Por qué los nazis acabaron amando óperas sobre personajes 'queer'
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EL CÍRCULO DE BAYREUTH

Por qué los nazis acabaron amando óperas sobre personajes 'queer'

Es bien sabido que Hitler y sus seguidores eran fervientes admiradores de Richard Wagner. Un nuevo libro explora la profunda connotación homoerótica que había en sus obras

placeholder Foto: Hitler junto a Cosima Wagner, nuera del compositor y directora del Festival de Bayreuth. (Archivo)
Hitler junto a Cosima Wagner, nuera del compositor y directora del Festival de Bayreuth. (Archivo)

El vello se eriza y, si se escucha a un volumen elevado, puede provocar agudas sensaciones bélicas, heroicas y tremebundas, gracias a sus trémolos de metales y cuerda frotada. Carros de fuego surcan los cielos incendiando todo a su paso. Son las valkirias, las hijas de Odín, cabalgan a lomos de pegasos y habitan en el plano intermedio entre los dioses y los hombres; reciben, acompañan y cuidan a los héroes caídos en batalla en el Valhalla, el lugar donde los honorables guerreros descansan por toda la eternidad.

Como el lector habrá intuido, se trata de la trama argumental más conocida del tercer acto de 'La Valquiria', la segunda ópera de la tetralogía 'El anillo del nibelungo', compuesta por Richard Wagner. Esta obra musical inmortal no solo nos retrotrae al mundo de la mitología nórdica, sino también a momentos históricos de la historia contemporánea como es la fundación del Tercer Reich alemán y a Adolf Hitler. En cierto momento de la historia, los nazis se apropiaron de esta obra artística de tanta magnitud, que sin duda también les unía con otros intelectuales y pensadores ilustres de los que se sirvió el Partido para dar una trascendencia mucho mayor a su proyecto político, entre ellos Friedrich Nietzsche o Martin Heidegger.

Algunos personajes como Sigfrido, "encarnaron los ideales de Wagner sobre lo que era verdaderamente masculino y alemán como algo deseable"

Esta apropiación de la obra wagneriana fue responsabilidad, en mayor medida, de Houston Stewart Chamberlain, un pensador británico y nacionalizado alemán, quien escribió un libro que sirvió de cuna de lo que se llamó pangermanismo, titulado 'Los fundamentos del siglo XIX', el cual ya señalaba al judeocristianismo como el enemigo prioritario de la cultura alemana. Chamberlain se casó con la hija del propio Wagner, llamada Eva, y en 1923 conoció a Hitler en el Festival de Bayreuth, celebrado en honor a las óperas del músico germano.

Foto: Richard Wagner, fotografiado en 1875

Ahora, casi un siglo después de aquel encuentro entre Chamberlain y Hitler en honor a Wagner, el prestigioso crítico musical estadounidense Alex Ross, publica un libro titulado 'Wagnerism: Art and Politics in the Shadow of Music' en el que aborda una teoría por la cual muchos de los personajes en los que se inspiraron las obras del genio alemán en realidad guardaban atributos homoeróticos que los nazis habrían detestado, apoyando la teoría de que debajo del disfraz del héroe romántico alemán, guerrero y belicoso, se escondía una masculinidad frágil y endeble, que subliminalmente alude a la disforia de género.

Wagner: ¿un 'queer' antes de tiempo?

Ross no es el primero en percibir esta serie de atributos alejados de la heterosexualidad normativa en los personajes de 'Tannhäuser' y 'Lohengrin'. En 2008, un ensayo del historiador Tim Pursell, publicado en el 'Journal of the History of Sexuality' analiza los rasgos homoeróticos de las obras de Wagner y cómo estos fueron sublimados en el arte del Tercer Reich. Algunos personajes masculinos como Sigfrido, en palabras del propio Pursell recopiladas por un interesante artículo de 'Mel Magazine' que rescata el tema, "encarnaron los ideales de Wagner sobre lo que era verdaderamente masculino y alemán". En este sentido, "Sigfrido despertaría el deseo en el espectador de conseguir estas características, insistiendo en su perfección física de superhombre, que resultaría irresistible para todos los que lo vieran".

"Parsifal se ve atrapado en situaciones sexuales con doncellas, pero se aparta, emergiendo como el ideal de castidad masculina"

¿Son gratuitas estas asociaciones de la mitología nórdica con lo homosexual o realmente tienen un reflejo en los personajes que escogía Wagner para sus óperas y la representación que se hacía de las mismos en espectáculos en vivo? "Es muy llamativo ver cómo los ideales wagnerianos de masculinidad y su consiguiente erotización marcaron la estética nazi, que glorificaba al cuerpo masculino de una manera muy particular", explica Ross en su libro, en un fragmento rescatado por el diario norteamericano anteriormente citado. Una de las pruebas son las ilustraciones que el artista Franz Stassen realizaba de las obras del músico, quien formaba también parte del Círculo de Bayreuth, al igual que Chamberlain o Hitler. En sus grabados existe cierta 'energía homoerótica' que enseña torsos de hombres desnudos y musculosos, sin un solo pelo.

Hay que precisar, llegados a este punto, de que el círculo social de Wagner estaba lleno de hombres con inclinaciones abiertamente homosexuales: uno de sus mejores amigos era el legendario rey Luis II de Baviera, quien en sus diarios reconocía la lucha que mantenía consigo mismo para reprimir sus instintos sexuales con cortesanos y caballerizos. Del mismo modo, el propio Wagner también gustaba de vestir con ropa interior de mujer, como suscitó 'The Guardian' hace años en un artículo que se hizo muy popular sobre la tendencia por el travestismo del genio alemán. Vemos sin duda una correspondencia vital y artística con músicos del siglo XX como Lou Reed o David Bowie (salvando las distancias), quienes también fueron adalidades del travestismo en su día y en sus obras presentaban personajes que, más que heroicos, eran antihéroes.

Parsifal, el andrógino

Uno de los personajes que más pueden servir de ejemplo para estudiar esta pulsión homoerótica de los personajes de Wagner es Parsifal, el cual hace el papel de bobalicón que crece a lo largo de toda la obra hasta convertirse en el jefe de una orden militar masculina en base a resistir y rechazar las tentaciones sexuales que se ponen en su camino. "Esta energía masculina joven que se templa hasta convertirse en una figura casta y bien disciplinada", asegura Ross. "Se ve atrapado en situaciones sexuales con doncellas, pero se aparta, emergiendo como el ideal de castidad masculina". A los nazis no les gustaba dicho personaje. "No es un guerrero, su viaje consiste en desarrollar compasión por sus enemigos y adquirir sabiduría. Sin embargo, el hecho de que Parsifal fuera virtuoso lo convirtió en un modelo a seguir para la juventud nazi".

Foto: Adolf Hitler en un discurso en 1925.

Otros, como Tannhäuser, es un poeta y caballero que se sumerge al comienzo de la ópera en el Venusberg, el reino de la Venus medieval, una representación de ese paraíso terrenal repleto de lujuria. Y, en contraposición, conoce la forma más pura de amor en el personaje de Elisabeth, tratando de decantarse por uno de los dos mundos. Años más tarde, el escritor y dandy británico Oscar Wilde, quien además era homosexual y pasó muchas penurias tras reconocer esta inclinación en la Inglaterra victoriana, siendo encarcelado y muriendo en la más pura indigencia. En su obra más emblemática, 'El retrato de Dorian Gray', el protagonista va al Tannhäuser, y cuando el retrato empieza a romperse en el espejo, desatando así la maldición del hechizo, Wilde describe "el placer absorto" de su personaje "al ver esa gran obra de arte, como representación de la tragedia de su propia alma".

La Factory de Warhol

Más allá de cómo los mitos e historias de la obra wagneriana trascendieron a su época y adquirieron un nuevo trasfrondo en obras posteriores de otros escritores, también cabe regresar a esos líderes pop del movimiento 'queer', el cual tuvo un fuerte impulso en la contracultura de los años 60 y 70 en Estados Unidos. Sin ir más lejos, al citado Lou Reed y su amigo y mentor Andy Warhol. En la Factory, el local donde ofrecían espectáculos este conjunto de artistas, la indumentaria escogida recordaba mucho a las tropas de las SS, con ropa negra de cuero, botas altos y látigos, haciendo referencias explícitas al sadomasoquismo y el mundo homosexual y transexual.

placeholder Algunos de los artistas que transitaron por la Factory de Warhol en una exposición fotográfica. (EFE)
Algunos de los artistas que transitaron por la Factory de Warhol en una exposición fotográfica. (EFE)

Una 'performance' estética la de Warhol que subvertía la imagen de esa masculinidad fuerte y guerrera que impregnaba la vestimenta nazi, y que ahora se hacía débil y sumisa, siendo sometida por mujeres fuertes o transexuales látigo en mano. De alguna forma, podemos ver con este ejemplo también ese deseo sexual subliminal entre hombres, primero con Wagner como una aspiración a una especie de perfección masculina ideal. Y más tarde, entrando una vertiente psicosexual más profunda con Warhol, quien ofreció una puesta en escena sadomasoquista a partir del intercambio de los roles de dueños y dominados, tal vez como reflejo de ese Tannhäuser imaginado por el músico germano a partir de un pentagrama, como un paraíso terrenal por el que pasar sin ceder al deseo más profundo, ese que alude a un gusto o placer no normativo.

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