Cómo embalsamaron otras civilizaciones a lo largo de la historia
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Cómo embalsamaron otras civilizaciones a lo largo de la historia

La búsqueda de la eternidad incluso después de la muerte ha estado presente en todas las culturas y la preservación de cadáveres ha llegado hasta nuestros días

Foto: El embalsamamiento de José, del Génesis, un grabado de 1886
El embalsamamiento de José, del Génesis, un grabado de 1886

La búsqueda de la eternidad incluso después de la muerte ha estado presente en todas las culturas. Jesucristo fue embalsamado con una mezcla de mirra y aloe, y las momias egipcias son las mensajeras de tiempos pasados pero no olvidados. Su fascinante preservación ha servido para que en nuestros días comprendamos mejor cómo esas civilizaciones, igual que nosotros, respetaban y temían al Más Allá, pero también sabían que este llegaría tarde o temprano.

¿Cómo lo hacían? ¿Qué técnicas usaban esas culturas antiguas para que sus momias hayan llegado hasta nuestros días? Sus prácticas han servido para que algunos personajes de la historia contemporánea las hayan emulado, con el fin de conseguir aquello que todos andamos buscando.

Los egipcios, los reyes del embalsamamiento

Según el historiador griego Diodoro, una vez que se presentaba el muerto ante sus embalsamadores, se limpiaba. Después, el jefe de embalsamadores se ponía una careta de chacal, simulando a Anubis. Entonces era cuando aparecía el 'cortador'. Esta figura hacía una incisión de unos 15 centímetros de longitud con un cuchillo de Etiopía, y luego tenía que huir porque le perseguían lanzándole piedras, al haberse atrevido a 'violar' un cuerpo humano. Otros operarios sacaban la mayor parte de las vísceras, las embalsamaban y depositaban en cuatro recipientes de piedra que se enterrarían con la momia. Solo el corazón se conservaba intacto, pues tenía que pesarse en el Más Allá.

El cortador hacía una incisión de 15 centímetros de longitud con un cuchillo de Etiopía, y luego tenía que huir porque le perseguían

Desecación: las cavidades vacías del cuerpo se limpiaban con vino de palma y se barnizaban con resinas líquidas que las protegerían de los parásitos. Los expertos creen que se utilizaba natrón (una sustancia natural que contiene bicarbonato y cloruro de sodio), que se trataba para extraer los líquidos y mantener el cuerpo, y que solía durar unos 40 días, lo que coincide con textos en los que se recoge la práctica, como el Génesis.

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Embellecimiento: tras la desecación comenzaba el proceso de embellecimiento, se rellenaba el cadáver con trozos de hilo o serrín para que el cuerpo volviese a su redondez natural. También se pintaban las uñas de las manos y los pies, se trenzaba el cabello de las mujeres y se sustituían los ojos por piedras preciosas. Después, se frotaba el cuerpo con sustancias aromáticas (que aún pueden olerse en algunas momias).

La 'cultura chinchorro', los primeros en la práctica

Hace más de 7.000 años, un pueblo de cazadores y pescadores que se encontraba en la costa del desierto de Atacama consiguió unos procesos de momificación increíbles, con el fin de preservar a sus muertos. Fue 2.000 años antes que los egipcios y su fascinante y compleja práctica, por suerte, ha llegado hasta nuestros días.

Se extraía el cuero cabelludo y la piel del rostro, se sacaba el cerebro y en su lugar se ponían cenizas, arcillas y pelos de animales

El proceso consistía en la extracción de los órganos y las vísceras del difunto a través de incisiones, que eran sustituidos por vegetales, plumas, trozos de cuero, vellones de lana y otros materiales. Se extraía el cuero cabelludo y la piel del rostro, se sacaba el cerebro y en su lugar se ponían cenizas, arcillas y pelos de animales. Luego se modelaba el rostro, se colocaba una peluca y el cuerpo se cubría con una capa de arcilla. En un primer momento, solo momificaban a los recién nacidos y a los niños, pero en el periodo de mayor apogeo de la cultura las técnicas de embalsamamiento se llevaron a cabo con miembros de todas las edades.

Alejandro Magno, en miel

Se cuenta que, cuando el conquistador macedonio murió en Babilonia, su cuerpo fue conservado en miel. Fue enterrado en un sarcófago, pero su lugar de reposo se llenó de miel con el fin de preservar su cuerpo después de la muerte. La miel tiene propiedades antibacterianas y de alto contenido ácido, lo que podría servir para la preservación de los cadáveres.

Horatio Nelson, en brandy

La historia no es apta para aprensivos: cuando el comandante Nelson murió en la mítica batalla de Trafalgar, había que llevar su cuerpo en larga travesía hacia su tierra natal para que fuera enterrado con honores. El problema es que no podía descomponerse por el camino. Pensando, quizá, en la mítica historia de Alejandro Magno, el comandante William Beatty decidió introducirlo en un barril lleno de brandy, con el fin de conservarlo. El problema es que no podía imaginar la sed de los marineros, que perforaron el ataúd del vicealmirante para beberse el brandy, incluso con el cadáver dentro. Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas.

Otros grandes dirigentes

Lo de embalsamar parece que se convirtió en costumbre entre los comunistas. Comenzó con Lenin, cuyo cadáver, casi 100 años después de su muerte, continúa descansando en su mausoleo de la Plaza Roja de Moscú. Su cuerpo es conservado por un grupo de científicos del Instituto de las Plantas Medicinales y Aromáticas de Moscú, que también ayudó a preservar los restos de otros dirigentes como el vietnamita Ho Chi Minh o el norcoreano Kim Il-sung. Su sarcófago de vidrio lo protege de ataques microbianos y evita que se estropee.

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Menos suerte tuvo Mao Zedong, al que, con el fin de mantener su cuerpo en perfecto estado y eternamente, se momificó de una manera un poco desastrosa: inyectaron 22 litros de formol en su cuerpo, una cantidad excesiva que, aunque se pudo distribuir mediante un masaje, lo hinchó y dañó, dejándolo con un aspecto grotesco. Las personas que lo han visto lo comparan con un muñeco de cera.

Otra que también corrió la misma suerte y fue embalsamada fue Eva Perón, que murió con tan solo 33 años debido a un cáncer de útero. Su cuerpo fue trasladado en varias ocasiones, y, según cuentan, Perón y su nueva esposa Isabel viajaron a Argentina con el cuerpo, que reposó dos años en la mesa del comedor de su nueva casa. El presidente de Argentina se encargaba de peinar a su fallecida esposa todos los días, la cual descansa ahora dentro de una bóveda de acero. Quizá piensa ahí encerrada, como los que la precedieron, en la muda soledad de aquellos que tienen la suerte de alcanzar la eternidad.

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