Por qué los padres no pueden educar a sus hijos

Muchos padres y madres se encuentran con que sus esfuerzos educadores no tienen el resultado deseado. El problema es que sus hijos están sometidos a distintas influencias

Foto: Los padres caen en la desesperación cuando piensan que no son capaces de ayudar a sus hijos. (iStock)
Los padres caen en la desesperación cuando piensan que no son capaces de ayudar a sus hijos. (iStock)

Esta semana he estado en la comarca del Vallés, en Barcelona, con motivo de la inauguración del curso escolar. Me parece la fiesta de la posibilidad y de la esperanza. Esta sección también comienza un nuevo curso. Vuelvo a afirmar mi convicción de que podemos tener un sistema educativo excelente en el plazo de cinco años, y también de que España, que perdió el tren de la Ilustración y el de la Industrialización, puede perder ahora el tren de la sociedad del aprendizaje, y convertirse en el bar de copas de Europa.

Sin duda, les habrá extrañado el título de este artículo. Hace referencia a un libro que produjo un gran revuelo en Estados Unidos, y que Steven Pinker, uno de los más respetados psicólogos del mundo, consideró que “cambiaría la historia de la psicología”. Se tradujo al castellano con el título 'El mito de la educación', y el subtítulo: "Por qué los padres pueden influir muy poco en sus hijos". La tesis de la autora, Judith Rich Harris, es que las dos influencias determinantes en el proceso educativo de los niños son los genes y el grupo de iguales. La devaluación de la influencia de las familias y de la escuela produjo, como era natural, la protesta airada de muchos expertos. 

El libro me parece interesante porque llama la atención sobre la complejidad de la actividad educadora, en la que intervienen fuerzas muy diferentes que deberíamos saber coordinar. Hace dos siglos y medio, Montesquieu escribió en 'Del espíritu de las leyes' una frase que describe esta situación: “Recibimos tres educaciones distintas, si no contrarias: la de nuestros padres, la de nuestros maestros y la del mundo. Lo que nos dicen en la última da al traste con todas las ideas adquiridas anteriormente”. Hay que tener en cuenta, además, que la educación del 'mundo' influye en los padres y en los docentes, por lo que es extremadamente fuerte.

El nivel socioeconómico y cultural de las familias, la presión de los iguales y la cultura ambiente tienen en conjunto mayor relevancia

Muchos padres y madres se encuentran con que sus esfuerzos educadores no tienen el resultado deseado. Oímos con frecuencia la queja: "¿Pero qué he hecho mal?". Probablemente nada, porque sus hijos están sometidos a otras influencias muy poderosas. La escuela es una de ellas, pero tampoco es omnipotente. Su impacto no es el más importante en la educación del niño. El nivel socioeconómico y cultural de las familias, la presión de los iguales, la cultura ambiente tienen en conjunto mayor relevancia. Cuando decimos que “para educar a un niño hace falta la tribu entera”, nos estamos refiriendo a estas interacciones. Problemas como el fracaso escolar, el acoso en las aulas, el consumo de alcohol y drogas, el uso excesivo de móviles, la responsabilidad personal y la búsqueda de la excelencia son fenómenos definidos por múltiples factores.

Es necesaria una universidad para padres

Este es problema que queremos tratar en el próximo curso de la Universidad de Padres. Con nuestros programas, ayudamos a los padres en la educación directa de sus hijos, pero debemos también favorecer su protagonismo en la educación indirecta, es decir, a través de los entornos que influyen en los comportamientos de niños y adolescentes: la escuela, los amigos, el barrio, la comunidad. Todos esos elementos forman el 'sistema educativo', del que el 'sistema escolar' es solo una parte. Por eso, un gran pacto educativo debe ser expansivo e ir más allá de un pacto escolar.

Así lo hemos explicado en los Papeles para un pacto'. Estamos intentando que los padres colaboren entre ellos, cooperen mejor con las escuelas, y presionen para que el entorno sea beneficioso para sus hijos. Iniciativas como las comunidades de aprendizaje o las ciudades que protegen a sus adolescentes (las 'assets building communities') son ejemplos que nos gustaría fomentar. Necesitamos construir una buena 'tribu educativa'. Hay unos factores de protección que mejoran las expectativas de todos los niños y jóvenes. Unos dependen de la familia, otros de la escuela, y otros de la sociedad. Trabajamos para fortalecerlos, y queremos apoyarnos en las familias porque son las más interesadas en que funcionen. Por eso, pedimos su colaboración. Pinche aquí para ir a nuestra web.

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