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El Prado acoge al Rembrandt que cuenta

El Museo del Prado promete un otoño tumultuoso gracias a esta nueva exposición que abre sus puertas el próximo 15 de octubre. Y es que Rembrandt

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El Prado acoge al Rembrandt que cuenta
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    El Museo del Prado promete un otoño tumultuoso gracias a esta nueva exposición que abre sus puertas el próximo 15 de octubre. Y es que Rembrandt es su gran protagonista, un pintor al que nunca en nuestro país se le había dedicado una muestra monográfica. Aunque no son sus obras más señeras las que se podrán ver en las paredes de la institución, el asunto está justificado por la delimitación temática con la que articular esta cita artística: el artista en su faceta de narrador de historias utilizando temas tomados de la historia, la religión y la mitología clásica.

     

    Rembrandt. Pintor de historias recoge en su recorrido 35 pinturas y cinco estampas procedentes de distintos prestamistas de Europa y Estados Unidos, así como seis obras de otros artistas –Rubens, Tiziano, Velázquez, Ribera y Veronés- sacadas del propio museo con las que, en palabras del comisario de la muestra, Alejandro Vergara, “podemos distinguir lo que (Rembrandt) tiene de original” y apreciar “su distorsión del modelo del Renacimiento italiano que influenció al Barroco”.

     

    Con esta muestra, añade Vergara, “Rembrandt completa el Prado y el Prado engrandece a Rembrandt”. Lo hace a través de un recorrido cronológico en el que descubrimos un aspecto muy importante: el paso desde unas pinturas que son una manifestación externa de las emociones de una manera cercana a la jocosidad –como se muestra en esa obra que abre la muestra: Autorretrato con traje oriental-, hacia unos trabajos más introspectivos en los que sus temas adquieren una mayor gravedad –ejemplificado muy bien en creaciones como Sansón cegado por los filisteos-.

     

    La muestra está ambientada con una iluminación muy íntima y en su recorrido destacan los interesantes diálogos propuestos. Se puede comparar La Sagrada Familia creada por Rembrandt en contraste con la de Rubens, o su Artemisa junto a Salomé con la cabeza del Bautista de Tiziano, o el San Bartolomé o San Pablo frente al Santo Tomás de Rubens. De esta forma el paseo se enriquece al poner en manos del espectador la posibilidad de descubrir las particularidades que distinguen al genio holandés.

     

    El recorrido ocupa las salas A y B del nuevo edificio de la ampliación y a medida que vamos avanzando por ellas “el pintor se va mostrando intensamente emocional, dramático y trágico. Es un gran coreógrafo de lo dramático que busca límites expresivos”, según Vergara. La pintura de Rembrandt "está pidiendo siembre la biografía del autor. Cuando se contempla una obra suya se quiere saber qué ocurría en su vida en el momento en la que la pintó", cree el comisario, que para finalizar el recorrido ha elegido Autorretrato como Zeuxis, pintado solo cinco o seis años antes de su muerte y última obra en la que el artista se retrató a sí mismo.

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