Los antepasados del aire acondicionado: así se refrescaban los antiguos en verano
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Los antepasados del aire acondicionado: así se refrescaban los antiguos en verano

Ahora es normal encontrarse con edificios equipados con este dispositivo pero, ¿qué ocurría antes, cuando apenas hacía nada que se había inventado la electricidad?

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Fuente: iStock

El mundo debería deberla una 'muy gorda' a un tal Willis Haviland Carrier. Este hombre nacido en el siglo XIX inventó algo sin lo que muchos no podríamos vivir. El aire acondicionado, pese a resultar un poco incómodo cuando está a máxima potencia, contaminar y ser responsable de algún que otro resfriado en época estival, ha salvado la vida a aquellos que tan mal llevan el calor extremo de algunos días de verano. O al menos, se la ha hecho más cómoda.

Nacido en Nueva York en 1876, recibió una beca en la Universidad de Cornell y más tarde se graduó en ingeniería eléctrica. Al principio comenzó a diseñar sistemas de calefacción para secar la madera, por lo que se le debió ocurrir inventar un dispositivo inverso que enfrentara los tradicionales sofocos que, por desgracia y debido al cambio climático, han ido a más con el paso de los años, pero que también se han dado en diversas zonas del planeta que antes no estaban acostumbradas a las altas temperaturas como Canadá o Siberia. Ahora bien, cabe preguntarse cómo se las arreglaban en el pasado para no morir de calor. ¿Qué dispositivos se utilizaban cuando no había electricidad ni aires acondicionados?

La mecedora-ventilador

En 1780, apenas cuatro años después de que naciera Carrier, un hombre que se dedicaba a fabricar instrumentos musicales llamado John Cram inventó un dispositivo de enfriamiento inteligente (aunque algo torpe) que logró vender provechosamente en un mercado que ya se moría de calor. Algunos de sus clientes no eran para nada personas normales: el propio George Washington llegó a pagar 32 chelines y 6 peniques por uno, según recoge un interesante artículo de 'Mental Floss' sobre este tipo de artilugios.

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Foto: Archivos Nacionales de Estados Unidos. (Flickr)

El funcionamiento de esta especie de mecedora era usar los pies para que un ventilador que había en la parte superior de la mecedora esparciera el aire. De acuerdo a algunos estudios históricos, Benjamin Franklin también poseía uno. Aun así, no gozó de mucha fama y popularidad, tal vez por su sencillez y porque, realmente, no cumplía demasiado aquello que prometía, saliéndole el tiro por la culta a su inventor.

Toldos en las ventanas

Aunque ahora casi todos los apartamentos tienen el clásico toldo verde en sus ventanas para protegerse de la lluvia o del intenso sol de julio, lo cierto es que hay ciertos edificios construidos hacia la mitad del siglo XIX en los que sus arquitectos ya pensaron en ellos como parte integral del diseño. Como por ejemplo, los del Nueva York decimonónico, cuya utilidad acabó convirtiéndose en una moda, y a la vista está de que realmente quedaban muy elegantes.

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Foto: Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Nada que ver con el verde costumbrista típico de los barrios españoles de la actualidad. Esa forma ovalada a modo campana conseguía que el sol no impactara tan directamente en las ventanas y, gracias a eso, el calor no entraba tanto en la casa. "En cuanto a los colores, las combinaciones más ricas y efectivas son los tonos naranja y marrón", observa la antigua publicación 'The Ladies World' de 1896.

Los punkahs o abanos

placeholder Los míticos punkahs. (Wikimedia Commons)
Los míticos punkahs. (Wikimedia Commons)

Un 'protoventilador' de lo más excluyente, exclusivo y discriminatorio. De ahí que asiente sus orígenes en la India colonial. Este dispositivo de esparcimiento del aire no funcionaba por sí mismo, sino que necesitaba que alguien estuviera continuamente accionándolo. Por ello, los tiranos colonos ingleses contrataban a trabajadores temporeros pobres o bien directamente les obligaban a pasar días y días tirando del cordón que unía un trozo de tela en el techo para que este se moviera de un lado a otro de la habitación. La moda también terminó extendiéndose al sur de Estados Unidos justo antes de la Guerra de Secesión.

Las cámaras de hielo y protoventiladores

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Foto: Wikimedia Commons.

En las décadas de 1880 y 1890, los empresarios más acaudalados de Estados Unidos experimentaron con bocetos de lo que luego vendría a ser el ventilador. Estos usaban aspas que giraban y expulsaban el aire hacia fuera, con la peculiaridad de que estaban conectadas a bóvedas subterráneas repletas de hielo. Así, empezaron a usarse en los teatros de Nueva York y Broadway. También se les solía añadir un poco de perfume para que la sala abarrotada de público no oliese a sudor.

El clásico abanico

Más allá de todos estos inventos tan ingleses y estadounidenses, cabe destacar aquel instrumento manual para refrescarse que seguimos y seguiremos usando, probablemente, hasta el final de nuestros días. El clásico abanico, uno de los grandes símbolos de la cultura española y flamenca, el cual no desaparecerá por muchos avances técnicos y científicos en materia de enfriamiento industrial. ¿Puede haber algo más efectivo para el calor que un trozo de tela concienzudamente plegada para dispersar el aire y refrescar al instante a su portador? Sin duda, uno de los grandes inventos de la historia de la humanidad, tan simple como útil y bonito, ya que existen verdaderas obras de arte en torno a este objeto.

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