Tabaco calentado, ¿una alternativa al tradicional para pacientes concretos?
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MESA REDONDA EL CONFIDENCIAL-PHILIP MORRIS

Tabaco calentado, ¿una alternativa al tradicional para pacientes concretos?

Varios médicos se reúnen en un encuentro digital con el propósito de debatir las mejores opciones para dejar de fumar entre aquellos pacientes a los que no les funcionan las terapias tradicionales

El consumo de tabaco puede estar detrás de ocho de cada 10 casos de cáncer de laringe y pulmón, según un estudio de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). A lo que se suman otras enfermedades respiratorias crónicas como el EPOC, que provoca una tos dolorosa y graves dificultades respiratorias. Pero a pesar de la información que la sociedad ya conoce y maneja, muchos fumadores diarios todavía no se han planteado abandonar este hábito. Así lo reflejan datos recientes del Gobierno: un 61,6% ha barajado la opción de dejar de fumar, y tan solo el 37,2% lo ha intentado.

Qué hacer con estas personas que no pueden dejar de fumar es una cuestión que se puso encima de la mesa en un encuentro digital organizado por El Confidencial y Philip Morris. En el debate, participaron Xavier Pintó, director de la Unidad de Lípidos y Riesgo Vascular del área de Medicina Interna del Hospital Universitario de Bellvitge-Idibell; Vivencio Barrios, médico adjunto del servicio de Cardiología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid; José Miguel Rodríguez, jefe de servicio del Hospital de Alcalá de Henares, y José María Recalde, médico experto en evaluación de tecnologías sanitarias y exdirector del Cadime (Centro Andaluz de Información de Medicamentos).

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La principal causa de adicción es la nicotina, una sustancia que se encuentra en el tabaco y que solo tarda siete segundos en llegar al cerebro. Una vez allí, libera dopamina, que provoca una sensación de bienestar en los fumadores. Pero aparte de la nicotina, el humo que libera un cigarrillo tradicional contiene muchos más químicos generados por la combustión (quemado) del tabaco y de sus aditivos: en concreto, alrededor de 100 sustancias tóxicas, y según la FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos), 15 son dañinas o potencialmente dañinas, siendo las principales causantes del desarrollo de enfermedades vinculadas al tabaquismo.

Como alternativa a los cigarrillos tradicionales, “se han desarrollado otros dispositivos que permiten la inhalación de nicotina a través de sistemas que no alcanzan la combustión, consiguiendo una reducción del 95% de las sustancias tóxicas”, explicó José María Recalde, médico experto en evaluación de tecnologías sanitarias y exdirector del Cadime (Centro Andaluz de Información de Medicamentos). Bajo su punto de vista, la nicotina es, a la vez, problema y solución: “Aunque no es inocua, es la causa química de la adicción, pero no de las enfermedades. Tenemos que dar nicotina a aquellos que la necesitan y reducir otras sustancias dañinas”.

"El 55% de los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio sigue fumando después. Es una cifra escandalosa" (Vivencio Barrios)

Para esclarecer las diferencias entre los distintos tipos de alternativas, José Miguel Rodríguez, jefe de servicio del Hospital de Alcalá de Henares, quiso recordar que existen tres métodos para fumar: el cigarrillo tradicional, que contiene humo (porque se produce combustión), tabaco y nicotina; el cigarrillo electrónico, con vapor (los llamados 'vapeadores'), sin combustión, con una solución líquida calentada por una batería y que puede llevar nicotina o no, y el tabaco calentado, que también emite vapor, sin combustión (no se quema el tabaco, solo se calienta), y con una diferencia fundamental respecto al cigarrillo electrónico: contiene tabaco, y por lo tanto nicotina.

Rechazo de parte de la comunidad científica, ¿por qué?

Lo cierto es que, a día de hoy, existe una falta de evidencia científica a largo plazo sobre este tipo de dispositivos que calientan tabaco, motivo por el que parte de la comunidad científica muestra cierto escepticismo hacia su uso mientras que otra parte está a favor de utilizarlos como herramientas para reducir el daño. Estos productos son relativamente jóvenes, y aún no hay conclusiones certeras sobre su capacidad para ayudar a dejar de fumar, según manifiesta la OMS. Por ello, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) apuesta por tratamientos como, por ejemplo, las terapias sustitutivas con nicotina y bupropion —un fármaco con propiedades psicoestimulantes indicado como antidepresivo y para el tratamiento del tabaquismo—, unidas al asesoramiento psicológico.

Para los ponentes, la primera opción está más que clara: hay que dejar de fumar y ofrecer a los pacientes todas estas alternativas para conseguirlo es clave. Pero no todo es tan sencillo. Al menos, eso muestran los datos. Por ejemplo, cada año mueren en el mundo cerca de dos millones de personas como consecuencia de cardiopatías inducidas por el hábito de fumar, según un estudio de la OMS. Y a pesar de ello, muchos pacientes que sufren un infarto de miocardio siguen fumando: “En Europa, el 55% de los pacientes que han pasado por esta situación continúa con este hábito después, es escandaloso”, lamentó Vivencio Barrios, médico adjunto del servicio de Cardiología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.

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Qué hacer con estos pacientes cuando los métodos tradicionales para dejar de fumar no funcionan es una pregunta que preocupa a los expertos. Precisamente, Xavier Pintó, director de la Unidad de Lípidos y Riesgo Vascular del área de Medicina Interna del Hospital Universitario de Bellvitge-Idibell, reveló que el hospital donde ejerce cuenta con un programa específico para el seguimiento de pacientes que han sufrido una enfermedad cardiovascular (para hombres menores de 50 años y mujeres por debajo de los 60): “Encontramos que el 20% de estas personas sigue fumando después de haber sido tratadas. Conseguimos controlar otros aspectos como el colesterol, pero que dejen de fumar es más complicado”, lamentó.

Barrios enjuició que “aunque el tabaco calentado no es una solución inocua, reduce bastante el riesgo en comparación con el cigarrillo tradicional, y esto es mejor que seguir fumando tabaco con combustión”. Respecto a los estudios a largo plazo, José María Recalde opinó que "no podemos esperar 20 años hasta que las investigaciones sean concluyentes mientras siguen muriendo personas", y puso el ejemplo de los medicamentos: "Muchos salen al mercado sin tener estudios a largo plazo, porque si no, no avanzaríamos nunca".

"En Japón, hay menos hospitalizaciones por EPOC en personas que han pasado del cigarrillo tradicional al calentado" (Rodríguez)

Otra de las cuestiones que puso sobre la mesa Xavier Pintó tiene que ver con la utilización de estos mecanismos por parte de jóvenes y adolescentes: "Hay que controlarlo para que no sea un puente de inicio al tabaquismo". Desde Separ, afirman que su uso ha aumentado en los últimos años. Pero, "en la población joven, también está creciendo el consumo de tabaco tradicional con combustión, que es mucho más perjudicial", apuntó Recalde.

¿Qué podemos hacer para evitar su uso en los más jóvenes? Los ponentes destacaron dos aspectos: educación y monitorización. “Hay que comunicar a la población que, aunque mucho menos dañino, el tabaco calentado no es inocuo”, afirmó Pintó. Por su parte, el médico adjunto del servicio de Cardiología apostó por monitorizar los datos de personas que utilizan tabaco calentado y comprobar si se produce un aumento del consumo en gente no fumadora.

Qué se está haciendo en otros países

Aunque "queda un largo camino", los expertos pusieron sobre la mesa algunas pruebas científicas que arrojan algo de luz: "Se han realizado experimentos con ratones susceptibles de padecer enfermedades pulmonares relacionadas con la combustión de los cigarros, y con el uso de alternativas como el tabaco calentado ha disminuido drásticamente el riesgo", contó el jefe de servicio del Hospital de Alcalá de Henares, quien además añadió que países como Japón, "muy introducidos en este tipo de alternativas", ya cuentan con estudios que "evidencian una reducción de hospitalizaciones por EPOC en personas que han pasado del cigarrillo tradicional al calentado".

Los ponentes también explicaron que en otros lugares como Reino Unido se está normalizando el uso de estas alternativas para doblegar la tasa de tabaquismo: "Han reformulado su política nacional antitabaco y ahora el objetivo es terminar con la combustión", explicó Recalde, quien además apuntó que, desde 2017, "se calcula que en este país ha habido 50.000 abandonos del tabaco tradicional gracias a estas técnicas alternativas de administración de nicotina sin combustión". En este sentido, Xavier Pintó abogó por llevar a cabo estudios profundos que analicen "si el uso de estos dispositivos ha influido en que en algunos países se haya mantenido el nivel de tabaquismo intacto en los últimos 20 años, mientras que en otros ha subido o bajado drásticamente".

Para concluir, el jefe de servicio del Hospital de Alcalá de Henares explicó que si el tabaco calentado tuviera efectos tan graves como el cigarrillo convencional, "probablemente ya se sabría". Ahora se pregunta “cómo podemos despertar el interés en la Administración y en la comunidad científica de manera correcta para que se profundice con más investigaciones”. En esta línea, Vivencio Barrios demandó más investigación por parte de los poderes públicos en España: “Todas las alternativas se enfocan en reducir los productos tóxicos, y esto, con investigación, tiene que dar buen resultado”, concluyó.

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