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El tiempo no dura lo que creemos: la extraña y "desajustada" historia del calendario
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El tiempo no dura lo que creemos: la extraña y "desajustada" historia del calendario

Podemos decir que es cierto que un día, como concepto, es lo que tarda la Tierra en hacer una rotación completa, pero eso no quiere decir que un día sean 24 horas exactas

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Durante siglos, las personas han intentado ajustarse a los movimientos que contemplaban alrededor de ellos, entender la vida a través de etapas, acotar la vida para entenderla: así se vive durante el día, así se vive durante la noche, y así se vive en cada época del año. Sin embargo, todas estas nociones que recogen los calendarios y los relojes son resultado de una serie de reajustes humanos del tiempo a lo largo del mismo.

Podemos decir que es cierto que un día, como concepto, es lo que tarda la Tierra en hacer una rotación completa, pero eso no quiere decir que un día sean 24 horas exactas, con su día y su noche. ¿Y si la noche dura más de lo que en realidad creemos? ¿Y si dura más el día? ¿Y si existieran márgenes de tiempo al filo de sus clasificaciones materiales? Ningún misterio en estas dudas, porque el misterio es la certeza misma de que, en realidad, la realidad escapa a un almanaque.

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Vale, puede que solo lo haga unos segundos diarios, porque la rotación varía según la posición del planeta en su órbita; pero, ¿no es esto suficiente pasados días, meses, años? Llegadas estas fechas, ya vamos pensando en grandes propósitos que asumimos pequeñitos, progresivamente, porque la suma de poco tiempo es mucho tiempo en verdad. Consideramos esto sin tener en cuenta que, para empezar, ya estamos calculando mal la estrategia. El asunto de la existencia se complica.

Cinco siglos calculando igual

"La semana no tiene absolutamente ninguna conexión con nada; un mes es una unidad variable de tiempo que simplemente adivinamos. Hay varias formas diferentes de medir la duración de un año, y todas son complicadas por el hecho de que la presencia gravitacional de Júpiter hace que ese período de tiempo cambie sin importar lo que hagas", dice el escritor Dan Nosowitz en 'Atlas Obscura'.

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Fuente: Britannica

En la actualidad, se utilizan varios calendarios en función del lugar del mundo en el que te encuentres. El más extendido, no obstante, es el calendario gregoriano, implantado en 1582. Sí, llevamos más de cinco siglos contando el tiempo de la misma forma en Occidente. Se trata de un calendario solar, es decir, generado a partir de los cálculos de movimientos de la Tierra alrededor del sol, o lo que es lo mismo: la duración de un año en este calendario es el tiempo que sucede entre un equinoccio vernal, justo el primer día de primavera, al siguiente. Exactamente 365,2425 días. “Esa tontería después del punto decimal es la razón por la que tenemos años bisiestos”, recuerda con ironía Nosowitz.

Como añaden en 'Britannica': "Cuando se trata de calendarios, los pequeños errores pueden acumularse con el tiempo. El calendario juliano, predominante en el mundo cristiano durante el primer milenio y parte del segundo milenio, fue una mejora con respecto al calendario republicano romano al que reemplazó, pero fue 11 minutos y 14 segundos más largo que el año tropical (el tiempo que tarda el sol en volver a la misma posición, visto desde la Tierra). El resultado fue que el calendario se desvió aproximadamente un día por cada 314 años".

placeholder Calendario agrícola. Fuente: Wikipedia
Calendario agrícola. Fuente: Wikipedia

Otros calendarios

Si crees que lo de los años bisiestos es un lío, agárrate, porque son aún más complicados de lo que parecen. Cada cuatro años cierra febrero su día 29, solo que esta regla no es del todo cierta, ya que esto no ocurre en los años que son divisibles por 100 pero no por 400. Así, el año 1900 no tuvo uno, pero el año 2000 sí. De hecho, cuando a finales del siglo XVI la iglesia católica estableció el nuevo calendario en Europa, los países protestantes y ortodoxos no querían seguir las órdenes del papa Gregorio XIII, por lo que se negaron a cambiarlo. "El resultado fue que (durante varias décadas) la Europa católica (Austria, España, Portugal, Italia, Polonia y los estados católicos de Alemania) de repente se adelantó diez días al resto del continente, y cruzar una frontera a menudo significaba viajar hacia adelante o hacia atrás en el calendario".

Por otro lado, existe el calendario islámico, un tipo de clasificación basada en la luna que divide un año en 12 meses de 29 o 30 días, determinados generalmente por el tiempo que transcurre entre cada luna nueva. Hasta aquí las características se parecen a las del gregoriano, pues no: Los cálculos demuestran que su año no equivale a la duración de un año solar. “Los meses islámicos pueden ocurrir en diferentes épocas del año solar, y solo se alinean con el calendario gregoriano cada 33 años”. Y un pequeño detalle: agrega un día a cada uno de los 11 años en un ciclo de 30 años.

placeholder Calendario lunar. Fuente: Wikipedia
Calendario lunar. Fuente: Wikipedia

El recuento no acaba aquí. Además de estos dos, ha habido y hay otros tipos de calendarios por el mundo: el calendario japonés, el hebreo, el persa, el maya, el calendario etíope, el bengalí, el juche, el indio o el calendario de Nepal, así hasta 16. Asimismo, existen numerosos prototipos más. A lo largo de los siglos, muchas personas en Occidente se han propuesto cambiar el estandarizado porque ¿a quién no le va a gustar un calendario que hay que cambiar cada año? Pues no a mucha gente.

placeholder Calendario Maya. Fuente: Wikipedia
Calendario Maya. Fuente: Wikipedia

El tiempo que perdemos

"Hay un montón de problemas con todos ellos", afirma Nosowitz. Lo primero es que ninguna de las divisiones que conocemos como semanas, meses y años corresponden a su realidad. Así que por eso aún no ha acabado 2021 y ya te están dando o estás comprando el nuevo almanaque de 2022. No es ansia, o quizás sí, pero además de ansia es una cuestión social pendiente. Los trimestres, otra división que se usa a menudo en los círculos comerciales, tampoco duran siempre lo mismo, por eso de que los meses no son iguales. De manera que, tal y como el sistema organiza el calendario escolar/laboral, el primer trimestre tiene 90 o 91 días, el segundo tiene 91 y el tercero y el cuarto tienen 92.

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Que muchos países ahora midan el tiempo con los mismos parámetros no resuelve nada. De la misma forma que perdemos tiempo, perdemos dinero: "Los bonos tienen que utilizar un período para pagar intereses. Algunos basan esto en un mes, digamos, desde el primer día hasta el último día. Debido a que los meses tienen diferentes duraciones, algunos bonos estiman que un mes son 30 días. Invierta en febrero y podría terminar con un par de días de bonificación de interés. Regístrese en julio y podría enfrentar meses consecutivos en los que le estafarán un día de interés", advierte Nosowitz.

En definitiva, no hay una razón real por la que esto tenga que ser así, solo la complejidad de que el mundo se ponga de acuerdo. "No hay absolutamente ninguna razón para que un calendario solar como el gregoriano tenga cuatro tipos de meses diferentes; son arbitrarios con respecto a los ciclos de la luna, y solo uno de ellos es claramente divisible por una semana de siete días", apunta el escritor. Que este año la navidad "caiga mal" no es problema del sol, ni de la luna, ni de la navidad, y ese coraje que te entra al pensar en tus días no libres podría no existir si el tiempo pudiera hacerlo a su manera. Mientras tanto, puedes pensar en ello comiendo los chocolates del calendario de adviento.

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