Los tesoros históricos que dejó el pozo excavado a mano más profundo del mundo
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Los tesoros históricos que dejó el pozo excavado a mano más profundo del mundo

Agua centenaria y arena verde recuerda la historia de este pozo cuyo periodo de uso es igual al tiempo que se tardó en construir

Foto: Fuente: iStock
Fuente: iStock

Más de 390 metros de profundidad tiene el pozo construido a mano más antiguo del mundo. Se encuentra en el complejo industrial 'Warren Farm', en la localidad inglesa de Woodingdean. Lleva allí desde 1862. En la actualidad, tapado, nadie que pase por delante creería que su interior conduce al comienzo de las entrañas mismas del planeta. Pero no solo su presencia resulta fascinante, su simbolismo en la época ha dado lugar en la época actual a auténticos tesoros históricos.

Era 25 de marzo de 1858 cuando un equipo de 45 obreros tuvieron que comenzar a trabajar día y noche para llegar al agua. La ubicación del terreno no les ponía la tarea a su favor: sobre una colina, 200 metros de pico y pala no fueron suficiente. Cada vez hacía más calor, pero el agua no aparecía.

Según apunta Kate McNab en el portal de 'Museum Crush': "La duración de los turnos que se les dio a los hombres se basó en la profundidad a la que estaban trabajando, por lo que quienes estaban en la superficie pasaban 12 horas, los que estaban en la parte media del recorrido del pozo lo hacían diez y los que trabajaban en el fondo del pozo pasaban seis horas allí".

Un evento histórico

Cuatro años después, apareció la tierra verde que presagiaba agua muy cerca. Cuando los trabajadores llegaron a ella, entre la ciudadanía se había generado un sentimiento compartido de enfado por el gasto público que había supuesto. Pero el agua comenzó a subir y, a pesar del agotamiento y el desasosiego, aquello era un evento histórico.

"Al día siguiente de haber llegado finalmente al agua, las campanas de la iglesia sonaron para celebrar la noticia, y una multitud de personas se reunió para ver el primer balde de agua que subía a la superficie", apunta McNab.

De aquello quedan hoy restos intactos que permanecieron décadas en rincones de todo el condado, y que ahora conserva el Museo de Brighton. Desde el fondo del pozo, estos son algunos de ellos:

Un pequeño frasco con la "última arena verde" extraída

En su etiqueta puede leerse la fecha en la que los excavadores llegaron a ella: "16 de marzo de 1862", horas antes de escuchar el agua.

placeholder Fuente: Museo de Brighton
Fuente: Museo de Brighton

Una ampolla con las primeras gotas de agua

Se sabe que en algún momento hubo agua en él, pero desgraciadamente aquella agua se evaporó. En cualquier caso, el frasco ahora seco es una reliquia del propio paso del tiempo. La etiqueta lo revela: el 17 de marzo se hizo el agua en mitad de la oscuridad.

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Fuente: Museo de Brighton

Una medalla conmemorativa que celebra “un milagro de la ingeniería victoriana”

Casualidades de la vida, esta medalla fue entregada a Edgar Willett, el hijo de uno de los fundadores del Museo de Brighton, donde ahora permanece.

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Fuente: Museo de Brighton

Un conjunto de conchas en las que inscribieron datos de la excavación

En estas conchas que fueron apareciendo en la excavación, se grabaron fechas o el nombre del topógrafo, pero, sin embargo, no están los nombres de los obreros que lo hicieron posible. Se utilizaron como recuerdo o 'souvenir'.

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Fuente: Museo de Brighton

“A pesar del enorme costo, el enorme esfuerzo y la promesa de que el pozo le ahorraría a la ciudad una fortuna cada año en tarifas de agua, se utilizó solo cuatro años, y después se abandonó cuando llegó la posibilidad de un suministro de red más práctico”, señala McNab. Actualmente, se localiza a las afueras de un hospital, cubierto con un marco y una pequeña placa.

Gasto público
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