Alhucemas, el gran desembarco al amanecer
  1. Alma, Corazón, Vida
contra el sangriento Abd el-Krim

Alhucemas, el gran desembarco al amanecer

El 8 de septiembre de 1925 el ejército español llevó a cabo su propio Día D en el norte de África, como reacción al desastre que había sido Annual. Esta es su historia

Foto: Alhucemas, el gran desembarco al amanecer
Alhucemas, el gran desembarco al amanecer

Las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan.

-Proverbio árabe.

Hay una frase clásica del famoso poeta romántico inglés Lord Byron, en la que hace referencia a su perro muerto a explorar los límites del Gran Viaje. En su epitafio, reza así “Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos".

Pues bien, en el aplastante sótano del cielo africano, esto es, en la tierra árida, cuarteada y reseca al norte del actual Marruecos, un estado muy joven nacido en el año 1956 después de ser protectorado Franco-Español; miles de soldados de España perdieron sus vidas tras una cruenta sublevación producto de una pésima planificación del alto mando peninsular. Aquellos hombres que no tenían recursos económicos para pagarse una vida normal lejos del frente o hacer mutis por el foro pagando unos billetitos liberatorios, o en definitiva lo que es lo mismo, una deserción legal, fueron cogidos a lazo ante la impopular guerra que se libraba en el Rif contra las harkas de los cabileños de Abd el-Krim y sus hordas.

Un estirado oficial que soportaba un bigote descomunal, estaba al mando de una operación que más que testosterona requería neuronas; el nombre de este uniformado era Manuel Fernández Silvestre y el 21 de julio de 1921 bajo un sol implacable y con una logística de mercadillo de feria y a pecho descubierto, inició unas nefastas maniobras mal preparadas y peor ejecutadas, que tenían como propósito último socorrer a una posición propia aislada en territorio rifeño y rodeada por miles de turbantes con un cabreo descomunal.

En un acuerdo previo con las Kábilas del norte del Rif, los nativos debían de recibir una compensación económica por la explotación de sus minas de hierro a manos de los gerifaltes españoles, entre los que estaba el Condede Romanones y el propio rey Alfonso XIII, que eran en la práctica los que inyectaban la sangre de aquellos desgraciados con Mauser y alpargatas que no habían podido eludir el servicio de armas.

El Desastre de Annual, es con diferencia la catástrofe más severa infligida al ejército español tras Trafalgar

Gracias a la incompetencia de unos generales de salón y de la indiferencia de un rey narcisista muy dado a atusarse el bigote en los actos oficiales rodeado de serviles corifeos, miles de competentes oficiales y bisoños soldados vomitados desde la pobreza más misérrima, perecerían en las trágicas fechas que van desde el 22 de julio al 10 de agosto en un número escandaloso que según fuentes podría estar alrededor de los 13.000 hombres caídos en combate, torturados de formas inauditas, desollados y quemados vivos sin remisión por los exaltados rifeños.

El Desastre de Annual, es con diferencia sobre cualquier otra derrota sufrida por nuestro país, la catástrofe más severa infligida al ejército español tras Trafalgar. El error de bulto no era otro que aquel que con infinita sabiduría el refranero español había comprimido en una sabia frase…”el que mucho abarca poco aprieta”. Con perspectiva, las tropas españolas estaban empachadas del paseo triunfal por el norte del actual Marruecos en el que no habían tenido enfrentamiento alguno hasta el momento. El general Manuel Fernández Silvestre no cabía en su uniforme de tanto conquistar.

Los restos del Escuadrón de Caballería de Alcántara. Fue una de las pocas unidades que mantuvieron la disciplina en el desastre de Annual.
Los restos del Escuadrón de Caballería de Alcántara. Fue una de las pocas unidades que mantuvieron la disciplina en el desastre de Annual.

Pero aquel ejercicio de músculo era una “boutade”, un espejismo, y de paso, un despropósito desde el punto de vista de la estrategia. No se había reparado en que si la cosa se ponía fea, la logística iba a ser imposible de materializarse. Las líneas de suministros brillaban por su ausencia y las posiciones defensivas eran de cartón piedra. La más que evidente dificultad de atender cualquier demanda de pertrechos, munición, condumio o agua era sencillamente imposible a la luz de lo que ocurrió posteriormente. Ello no impidió que el Ejército español siguiera elongando alegremente sus líneas en un paseo marcial que prefiguraba negros nubarrones.

Hoy sabemos que aquellos desgraciados que permanecían esperando la muerte en sus blocaos de sacos terreros sin esperanza alguna, sin agua y sin munición, eran exterminados increíblemente con armamento vendido por el contrabandista y más tarde financiero del dictador Franco durante la triste Guerra Civil española, un traidor de nombre Joan March que se fue de rositas tras el durísimo informe del general Picasso. El libro -El hombre más misterioso del mundo-, del escritor Pere Ferrer define a este amoral espécimen como un maestro del contrabando y, relata con profusión de datos como espió para los aliados mientras abastecía de carburante a los submarinos alemanes en alta mar para luego delatarlos a toda pastilla. Ora vendía armas a los anarquistas catalanes, ora financiaba armamento a los “nacionales”; pero donde se forró a espuertas, fue en la guerra del Rif vendiendo armamento de última generación a los kabileños del Abd el- Krim. Un personaje.

Pues bien, tras las masacres sucedidas en esos veinte días de julio y agosto del trágico año 1921 donde el heroísmo de muchos oficiales, suboficiales y soldados ha sido revelado en otros artículos más personalizados en esta sección, donde los aviadores desde sus Fokker C-III y los determinantes De Havilland DH4, ametrallaban a los rifeños ensayando las primeras bombas de aviación de patente nacional; ayudaron de manera singular a los sitiados lanzando en vuelo rasante bloques de hielo, pan y viandas encima de los blocaos, donde se combatió sin munición y cuerpo a cuerpo hasta el último hombre en muchos de los lances. Con el país en estado de shock, llegaría la redención de aquel caos en una acción posterior llamada el Desembarco de Alhucemas.

Con el país en estado de shock, llegaría la redención de aquel caos en una acción posterior llamada el Desembarco de Alhucemas

Con antelación, los “moritos” muy subidos tras la derrota de una “potencia” europea, les dio por asaltar a la guarnición francesa en la parte administrada por estos, lo que ocurría un día de abril de 1925. En Beni Zerual, en la orilla del Ued del Uarga, se congregaron vociferando el sagrado nombre de Allah, más de tres mil turbantes muy dispuestos a merendarse a los galos, pero estos a través de sus exploradores mehari habían puesto en alerta a la guarnición que además de estar sobrada de avituallamiento, vivía encima de un pozo de agua. Los heliógrafos habilitados para avisar mediante señales a las otras guarniciones surtieron efecto y se pudo conjurar el ataque de las gentes de Abd el-Krim in extremis. Entonces los franceses se calientan tras el susto y convocan a sus socios españoles para acabar con aquella plaga.

Abd el-Krim
Abd el-Krim

Probablemente, lo primero que se hace con rigor y planificación de miras en esta acción de desembarco, es la meticulosa preparación para no dejar títere con cabeza ni nada al azar. Es el principio del fin de los kabileños y su líder Abd El- Krim. Como es sabido, cada francés es un Napoleón en potencia y al ver las barbas de su vecino quemar, ponen las suyas a remojar. El intento de desembarco en Alhucemas en el corazón de la Kábila más importante de la coalición rifeña (los Beni Urriagel) pone en alerta a los autóctonos, y Primo de Rivera que había estudiado a fondo el fracaso de Churchill en Galípoli, mucho más cauto que Franco --este había querido echarle el guante junto a su compinche Queipo de Llano en una amigable reunión de mandos legionarios--, eligió finalmente desembarcar en la Cala del Quemado y en la Playa de la Cebadilla, a unos diez kilómetros del lugar inicialmente previsto, para evitar males mayores. Franco acepta la solución a regañadientes pues Primo de Rivera le susurra al oído que lo deja solito en medio de los “moritos” sin suministros o lo traslada a la península a sembrar coles. Franco de tonto no tenía un pelo y tampoco tenía problemas de audición.

Llegado el día D, el primero en tocar arena junto a sus legionarios, fue el coronel Franco. El desembarco fue precedido por un imponente bombardeo de los acorazados y cruceros españoles y franceses que dejaron la zona con más cráteres que la luna. Una vez ablandados los rifeños ante aquella demostración de fuerza, se tomaron las cotas más altas y se emplazaron nidos de ametralladoras que tocaban de oído. Abd El- Krim comenzó a recular.

Durante la primavera de 1926 Goded, Sanjurjo y Franco consumaron la derrota de Abd el-Krim y la ocupación total del Protectorado

Un pequeño contratiempo impidió la presumible rapidez del despliegue, consolidación y ampliación de las cabezas de playa. Si bien los nidos de ametralladoras y la escasa artillería de los rifeños habían colapsado tras la granizada de plomo a la que habían sido sometidos por la artillería embarcada y la aviación franco española, quedaban por desmontar centenares de minas, proceso que permitió darse a la fuga a los conspicuos discípulos de Allah. Una vez resuelto el tema, todo comenzó a ir sobre ruedas.

Una serie de operaciones militares controladas férreamente por Primo de Rivera y ejecutadas por los coroneles Goded, Sanjurjo y Franco durante la primavera de 1926 consumaron la derrota de Abd el-Krim y la ocupación total del Protectorado. Ni que decir tiene que las operaciones se desarrollaron a sangre y fuego, carnicería que alcanzó proporciones bíblicas cuando el 26 de mayo se descubrió el macabro escalofrío del interminable reguero de osamentas y cuerpos de españoles despojados de los más elementales atributos de dignidad. Todavía se podía adivinar como los restos de los caballos del Regimiento Alcántara estaban dispersos en una vasta extensión, de este regimiento que acudió en socorro de los fugitivos que en su momento buscaban refugio en Melilla, no quedó más que un 10% testimonial de sus jinetes, centenares de monturas habían muerto en combate exhaustas ante la horda kabileña. Los Kabileños no habían reparado en medios para humillar a aquellas tropas entregadas a su suerte cuatro años antes. Emasculaciones, aperturas en canal, vaciado de las cuencas de los ojos, despojo total de sus pequeñas propiedades íntimas o familiares, actos de canibalismo, parrilladas humanas; el Armagedón…

La visión de la trágica ruta del desastre de Annual en 1921, nos obliga a imaginar cómo debieron de ser los combates en Monte Abarrán, Nador, Monte Arruit, Annual, Iriguiben, etc generó un sentimiento de odio que detonó una represión fácil de entender a la vista de los restos de aquellos caídos. Las venganzas colectivas e individuales no fueron contenidas por la oficialidad y se produjeron verdaderas masacres entre los prisioneros y la población civil que llegaría a ser bombardeada con gases del excedente de la I Guerra Mundial. Pero eso ya es otra historia.

Abd-el-Krim reconocido como un destacado líder nacionalista contra el colonialismo, pasará a la historia por su extrema crueldad con los vencidos

Una primavera del 26 de mayo del año del señor que siempre está a por uvas, allá por 1926, el sangriento Abd el-Krim se rindió a los franceses en la pequeña aldea de Taza. El día anterior había ejecutado a centenar y medio de prisioneros españoles. Tuvo suerte de que la mano del ejército español no le alcanzara.

Abd-el-Krim reconocido como un destacado líder nacionalista contra el colonialismo, pasará a la historia por su extrema crueldad con los vencidos. Cruel y sanguinario, entendió que la guerra total era la única de las guerras y no suavizó ningún aspecto que pudiera permitir ni siquiera un canje de prisioneros a cambio de un trueque razonable. Para él, era más que suficiente cometer las mayores atrocidades contra los prisioneros y gozar del espectáculo sin más.

Cometió actos de salvajismo y barbarie inconcebibles; entre los suyos fue un héroe. Murió plácidamente en la cama

Confinado en la isla francesa de Reunión en el Índico hasta 1947, en un viaje de vuelta a Europa, se tiró por la borda en Port Said- Egipto poniéndose al amparo del rey Faruk que sería su protector para los restos. Queda por preguntarse si en su pretendida defensa del Rif como una reivindicación embrionaria revestida de un incipiente nacionalismo, se justifica de alguna manera la coartada que condujo a la aniquilación de toda aquella tropa de jóvenes obligados a enrolarse condenados por la imposibilidad de pagar su descarte del ejército.

Abd El-Krim cometió actos de salvajismo y barbarie inconcebibles; entre los suyos fue un héroe. ¿Sería juzgado hoy como un criminal de guerra?

Murió plácidamente en la cama.

Historia de España Guerra Melilla
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