Sobre lo castellano, J. Ortega Carriedo
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Sobre lo castellano, J. Ortega Carriedo

Aunque no dudemos en llamarnos a nosotros mismos castellanos, construyamos mejor una identidad basada en la seriedad y la eficacia que nos caracterizan

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Imagen: Rocío Márquez.

Estimado Director,

Hoy, 23 de abril, se celebran 500 años de las revueltas de los comuneros y, a raíz de esta conmemoración, ha crecido una tibia reivindicación de lo que podríamos considerar el sujeto político castellano; pudimos escucharlo hace poco en palabras del presidente de Castilla-La Mancha. Por experiencia, sé que no está claro, sin embargo, qué es ser castellano y, a base de discutir sobre temas identitarios con conocidos y amigos de otras 'nacionalidades históricas', he llegado a la conclusión de que la identidad castellana generalizada, natural, la que retrata Delibes en sus libros, es una identidad común entre castellanos viejos y nuevos, leoneses, cántabros, riojanos y extremeños.

Hay por debajo de ésta otra forma de ser común entre los castellanos viejos, Cantabria y La Rioja incluidos, que llega a manchar la pureza vasconavarra, y que es a la que se refiere la gente cuando habla de la Castilla profunda; finalmente encontramos una identidad comunera artificial, apócrifa y decimonónica, muy habitual en todo el entorno de Madrid pero que no se corresponde con los hechos históricos. La importancia de uno de los primeros brotes liberales en Europa, que podría haber adelantado en mucho a Cromwell en Inglaterra, no se debería reivindicar como castellano en el sentido identitario actual, con el que no encaja, sino como un homenaje a un breve capítulo de la historia española en su conjunto junto con las germanías de la corona aragonesa.

De la conmemoración de una derrota los castellanos, mostramos sin quererlo nuestro derrotismo resignado, que impide desde hace mucho que volvamos a salir a flote y sobre el que deberíamos reflexionar si no queremos que los demás nos sigan llamando españoles vacíos, envejecidos, o yermos. Hay una España periférica que nos exige que nos identifiquemos al igual que ellos; propongo que, aunque no dudemos en llamarnos a nosotros mismos castellanos, construyamos mejor una identidad basada en la seriedad y la eficacia que nos caracterizan para dar a nuestra tierra una nueva vida.

Jorge Ortega Carriedo

Estimado Director,

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