La educación y el debate electoral

Los municipios no tienen competencias educativas y, sin embargo, todas las investigaciones indican que pueden ser agentes educativos de excepcional importancia

Foto: ¿Puede la política cambiar de verdad el sistema educativo? (Reuters)
¿Puede la política cambiar de verdad el sistema educativo? (Reuters)

En este año hiperelectoral, deberíamos introducir la educación en el debate político a todos los niveles: municipal, autonómico y nacional. Para conseguirlo debemos colaborar todos. Los políticos no tomarán las medidas necesarias para mejorar nuestro sistema educativo mientras que los ciudadanos no demostremos enérgicamente nuestra preocupación e interés, ausentes en la actualidad. Así lo demuestran sistemáticamente las encuestas del CIS. 

De la educación, como de Santa Bárbara, solo nos acordamos cuando suena. Y los truenos suelen ser resultados PISA, escándalos en las aulas, fracasos escolares, y cosas semejantes. Necesitamos una “movilización educativa de la sociedad”, y sería estupendo aprovechar espacios para promoverla. Concibo el nuevo periodismo como un modo de participación social para elevar la inteligencia comunitaria. Por eso, les animo a que participen en el foro, a que nos envíen sugerencias, propuestas, informaciones que crean que merecen ser conocidas. Para que el esfuerzo valga la pena, deben ser rigurosas y razonadas. Para toreo de salón ya tenemos las tertulias multimedia. Me gustaría copiar una admirable institución del derecho anglosajón: el amicus curiae, el amigo del tribunal. Son personas que sin estar implicadas en un litigio aportan espontánea y generosamente información que puede ayudar al tribunal a hacer justicia. Podríamos convertirnos en un amicus scholae, en “amigos de la escuela”.  Por de pronto, toda la información de que disponemos en la Fundación UP está a disposición de cualquier partido político que desee utilizarla.

Las primeras elecciones que tenemos son las municipales y autonómicas. Respecto a las autonómicas, creo que debemos exigir que los partidos se posicionen respecto al objetivo cinco años, propuesto en esta sección, y que se concreta en tres metas: (1) reducir al 10% el índice de abandono escolar, (2) mejorar 35 puntos en los resultados PISA, y (3) aumentar el porcentaje de alumnos excelentes, que en este momento es muy bajo. Los tres son posibles, y su consecución no depende del presupuesto, sino de la eficacia en la gestión.

Si los gobernantes no se comprometen con el objetivo cinco años es porque no quieren o porque no saben

Es pertinente sacar este tema en elecciones autonómicas, porque las CCAA tienen transferidas las competencias educativas y son responsables también de su calidad. No hay que achacar todo al Gobierno central. De hecho, es importante recordar que en la clasificación PISA por regiones o comunidades autónomas hay algunas que están a nivel de las mejores de la OCDE: Navarra, Castilla León, Madrid, La Rioja, Aragón. Y hay otras que están a un nivel muy bajo como Andalucía, Murcia o Extremadura. Mi opinión al respecto es tajante. Si los gobernantes no se comprometen con el objetivo cinco años es porque no quieren o porque no saben. Si no quieren, no hay que votarles. Y si no saben, estamos dispuestos a proporcionarles la información para que aprendan. En educación no hay ni milagros ni enigmas. Hay decisión y conocimiento.

La educación como problema local

Un caso especialmente interesante es el de los municipios. En España no existe un pensamiento municipalista vigoroso, porque somos centralistas hasta la médula, y la organización autonómica no ha hecho más que multiplicar los centralismos. Nadie quiere compartir el poder. Los municipios no tienen competencias educativas y, sin embargo, todas las investigaciones indican que pueden ser agentes educativos de excepcional importancia. Hay problemas –como el abandono escolar, la formación profesional y la introducción en el mundo laboral, el consumo abusivo de drogas, la violencia en las aulas o en los hogares, el vandalismo en las calles...– que por su magnitud exceden las capacidades de los centros escolares, pero que los proyectos autonómicos o nacionales tampoco aciertan a atacar con la suficiente eficacia. En esos casos, el municipio es el agente educativo de elección.

Nuestros estudios indican que un municipio puede resolver el abandono escolar en un plazo de tres años. Y a tal efecto hemos diseñado una metodología que hemos presentado –sin éxito– a algunos ayuntamientos, a pesar de que el coste es mínimo. Existen dos enfoques principales para afrontar el problema de las comunidades problemáticas. Uno pone el foco en las necesidades, deficiencias y problemas de la comunidad. El otro enfoque insiste en comenzar con un claro compromiso para descubrir las capacidades y recursos de una comunidad. Con el primer enfoque, las comunidades se convierten en consumidores de servicios, en clientes o “pacientes” que reciben ayuda externa para resolver sus problemas. Esto provoca que los vecinos se vean como fundamentalmente deficientes, víctimas incapaces de hacerse cargo de sus vidas y del futuro de su comunidad. Con el segundo enfoque, el de las asset-based communities, se pone el énfasis en las capacidades, destrezas y recursos de una comunidad, terminando con la situación de desesperación e impotencia.

¿Por qué no empezamos por el principio, reclamando un pacto educativo municipal y autonómico?

Todos los esfuerzos se dirigen a mejorar la comunidad. Se comienza haciendo un inventario de las asociaciones cívicas e instituciones locales, y de las destrezas individuales de los residentes que quieren colaborar para mejorar su comunidad. Es necesario un mapa de los recursos comunitarios. El establecimiento de relaciones es fundamental. Los miembros de la comunidad no son clientes con deficiencias y necesidades, sino ciudadanos con capacidades y destrezas. La solución a esos problemas pasa por eliminar los factores de riesgo y fortalecer los factores de protección, y a eso puede colaborar la población entera. Tenemos la hoja de ruta a disposición de cualquier comunidad que quiera ponerla en práctica.

La política está anquilosada y es necesario que la sociedad civil –que en España es pasiva y resignada– despierte y movilice las estructuras. El derrotismo educativo nos está haciendo mucho daño. Mejorar en poco tiempo es posible. Y los ciudadanos debemos tener conciencia de ello para no dejarnos contagiar el pesimismo. Todos reclamamos un Pacto de Estado sobre la educación. ¿Por qué no empezamos por el principio, reclamando un pacto educativo municipal y autonómico? Por eso, propongo que pidamos a los políticos que respondan a las siguientes cuestiones:

¿Se comprometen a buscar un pacto educativo municipal o autonómico?

A los candidatos a las autonómicas: ¿se comprometen a convertir el sistema educativo en un sistema de alto rendimiento durante la legislatura?

A los candidatos a las municipales: ¿se comprometen a afrontar durante la legislatura la resolución de uno de los grandes problemas educativos antes mencionados, por ejemplo, el del abandono escolar?

Ya veremos lo que responden, si es que lo hacen. 

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