Cuando las 'apps' para ligar discriminan y dan forma a nuestros peores deseos
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Cuando las 'apps' para ligar discriminan y dan forma a nuestros peores deseos

Después de haber vivido un año de socialización no presencial, cabe preguntarse si lo que deseamos sigue siendo genuino o está a merced de los algoritmos

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Si eres un asiduo o asidua a las 'apps' para ligar como Tinder, Badoo o Grindr sabrás que en todo momento lo que prima es la sensación visual que te imprime el perfil de un 'crush' potencial. A través de la información que brindamos sobre nosotros y las fotos que subimos, cientos de usuarios se pueden hacer una idea aproximada de cómo somos, lo que nos gusta y a su vez cómo nos vemos a nosotros mismos. Dependiendo de lo gracioso, único o atractivo que sea nuestro perfil, tendrá más 'likes' que si nos decantamos por una descripción demasiado breve y al uso.

De hecho, hay auténticos artistas del erotismo en estas herramientas. Y un montón de leyes no escritas para gustar a los demás, como por ejemplo mostrar imágenes de nosotros posando con mascotas o desempeñando alguna actividad artística. Lo que es más importante, a la hora de la verdad... ¿cuáles son los perfiles que más te llaman la atención? Muchos usarán estas aplicaciones con tanta velocidad como el resto, y apenas se detendrán a pensar qué es lo que les atrae y qué es lo que les repele de un determinado perfil. De este modo, pasamos de una persona a otra con una velocidad de espanto, llegando a entrar en un bucle en el que ya ni siquiera sabemos a quién le dijimos que sí y a quién que no, como si fuera un juego basado en los impulsos más primarios.

"Para los jóvenes que no coinciden con las expectativas de perfección fotogénica, la formación de su identidad parte de un rechazo constante"

Hay que tener en cuenta el enorme auge que han tenido estas herramientas durante este año de pandemia. Al ver tan mermada nuestra vida social, la inmensa mayoría recurrió a ellas para socializar o conocer gente nueva y tener un poco de compañía, aunque fuera telemática. Y ahora, tal y como vaticinan las sexólogas en un antiguo artículo, en cuanto las restricciones sociales vayan disminuyendo, volveremos poco a poco a ser cómo éramos antes, por lo general prefiriendo la actividad de conocer a alguien en persona y no a través de una pantalla.

¿En qué te fijas cuando conoces a alguien? ¿Qué te gusta o te atrae de esa persona? Muchos dirán que lo primero siempre pasa por los ojos: el aspecto físico. Otros, entenderán la química que surge y el buen rollo, mientras que haya algunos que reconozcan estar en un punto medio de ambas. Al final, son aspectos que tenemos en cuenta cuando conocemos a una persona nueva en la vida real, pero ¿qué pasa en las 'apps' para ligar?

Una mera imagen

En esta serie de herramientas es difícil hacerse una idea de cómo es la otra persona. Más allá de que sea muy fácil mentir en redes sociales e intentar suplantar la identidad de alguien o robar su rostro (de ahí que en los últimos años plataformas como Tinder consideren la verificación de los usuarios como muy importante), al final con lo único que nos quedamos es con una imagen, una fotografía o un vídeo de apenas unos segundos. Del resto, se ocupa el algoritmo.

Si el 'ghosting' se cronifica, la autoestima y la percepción de uno mismo puede mermar y empeorar de forma significativa

De algún modo, este método de selección de candidatos es muy similar a la forma en la que se presentan muchos productos y bienes de consumo en el capitalismo: una oferta muy rápida de cuerpos en la que se acumulan los 'matches' y las conversaciones entre los usuarios apenas pasan de las 'small talks' clásicas llevadas al chat digital. Todo superficialidad. Eso si no te encuentras con más de un grosero que sea demasiado directo y te espante con sus piropos. En caso de que funcione y los dos seáis compatibles, bien podéis quedar para ver si hay química entre vosotros. Muchas parejas se quedarán en esta primera cita, mientras que otras tal vez pasen a un segundo nivel. Y si no, a otra cosa.

El fenómeno del 'ghosting' es muy acuciante en este universo. Al no tener ningún compromiso con la persona que acabas de conocer, es muy fácil desprenderte de ella y sacarla de tu vida simplemente ignorándola. En todo caso, puede llegar a molestarte si solo te lo hacen una vez, pero si ya son varias, la autoestima y la percepción de uno mismo puede mermar y empeorar significativamente. Pero mejor que te hagan 'ghosting' a que después de hacer 'sexting' con esa persona que acabas de conocer y en la que crees que puedes confiar suba imágenes íntimas tuyas a la red para que todo el mundo las vea. En definitiva, las 'apps' para ligar son un campo de minas, pero más allá de esto, ¿existe algún tipo de discriminación en estas plataformas?

Foto: ¿Tu 'crush' no te contesta? (iStock)

Según un estudio llevado a cabo por 'Business Of Apps', las mujeres negras, los hombres asiáticos y cualquier minoría racial obtiene de una manera muy significativa menos coincidencias en las aplicaciones de citas que otros usuarios de media. "Las citas online han ayudado a millones de personas a encontrar el amor", asegura James Bloodworth, periodista de 'News Statesmen', quien ha escrito un interesante reportaje sobre el tema. "Pero para los jóvenes que no coinciden con las expectativas de perfección fotogénica, la formación de su identidad se está llevando a cabo dentro de un bucle de retroalimentación de rechazo constante". De hecho, en un estudio de 2016 se descubrió que los usuarios de Tinder tenían menos autoestima y más problemas con su imagen corporal que los que no usaban esta 'app'.

Por otro lado, en las conversaciones informales se habla mucho de que siendo hombre es muy difícil hacer 'match', mientras que siendo mujer es muy raro el día en el que no te levantes y no tengas un 'super like'. "Las mujeres han sido objetivadas sexualmente durante mucho tiempo, mientras que ellas son bombardeadas con mensajes no deseados y degradantes en las 'apps' para ligar, un hombre promedio que no es demasiado atractivo puede esperar ser aceptado por menos del 1% de las mujeres en Tinder".

Cabe preguntarse si nuestro deseo es propio o ha sido inculcado de manera subliminal y progresiva por los algoritmos que discriminan o favorecen determinados contenidos

No es casualidad que movimientos como el de los 'incels' (célibes involuntarios) hayan aumentado tanto en los últimos años en los foros más oscuros (y también más convencionales), hasta el punto protagonizar atentados y ataques en masa en Estados Unidos. "La desigualdad generada por las aplicaciones puede estar haciendo aumentar el resentimiento de muchos hombres que acaban radicalizándose en su misoginia y paranoia propias de la comunidad incel", asegura Bloodworth.

Foto: Trabajadores limpiando la sangre de la calle de Toronto donde se produjo el atentado. (Reuters/Carlo Allegri)

Una de las grandes paradojas de nuestro siglo en relación con la tecnología es que en vez de usarla como una herramienta como en un principio se concibió, es ella la que nos domina a nosotros a través de los dispositivos. Los escenarios distópicos más populares en los que se dibuja un mundo regido por las máquinas o los robots no hace falta que se hagan realidad; tan solo hace falta echar un vistazo a nuestro 'feed' de YouTube o de Tinder para saber qué nos mueve en la red, qué nos gusta, interesa o desagrada, en qué gastamos el dinero y qué es lo que más deseamos. Y ahora, cabe preguntarse si nuestro deseo es propio o ha sido inculcado de manera subliminal y progresiva por los algoritmos que discriminan o favorecen determinados contenidos. Al igual que en las 'apps' para ligar se dan un mayor número de coincidencias sobre un tipo muy concreto de cuerpos. Podemos creer que somos nosotros quienes elegimos, pero tal vez la decisión esté condicionada de antemano.

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