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¿Por qué los humanos controlan mejor sus voces que cualquier otro animal?
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Un instante en la evolución

¿Por qué los humanos controlan mejor sus voces que cualquier otro animal?

La complejidad del habla humana discurre por un enorme laberinto de cuerdas vocales y pequeños músculos de la laringe. Sin embargo, a diferencia de los demás primates estudiados, las personas carecen de algo

Foto: Fuente: iStock.
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Hacemos ruidos todo el tiempo. Miles de millones de sonidos diferentes abarrotan el mundo expulsados por alguna parte del cuerpo humano, de los miles de millones de cuerpos humanos que abarrotan el mundo: el llanto de un bebé, los gritos de algún niño, las lágrimas de cualquier adolescente o la voz quebrada que intentan disimular a menudo los adultos son solo algunos de los sonidos más normalizados, aunque hay tantos que, literalmente, se nos escapan. Pero, ¿desde cuándo existe este rumor constante de voces? Los seres humanos podrían haber sonado así de estridentes todo el tiempo si no fuera por un instante crucial en la evolución humana.

La complejidad del habla humana está oculta: un enorme laberinto de cuerdas vocales y pequeños músculos de la laringe vibran constantemente para producir sonido. Sin embargo, a diferencia de todos los demás primates estudiados hasta la fecha, hay algo en ese mecanismo orgánico con lo que no contamos las personas.

Foto: Fuente: iStock.

Según un nuevo estudio, los humanos no cuentan con pequeños trozos de tejido por encima de las cuerdas vocales a los que denominan membranas vocales. Esa carencia exclusivamente humana es, nada más y nada menos, que la barita mágica que nos capacita. Es decir, si somos capaces de controlar nuestras voces en la medida tan precisa como lo hacemos, es gracias a esto.

El papel de las membranas vocales

Los autores de esta reciente investigación, cuyos datos han sido publicados en la revista 'Science', explican que las membranas vocales actúan como la caña de un clarinete, lo que facilita que algunos animales produzcan sonidos agudos o chirriantes. Desde el chillido de un mono llamando a su manada hasta el balido de un cordero, todos son únicos en su forma, también en cuanto a su gama.

placeholder Mandril. Fuente: iStock.
Mandril. Fuente: iStock.

Mientras que estos y otros animales pueden varias tan solo un mínimo sus sonidos, los seres humanos tienen un rango de posibilidades infinitamente mayor. Eso es lo que despertó la curiosidad de los investigadores, que utilizando resonancias magnéticas y tomografías computarizadas para buscar membranas vocales en 43 especies diferentes de primates, se sorprendieron con lo que vieron: todos los primates, excepto los humanos, tenían el tejido. ¿Pero no ha estado ahí nunca o forma parte de nuestra evolución?

Según apunta Takeshi Nishimura, primatólogo de la Universidad de Kyoto en Japón y autor del estudio, es una pérdida fruto de un "evento muy importante y muy revolucionario en la evolución humana". Para comprender el papel que juegan estas membranas vocales, el equipo de Nishimura analiz vídeos de laringes de primates en acción (chimpancés, macacos rhesus y los llamados monos ardilla). Los investigadores también estudiaron laringes de macacos y chimpancés que habían muerto por causas naturales o habían sido sacrificados con el fin de comprobar cómo reaccionaban sus cuerdas vocales y membranas si empujaban aire a través de las laringes.

Hay más factores

En su mayoría, los primates emiten sonidos de una misma manera básica: expulsando el aire de sus pulmones mientras hacen vibrar los músculos de la laringe para crear ondas sonoras. Así fue en los dos experimentos llevados a cabo por este equipo de científicos. Durante los mismos, pudieron apreciar que las laringes de los animales emitían sonidos que a menudo fluctuaban mucho en el tono. Nishimura y sus compañeros descubrieron que eso sucede solo cuando un animal tiene tanto membranas vocales como cuerdas vocales.

placeholder Mujer cantando ópera. Fuente: iStock.
Mujer cantando ópera. Fuente: iStock.

Mientras tanto, en los humanos, ese tipo de chillido puede ocurrir cuando ejercemos una presión extrema sobre nuestra voz, como cuando gritamos. Según concluye este estudio, dado que los humanos no tienen membranas vocales, solemos emitir sonidos más estables que otros primates.

No obstante, la pérdida de las membranas vocales no es lo único que hace que seamos más elocuentes que otros primates a la hora de establecer sonidos. Más allá de las diferencias anatómicas, los humanos tienen genes específicos que pueden haber ayudado a impulsar la evolución del lenguaje, pero eso está por ver. Además, nuestras bocas y lenguas pueden manipular esos tonos estables para los sonidos complejos en los que se basa el lenguaje.

Hacemos ruidos todo el tiempo. Miles de millones de sonidos diferentes abarrotan el mundo expulsados por alguna parte del cuerpo humano, de los miles de millones de cuerpos humanos que abarrotan el mundo: el llanto de un bebé, los gritos de algún niño, las lágrimas de cualquier adolescente o la voz quebrada que intentan disimular a menudo los adultos son solo algunos de los sonidos más normalizados, aunque hay tantos que, literalmente, se nos escapan. Pero, ¿desde cuándo existe este rumor constante de voces? Los seres humanos podrían haber sonado así de estridentes todo el tiempo si no fuera por un instante crucial en la evolución humana.

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