué piensa del caso Garzón, que tanta polvareda ha levantado?

En este asunto particularmente me encontrarán al lado de las víctimas que quieren enterrar a los muertos. Todo lo demás me ha parecido un exceso de celo jurídico que se me escapa y creo que aquí lo que se ventila principalmente son cuestiones personales entre los jueces. Nada más. Me parece lamentable que esto lo sufran una vez más las víctimas.

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