La maldición de los faraones: por qué cada vez que sucede algo en Egipto los culpan
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La maldición de los faraones: por qué cada vez que sucede algo en Egipto los culpan

Las extrañas muertes tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamón y el sensacionalismo de la época provocaron una leyenda que todavía hoy pervive

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Entre marzo y abril de este año en Egipto sucedieron muchas cosas: por un lado, se produjo un desfile histórico de 22 momias de faraones (entre ellas, la del famosísimo y pelirrojo Ramsés II) que fueron llevadas hasta la que es desde entonces su nueva morada: el Museo Nacional de la Civilización Egipcia (NMEC). Por otro lado, el país experimentó el bloqueo del canal de Suez, se derrumbó un edificio en El Cairo provocando la muerte de al menos 25 personas y también se produjo un accidente de tren en Suhag.

A primera vista, no tendría por qué haber ninguna relación entre los terribles accidentes acaecidos en el país y los desfiles de las momias, pero muchas personas quisieron ver una extraña y funesta simbiosis. De hecho, incluso en redes sociales se especuló sobre la llamada 'Maldición de los faraones' o 'maldición del faraón', alegando que no dejar descansar a estos reyes antiguos es lo que habría desatado su furia y provocado la desgracia. Se trata de una creencia antigua y común, pero, ¿de dónde proviene?

En marzo se derrumbó un edificio en El Cairo con 25 personas y también se produjo un accidente de tren en Suhag

"La muerte golpeará con su miedo a aquel que ose turbar el reposo del faraón". Cuando en la década de los años 20 del pasado siglo el egiptólogo Howard Carter, junto con Lord Carnavon y su hija, abrieron la tumba del joven faraón Tutankamón, de la dinastía XVIII, probablemente ya sospechaban que el descubrimiento que estaban llevando a cabo era de gran magnitud. "Veo cosas maravillosas", se cuenta que dijo Carter al hacer el agujero y observar el oro y las riquezas, así como la estancia perfectamente conservada.

Irónicamente, lo más importante de la vida del faraón Tutankamón fue su muerte. El joven, que murió con 19 años y según el análisis tuvo en vida una salud muy frágil, a consecuencia probablemente de la endogamia, había sufrido malaria y tenía que caminar con un bastón porque tenía un pie cavo. Según los estudios, era hijo de Akenatón, el faraón hereje que llevó a cabo una reforma religiosa convirtiendo Egipto en un país monoteísta que rendía culto único a Atón, dios del sol.

Lo más importante de la vida del faraón Tutankamón fue su muerte. Su padre Akenatón, culpable de que su tumba esté bien

No solo eso, sino que también decidió trasladar la capital de Tebas, provocando una crisis económica fruto de todos los cambios. Los que vinieron después de él le condenaron al peor castigo que podía sufrir un faraón: la 'damnatio memoriae' o condena de la memoria. El esfuerzo por conseguir que se olvidará todo rastro sobre él o sus familiares fue, paradójicamente, lo que llevó a que la tumba de Tutankamón se encontrase en perfecto estado.

Y aquí comienza la maldición. Tras la apertura de la tumba comenzaron a morir personas que habían participado en el descubrimiento. En marzo de 1923 (cuatro meses después de abrir la tumba), un mosquito picó a Lord Carnavon (que ya de por sí tenía una salud frágil) y después se cortó la picadura mientras se afeitaba, lo que le causó una septicemia. Murió, por neumonía, el 5 de abril. La leyenda cuenta que cuando falleció se produjo un apagón en el Cairo que dejó a oscuras la ciudad momentáneamente.

Tras la apertura de la tumba comenzaron a morir personas que habían participado en el descubrimiento

Después de esta se sucedieron otras muertes: Aubrey Herbert, medio hermano de Lord Carnavon que también estuvo presente en la apertura de la cámara real, murió inexplicablemente al volver a Londres (también había tenido desde su juventud una salud frágil, y en los últimos años de su vida estaba prácticamente ciego). Arthur Mace, el hombre que dio el último golpe al muro para entrar en la cámara real, murió en El Cairo al poco tiempo y sin explicación médica. Sir Douglas Reid, que radiografió la momia de Tutankamón, enfermó y volvió a Suiza donde murió dos meses después. La imaginación de los periodistas de la época hizo el resto, al igual que la película rodada en los años 80 llamada 'La maldición de Tutankamón'.

placeholder Abu Simbel. (iStock)
Abu Simbel. (iStock)

Lo cierto es que toda la historia de la supuesta maldición volvió a resurgir con fuerza en las décadas de los 60 y 70, cuando varias piezas del Museo Egipcio de El Cairo se trasladaron a otras exposiciones temporales en museos europeos. Al parecer, los directores de algunos de los museos murieron poco tiempo después, o eso es lo que los periódicos ingleses extendieron, hablando también de algunos accidentes que sufrieron los tripulantes del avión que llevó las piezas a Londres.

Una de las teorías más plausibles es que las muertes pudieran estar relacionadas con una infección causada por hongos

En realidad algunas figuras como Conan Doyle fueron las que se encargaron de forjar la leyenda. Recordemos, al fin y al cabo, que tanto el escritor como su mujer eran fervientes espiritistas desde que su hijo había muerto en la Primera Guerra Mundial, y tenían cierta tendencia a creer en asuntos paranormales. Como señalábamos antes, los medios sensacionalistas o la novelista británica Marie Corelli tampoco ayudaron mucho. Con el paso del tiempo, una de las teorías que más fuerza tienen es que las muertes pudieran estar relacionadas con una infección causada por hongos, que habían sobrevivido durante años en la tumba del joven faraón, lo que según la hipótesis habría aumentado su virulencia.

De cualquier manera, hay que tener en cuenta que aunque se registraron unas 25 muertes a lo largo del tiempo, un estudio mostró que de las 58 personas que estuvieron presentes cuando se abrió la tumba, solo ocho murieron en los siguientes 12 años. De hecho, Howard Carter, probablemente la figura más importante de la excavación, fue la excepción a la regla y murió en 1939 con 64 años. Él mismo se encargaba siempre de negar la supuesta maldición cuando se hablaba de ella: "Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas", indicando que esas creencias no eran más que viejos cuentos de fantasmas reconvertidos, y que los faraones jamás maldecían a aquellos que los visitaban o se ocupaban de ellos, sino que los bendecían.

"Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas" decía Carter

Sea como fuere, la creencia en la maldición de los faraones sigue presente incluso en tiempos tan incrédulos como los actuales, pues los faraones egipcios siguen causando fascinación y cierto temor en los seres humanos, quizá por todos los misterios con los que se amortajaron. La copa con la que Tutankamón fue enterrado tiene una inscripción que coincide con el epitafio de Howard Carter: "Pueda tu espíritu vivir /durante millones de años/ tú que amas Tebas/ sentado con la cara al viento del norte/ los ojos llenos de felicidad". Buscaba (y encontró) lo que todos ansiamos, al fin y al cabo: la eternidad.

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