¿Por qué el ser humano evolucionó para sufrir depresión?
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¿Por qué el ser humano evolucionó para sufrir depresión?

¿No es más probable que un fenómeno casi universal como este tenga de alguna manera que ser útil para nosotros?

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Se estima que la depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo y es la primera causa de discapacidad, además, según datos de la OMS más de 800 mil personas se suicidan al año, lo que significa que cada 40 segundos muere alguien debido a estas razones.

Sin embargo, si nos remontamos la teoría de la selección natural de Darwin, hay que mencionar que, a grandes rasgos, los individuos que son más aptos tienen mayor potencial de supervivencia, por lo tanto, si cada generación que pasa los seres humanos evolucionan para convertirse en versiones más perfectas, ¿por qué hemos evolucionado para seguir sufriendo depresión, algo que nos consume profundamente?

Si los individuos que son más aptos tienen mayor potencial de supervivencia, ¿por qué hemos evolucionado para sufrir depresión?

Según explica el profesor de psicología Paul Andrews en 'Mel Magazine': "En realidad, casi todo el mundo entra dentro de los síntomas que conforman la patología clínica de depresión, aunque los haya experimentado tan solo durante dos semanas. ¿Estado de ánimo bajo? ¿Poco placer en las actividades? ¿Fatiga? ¿Alteración del sueño? ¿Pérdida del apetito? ¿Pensamientos suicidas? Si has asentido con, por lo menos, dos, enhorabuena, entras dentro del club".

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Pero, aunque suene trivial, dado que las tendencias evolutivas generalmente funcionan para eliminar los rasgos perjudiciales que limitan nuestras posibilidades de supervivencia y promueven aquellas que nos ayudan a transmitir genes a las generaciones futuras, ¿no es más probable que un fenómeno casi universal como este tenga de alguna manera que ser útil para nosotros?

Dos tipos de pensamiento

Andrews, que lo ha investigado, asegura que no se refiere a la depresión maníaca o trastorno bipolar, sino a ese sentimiento de decaimiento que surge tras una mala situación, el proceso de 'rumiación' o de obsesionarse y rasparse continuamente las heridas. La autoflagelación, en otras palabras. Explica que esto nos sirve porque los seres humanos tenemos dos tipos de procesamiento mental, decidimos nuestras acciones sobre la base de un estilo de pensamiento rápido e intuitivo (el tipo 1), y también un modo de pensamiento mucho más lento y deliberado (tipo 2), que utiliza un razonamiento metódico, lógico y gradual para resolver problemas difíciles.

Ilustración de 'La metamorfosis' de Kafka.
Ilustración de 'La metamorfosis' de Kafka.

"Básicamente, otros investigadores, mucho antes que yo, han notado que el estado de ánimo triste y deprimido promueve un estilo de procesamiento analítico lento, cuidadoso y metódico", dice Andrews, y cree que la rumia depresiva es una especie de versión automatizada del análisis Tipo 2, que nuestros cerebros recurren a ciertos tipos de emergencias emocionales. Sin embargo, consume mucha energía.

"El estado de ánimo triste y deprimido promueve un estilo de procesamiento analítico lento, cuidadoso y metódico"

El tipo 1 de pensamiento, por poner un ejemplo, fue útil para nuestros antepasados recolectores que tenían que tomar decisiones rápidas sobre caza o huir de los depredadores. El tipo 2, sin embargo, puede servir en otros casos: "El médico que ha cometido un error y deja morir a un paciente, como es normal, se sentirá deprimido y rumiará el error que ha cometido. A cambio, comienza a hacer cambios productivos en su día a día: lee con más atención los historiales médicos, consulta, comprueba dos veces...", explica el psicólogo. Es decir, es menos probable que repitan ese error del pasado.

"El problema es que la ayuda clínica ha defenestrado en muchas ocasiones la rumia y la obsesión, explicando que no sirve para nada, pero los filósofos probablemente no estarían de acuerdo con esta afirmación", cuenta. "Igual que se ha estudiado ya en otras ocasiones la relación entre la genialidad en un arte y la depresión. De Beethoven a Sylvia Plath, pasando por Lord Byron, la melancolía parece que ayuda al pensamiento cognitivo".

Los médicos no prescriben morfina de forma rutinaria para dolores transitorios y los episodios depresivos deben tratarse de forma personalizada

Hace una analogía con el dolor: "nadie diría que el dolor físico es una enfermedad. Es una experiencia angustiosa, pero sirvió para que nuestros antepasados sobreviviesen y para que vivamos nosotros. Consideraría a esas personas que no tienen la capacidad de sentirlo como las que tienen la enfermedad".

¿Significa eso que se deben dejar pasar los síntomas de la depresión y que esta siga su curso sin prestar atención? No. "La depresión puede ser devastadora y terminar con muchas vidas, pero lo que quiero decir es que al igual que la mayoría de los médicos no prescriben morfina de forma rutinaria para dolores y molestias transitorias, los episodios depresivos deben tratarse de una manera más personalizada", añade.

"La terapia cognitiva creo que puede ser infinitamente más útil que los remedios farmacéuticos. En terapia, donde las personas hablan de sus obsesiones y se enfrentan a los patrones de comportamiento en las raíces de su angustia, abre una línea directa al propósito evolutivo del episodio". Se trata de dejar de obsesionarse para pensar productivamente en el problema en cuestión.

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