Futuro: ¿podremos oler algún día los aromas a través de la televisión?
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Futuro: ¿podremos oler algún día los aromas a través de la televisión?

¿Algún día podremos estar viendo un programa y notar los aromas? ¿Por qué no se ha inventado aún un dispositivo que lo permita?

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Fuente: iStock.

El ser humano suele encaminarse hacia el futuro con la cabeza puesta en el pasado, lo que significa que pocas veces nuestros pronósticos de cómo serán los tiempos venideros son acertados. Eso incluye a nuestros antepasados, a principios del siglo XX, que pensaban que en la época actual (o antes) las ciudades estarían techadas, los coches serían voladores o los robots controlarían el mundo (recordando, eso sí, las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov).

Si bien no acertaron del todo, es innegable que la tecnología ha avanzado en poco tiempo y que, hace tan solo diez o quince años era impensable pensar en teletrabajar, hacer videollamadas con amigos o pedirle a Alexa (o cualquier sucedáneo), lo más parecido a un robot distópico, que nos deleitara con un poco de música clásica. Si hay un objeto que desde su aparición ha creado cientos de expectativas y pronósticos sobre el futuro es la televisión. Al fin y al cabo, video killed the radio star.

En 1936 comenzaron las emisiones con programación en Inglaterra, y en Estados Unidos en 1939, coincidiendo con la Exposición Universal de Nueva York. A nuestro país tardaría un poco más en llegar, y las familias pudieron congregarse frente a la 'caja tonta' en los años 50, aunque con mucha menos variedad de programación y en blanco y negro. Desde entonces, las incógnitas en torno al objeto más querido de la casa han sido muchas, ¿destronaría al cine? ¿Podría verse en 3D? Y, una sin duda aún más original, ¿podría olerse a través de ella para disfrutar de una experiencia completa?

Predecir y recrear olores artificialmente bajo demanda es extremadamente difícil

Desde luego, suena interesante. Imagina poder oler la comida que cocina Arguiñano, el césped de una película de las cuatro de la tarde o la colonia del último anuncio que acaban de pasar. En un momento en que el 3D está más que controlado y películas como Avatar (2009) se basaban justamente en la experiencia de poder vivir la cinta como si te encontrases dentro de ella, parece que el sentido del olfato es el último territorio por conquistar en materia audiovisual.

Según explica 'BBC', el problema fundamental es que aún no comprendemos completamente cómo funciona nuestro sentido del olfato. Fue en 1991 cuando dos científicos de la Universidad de Columbia en Nueva York publicaron un trabajo que finalmente reveló que nuestro sentido del olfato se basa en unos 1.000 genes diferentes, aproximadamente el 3% de nuestro genoma total, que codifican receptores que ocupan una pequeña área de tejido que recubre la parte superior de nuestras cavidades nasales. Cada célula de este tejido olfativo expresa solo un tipo de receptor, pero juntas nos permiten detectar alrededor de 10,000 olores cuando diferentes moléculas de olor aterrizan en ellas, lo que desencadena pulsos nerviosos en nuestro cerebro.

El olfato, un sentido 'menor'

Aseguran, por tanto, que predecir y recrear olores artificialmente bajo demanda es extremadamente difícil (además, gran parte del trabajo sobre los olores artificiales está estrechamente guardado por multinacionales reservadas). Otro punto a tener en cuenta es el relacionado con los olores que nos parecen repugnantes: a menudo son individuales y dependen de pequeñas diferencias en nuestros genes.

Se podría usar la colonia del asesino para indicar a la audiencia que ha entrado en una habitación donde el protagonista no se da cuenta de su presencia

Según la cineasta Grace Boyle, uno de los problemas principales es que el olfato es un sentido que se considera 'menor' o al que no se da tanta importancia, y por ello no se ha investigado tanto en su campo. Sugiere usar el aroma de formas más sutiles en una producción. En lugar de transmitir el olor a pan a un auricular mientras se desarrolla una escena en una panadería, por ejemplo, podría ser mejor usar la colonia del asesino para indicar a la audiencia que ha entrado en una habitación donde el protagonista no se da cuenta de su presencia. Sería el equivalente olfativo de la música que genera tensión en una escena.

Otro problema es el precio, por ejemplo, David Edwards, bioingeniero de la Universidad de Harvard, es inventor de un "altavoz de esencia digital" que llamó Cyrano. Lanzado en 2016, era un sistema basado en cartuchos que podía generar alrededor de diez o más olores diferentes. Cada unidad costaba unos 49 dólares. En general, según cuenta, los consumidores no lo entendían y la mayoría de los dispositivos acabaron acumulando polvo en un cajón porque la gama de olores era muy repetitiva y la gente no cambiaba los cartuchos.

Por ahora, y sobre todo en tiempos de coronavirus, es difícil pensar en gente que acepte a meterse electrodos por la nariz. Además, hay determinados olores en películas que nadie querría experimentar (¿recuerdas a Mark Renton sumergiéndose en un váter en 'Trainspotting'?). No es una realidad todavía, pero quizá en un futuro sí podamos experimentar aromas en la televisión o el cine para disfrutar de una experiencia más completa.

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