Cómo te puede destrozar la vida comerte la hamburguesa de tus sueños
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LLEVA CINCO OPERACIONES

Cómo te puede destrozar la vida comerte la hamburguesa de tus sueños

Una mujer británica lleva siete años sin poder comer nada sólido después de que se dislocara la mandíbula al tratar de comer una hamburguesa

Foto: Al abrir en exceso la boca se dislocó la mandíbula (Louis Hansel - Restaurant Photographer para Unsplash)
Al abrir en exceso la boca se dislocó la mandíbula (Louis Hansel - Restaurant Photographer para Unsplash)

Holly Strevens era una apasionada de la comida rápida. En septiembre de 2014, llamó a KFC, uno de sus restaurantes favoritos, para que le llevaran un pedido a casa: se iba a comer una Wicked Zinger Burger, una hamburguesa doble de pollo frito. Ahora, casi siete años después, se arrepiente infinitamente de haber pedido aquella suculenta hamburguesa.

Esta mujer británica que hoy tiene 34 años se dislocó la mandíbula cuando trató de encajar toda la hamburguesa de un mordisco. Le diagnosticaron trastorno de la articulación temporomandibular (ATM, por sus siglas en inglés) y, desde entonces, su vida se ha convertido en un infierno: ha tenido que operarse cinco veces y sigue teniendo dolores a diario.

Foto: Se gastan 4.000 euros en hamburguesas y Dom Perignon (Twitter/kike_moris)

Holly ha contado al Manchester Evening News lo que le pasó: "Estaba comiendo la hamburguesa mientras veía la tele y, de repente, sentí un fuerte ruido como si algo se rompía. Era la articulación del lado izquierdo de mi mandíbula. Parecía normal, pero la sensación era horrible: no paraba de 'bloquearse y desbloquearse'. Debí abrir demasiado mi boca al morder la hamburguesa".

Una vida destrozada

A partir de aquel momento, la vida de Holly cambió para siempre: ha tenido que someterse a cinco operaciones, aunque aún habrá más; le han tenido que colocar 12 tornillos en la mandíbula y no puede comer nada sólido; sufre dolores crónicos y, por si fuera poco, las bajas que ha tenido que cogerse y la ansiedad que sufre han terminado por costarle su puesto de trabajo.

Holly ha pasado ya cinco veces por el quirófano, pero aún le esperan más operaciones

Holly se arrepiente cada día de aquel momento en el que decidió pedir una hamburguesa: "La gente abre la boca hasta 35 mm, pero el movimiento de mi mandíbula se redujo a 13 mm. Me cambió la vida, ahora me han concedido una discapacidad y perdí mi independencia totalmente. Mi salud mental ha empeorado y tengo ansiedad porque podría sufrir convulsiones cuando estoy sola".

En 2017, un cirujano le colocó un disco artificial en el lado izquierdo de la mandíbula, pero sus dolores no mejoraron: Ahora, espera "que me sustituyan el lado derecho para acabar con el incesante dolor crónico". Una cicatriz que recorre desde el lóbulo de la oreja hasta la altura de sus cejas le recuerda en todo momento el calvario que está sufriendo.

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