La película que debes ver | 'Saint Maud', de Rose Glass, disponible en Movistar+
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RECOMENDACIÓN CINEMATOGRÁFICA

La película que debes ver | 'Saint Maud', de Rose Glass, disponible en Movistar+

Rose Glass recurre a los códigos del terror místico para retratar la relación psicológica del fanatismo religioso, llevando su película en un plano ambiguo entre la realidad y la locura

Foto: Imagen: Irene Gamella
Imagen: Irene Gamella

Dentro del terror místico, el género de posesiones siempre fue el campo más rentable de abonar. El demonio tiene un 'sex appeal' que permite jugar con la atracción y el peligro, un encanto perverso del que carece el anverso espiritual. Las apariciones, las vidas de santos se encadenan a un relato oficial y pulcro que carece de interés en tanto en cuanto carece de aristas. Sin embargo, en 'Saint Maud', la debutante Rose Glass recurre a los códigos de este tipo de cine para retratar la compleja relación psicológica alrededor del fanatismo religioso, llevando su película en un plano ambiguo entre la realidad, el terror y la locura.

En su primer trabajo como directora y guionista -ahora disponible en Movistar+-, Glass se maneja consciente y equilibradamente en el terreno costumbrista, y el hecho de pegarse totalmente al punto de vista de su protagonista le permite jugar con su subjetividad y su percepción, sin engañar al espectador, simplemente haciéndole partícipe de un estado mental.

Maud (Morfydd Clark) es una joven enfermera que llega a un pequeño pueblo costero del norte de Inglaterra para cuidar de Amanda (Jennifer Ehle) una bailarina estadounidense que se ha trasladado a un caserón de la zona para paliar los dolores del cáncer terminal que padece. La directora presenta a Maud como un personaje misterioso, de cuyo pasado no sabemos nada, pero del que intuimos gracias a dos breves encuentros fortuitos con una antigua compañera de trabajo, que nos da pistas sobre la anterior vida de Maud, que distaba mucho de la fanática religiosa que es ahora.

Maud y Amanda son dos personajes contrapuestos obligados a convivir. Mientras la primera es frugal e, incluso, maltrata su cuerpo para agradar a Dios -practica la mortificación cristiana-, la segunda es una mujer hedonista que ha decidido pasar sus últimos días entregada a los placeres mundanos, a ojos de Maud, al pecado. Las dos entran en un pulso dialéctico en el que Amanda intenta convencerla de la inexistencia de Dios y de la irracionalidad de imponerse el sufrimiento para una salvación eterna que nunca llegará, mientras Maud, viendo que Amanda se enfrentará pronto a la muerte, siente la imperiosa necesidad de redimirla. Tanto que su obsesión irá en aumento, hasta sobrepasar la línea de lo tolerable.

'Saint Maud' acompaña a su protagonista hasta el éxtasis místico. Y lo hace desde el punto de vista de Maud, que se entrega a las visiones y a la voz de ¿Dios? que le habla desde los rincones. Las lentes anamórficas, los tiros de cámara que se echan encima de la actriz, favorecen la distorsión de una realidad cada vez más borrosa y oscura. A medida que Maud se acerca a Dios se aleja del suelo, del plano real. Y es la manera en la que Glass cuenta la enajenación de Maud, lo que adentra la película en el campo del terror. No es una cinta de monstruos ni de sustos ni de fantasmas.

Es un relato angustioso de la pérdida de conexión de una joven con el mundo que la rodea, entrando a veces en los códigos del 'body horror' o, como comentaba al comienzo, con el cine de posesiones. Y andamos el camino cada vez más cerca de la protagonista, asfixiada por la oscuridad, por unos encuadres cada vez más cerrados, unas lentes cada vez más deformantes, unos efectos especiales tan sutiles que confunden al espectador y un trabajo de sonido cada vez más invasivo. Como Santa Teresa de Jesús, Maud está dispuesta a entregarse al Señor. Y sólo cuando su entrega ya es total, reaparece la luz en su vida. Y Glass acaba con el reverso de una postal religiosa, con uno de los planos finales más apabullantes del cine de los últimos años.

Dentro del terror místico, el género de posesiones siempre fue el campo más rentable de abonar. El demonio tiene un 'sex appeal' que permite jugar con la atracción y el peligro, un encanto perverso del que carece el anverso espiritual. Las apariciones, las vidas de santos se encadenan a un relato oficial y pulcro que carece de interés en tanto en cuanto carece de aristas. Sin embargo, en 'Saint Maud', la debutante Rose Glass recurre a los códigos de este tipo de cine para retratar la compleja relación psicológica alrededor del fanatismo religioso, llevando su película en un plano ambiguo entre la realidad, el terror y la locura.

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