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La inexplicable historia de los cuerpos incorruptos
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La inexplicable historia de los cuerpos incorruptos

Es uno de los fenómenos más sorprendentes de la historia. Muertos que se mantienen como si el tiempo no hubiera pasado para ellos. ¿Cuál es la explicación más lógica?

Foto: Bernadette Soubirous, totalmente incorrupta. (Cedida)
Bernadette Soubirous, totalmente incorrupta. (Cedida)

Muchos años después, aunque no frente al pelotón de fusilamiento precisamente, Gabriel García Márquez habría de admitir que el prólogo de su novela Del amor y otros demonios era completamente inventado. En él, aseguraba que un hecho real le había inspirado la historia: la apertura de la tumba de una niña considerada santita entre los pueblos del Caribe, y el descubrimiento de su cuerpo incorrupto y de cómo le habría crecido el pelo hasta el punto de escaparse del ataúd.

Una leyenda similar hay en torno a la figura de Elizabeth Siddal, mujer del pintor Dante Gabriel Rossetti, el cual se habría encontrado con una escena parecida al decidir abrir la tumba de la que había sido su esposa con la idea de recuperar unos poemas. Quizá estas historias se haya embellecido con el paso del tiempo y no sean muy reales, pero eso no significa que uno de los fenómenos más sorprendentes de este mundo no sea verdad: la incorruptibilidad cadavérica.

San Charbel Makhould fue enterrado sin ataúd y su cuerpo fue encontrado flotando en el barro, completamente preservado

Varias religiones hablan de la incorruptibilidad de los cuerpos. El catolicismo es el más famoso por ello, aunque los budistas también tienen casos, pero es menos frecuente debido a que incineran los cadáveres algún tiempo después de la muerte. En el caso de los católicos, desde la Edad Media se tiene la concepción de que un cadáver incorrupto es señal de santidad, y muchos se exponen aún en la actualidad, aunque la mayoría de ellos se encuentran recubiertos por capas de cera que ayudan a evitar el continuo deterioro de los mismos. Algunas excepciones, sin embargo, se exponen en su estado natural. Y hay santos de los que solo se mantienen determinadas partes (de san Antonio de Padua, la lengua; de Catalina de Siena, la cabeza; de santa Teresa de Jesús, la mano).

Datos sorprendentes

Hay ciertos santos incorruptos que parecen luchar contra toda lógica o explicación posible. Algunos cadáveres como los de santa Catalina Labouré o santa Catalina de Siena se encontraron en estado perfecto, pese a que la humedad había penetrado en sus ataúdes. Aún más curioso es san Charbel Makhould (asceta libanés), que fue enterrado sin ataúd y su cuerpo fue encontrado flotando en el barro. Durante la exhumación se descubrió que su cadáver se había preservado por completo y que emite un bálsamo perfumado.

placeholder  Beato Stefano Bellesini. (Cedida)
Beato Stefano Bellesini. (Cedida)

El cadáver de san Colmano de Stockerau, religioso irlandés, permaneció suspendido de un árbol tras llevar colgado 18 meses. Un cuerpo de esta manera se descompone mucho más rápido que uno enterrado porque se encuentra expuesto a los microorganismos del aire, sin embargo, se encontraba incorrupto.

Quizá el más increíble fue el de san Andrés Bobola, que fue parcialmente desollado vivo, mutilado y torturado (incluso cercenaron su cabeza), y cuando fue encontrado 40 años después, se encontraba perfectamente preservado (y aún se mantiene, 300 años después).

La osmogénesis (fenómeno del olor) se repite en muchos de estos cadáveres y son muchos los santos que desprenden un olor dulce

La osmogénesis (fenómeno del olor) se repite en muchos de estos cadáveres y son muchos los santos que desprenden un olor dulce, como santa Teresa de Lisieux, que olía a rosas. La sangre fresca que emana de los cadáveres también es otro de esos fenómenos inexplicables. El día 24 después de su muerte, san Bernardino de Siena comenzó a sangrar. Nueve meses después de la muerte de San Juan de la Cruz, fluyó sangre fresca de la herida resultante de un dedo amputado.

placeholder  Santa Clara de Asís. (Cedida)
Santa Clara de Asís. (Cedida)

Incluso se ha hablado de luz, que, aunque no contribuye en nada a la preservación, también es curiosa cuando menos. Varios testigos afirmaron que la casa en la que murió san Guthlac emanaba una luz que se dirigía al cielo, y también salió una luz parecida de la boca de san Luis Bertrand que iluminó su celda.

Posibles explicaciones al fenómeno

Son varias las hipótesis que explican la incorruptibilidad de los cuerpos. Una de ellas es el aislamiento de oxígeno: el cadáver se deseca cuando se evapora el agua de sus tejidos, por lo que es imposible que se desarrollen gérmenes y se evita la putrefacción. Otra posibilidad es la petrificación (como las momias de Guanajuato), o transformación del cadáver en material pétreo debido a la infiltración por hidrioxipatita y carbonato cálcico.

Una teoría es que el cadáver se deseca cuando se evapora el agua de sus tejidos, por lo que es imposible que se desarrollen gérmenes

Otra teoría diferente, que explicaría algunos casos como el de san Charbel Makhould, sería que al quedar el cadáver en un ambiente de humedad relativa, la putrefacción se detiene y se momifica de forma natural. Puede ocurrir también que por una baja temperatura ambiental el cuerpo se preserve con pocas variaciones importantes. El frío intenso y prolongado puede propiciar una conservación del cadáver prácticamente indefinida.

Muchos años después, aunque no frente al pelotón de fusilamiento precisamente, Gabriel García Márquez habría de admitir que el prólogo de su novela Del amor y otros demonios era completamente inventado. En él, aseguraba que un hecho real le había inspirado la historia: la apertura de la tumba de una niña considerada santita entre los pueblos del Caribe, y el descubrimiento de su cuerpo incorrupto y de cómo le habría crecido el pelo hasta el punto de escaparse del ataúd.

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