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Juventud, depresión y suicidio: cómo prevenir y tratar problemas de salud mental

La reciente muerte de una influencer india de 16 años expone un problema global y de difícil solución: los suicidios en jóvenes se han incrementado en los últimos 25 años

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Antiguamente, los suicidas no tenían su lugar en el camposanto y tampoco en el cielo. A día de hoy, esta muerte autoinfligida sigue siendo un tabú, una cruz que deben llevar a escondidas aquellos que han sobrevivido, así como sus familiares, y paradójicamente las cifras nos demuestran que poco o nada tiene que ver con el progreso de una sociedad, a menos que esté desarrollada: según datos de la OMS, los países con ingresos más altos son los que cuentan con más suicidas entre sus filas. Guyana, Corea del Sur y Sri Lanka son los que tienen las tasas más altas por cada 100 mil habitantes y más de 800 mil personas se suicidan al año, lo que significa que cada 40 segundos muere alguien debido a estas causas.

En el puente Mapo de Seúl, conocido tristemente porque muchas personas deciden quitarse la vida saltando desde él, los mensajes positivos proliferan: "Mira las estrellas y considera la magnitud de tus problemas", "alguien te quiere", una iniciativa necesaria en un país en el que anualmente alrededor de 15.000 personas deciden quitarse la vida. No se trata, sin embargo, de un problema aislado, en nuestro país los suicidios de menores de 25 años se han triplicado en los últimos 30 años y en 2016, esta fue la segunda causa de defunción en jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 29 años.

Por supuesto, las causas del suicidio son muchas y muy variadas, no se puede generalizar. "Lo que sí está claro es que el suicida ve cómo sus ganas de vivir (connaturales a todos desde un punto de vista médico y psicológico) son superadas por las ganas de matar", explica el psicólogo Agustín Soler. A la pregunta de si puede haber una relación entre la mejora de nuestras condiciones de vida y el aumento de suicidios, señala: "No me atrevo a dar una respuesta definitiva pero sí creo que la necesidad agudiza el ingenio, por lo que en caso de que nos faltaran las condiciones básicas para vivir, quizá sí haríamos todo cuanto estuviera en nuestra mano para encontrarlas".

En España los suicidios de menores de 25 años se han triplicado en 30 años. Cada 40 segundos muere alguien en el mundo por estas causas

¿Estamos ante una generación desesperanzada y sin valores o es que quizá no funcionan los mensajes de búsqueda de la felicidad que vemos por todos lados? "Ese tipo de mensajes ponen de relieve la dictadura de la felicidad en la que estamos sumergidos, estamos obligados a ser felices. Y aunque en ocasiones puedan ser graciosos, tienen una doble cara, quitan la importancia que para cada uno de nosotros tienen nuestras preocupaciones y malestares", cuenta Ana de la Mata, psicóloga del centro psicológico Cepsim Madrid. "El mandato implícito de estas frases positivas es que cuando nos sintamos mal debemos sonreír y dejar de quejarnos. El dolor no se pasa solo a medida que avanza el tiempo mirando hacia otro lado, debemos ser proactivos y una parte fundamental de ese proceso es poder hablar sobre ello y ser escuchados, validados y legitimados", añade.

"En general la mayoría de las personas hemos crecido sin una educación emocional", explica la psicóloga sanitaria Ana Belén Medialdea. "esto genera que, en muchas ocasiones, no sepamos qué hacer ante una persona que se encuentra deprimida. Una de las cosas que se suele hacer a la hora de intentar ayudar a una persona que está atravesando una depresión, es con la mejor de las intenciones, intentar animarla y hacerla razonar con frases positivas. Lo que ocurre con esto, es que, en vez de ayudarla, lo que se produce es el efecto contrario. Porque cuando intentamos animar a una persona que está triste, no estamos empatizando con su dolor y su sufrimiento. La persona siente que tiene que esforzarse por sentirse bien, pero que no puede, por lo que eso le ayuda a aumentar más su frustración y malestar. Necesitamos permitirles que sientan su tristeza. Una de las cosas que nos hace más sufrir cuando estamos tristes es luchar contra esa tristeza".

La mayoría de las personas hemos crecido sin una educación emocional. Hay que permitir a los demás que se sientan tristes

Algo no va bien. Hace unos pocos días nos despertábamos con la noticia del suicidio de la joven india Siya Kakkar, estrella de la red social 'Tik Tok'. Tenía 16 años y 1,7 millones de seguidores en la red social. No es la primera y probablemente no será la última de estas jóvenes estrellas que parecen tenerlo todo (o, por lo menos, fama y dinero) y que deciden terminar con sus vidas. En mayo del año pasado, en Malasia se quitó la vida una influencer de la misma edad tras preguntar en Instagram si debía hacerlo, según informa 'The Guardian'. En julio, la influencer danesa Fie Laursen, de 23 años, se suicidó tras publicar una nota diciendo que lo haría en Instagram; tenía más de 336.000 seguidores.

"Si no gestionas el mundo de las redes sociales de un modo saludable puede generar muchas frustraciones", explica Ana Belén. "En Instagram constantemente estamos viendo 'vidas perfectas' y se fomentan necesidades constantemente (viajar más, ir a más restaurantes, comprar más ropa, cuidar más nuestro cuerpo…). Además, es muy fácil caer en la comparación. A través de Instagram, puedes crear una imagen de ti que no es real, porque en ella compartes una parte de ti, pero no todo y a veces, no se ajusta a la realidad. Asociamos éxito y felicidad, asociamos el 'tener' a la felicidad, y la realidad es que no es así. No existe la perfección y la felicidad no es una constante… No vemos a influencers contando sus problemas, por lo cual, muchos influencers pueden quedarse en la vida que venden, en esa vida idílica y en esa fantasía. Además, muchos de ellos dejan en manos de la gente, su propia validación como persona, es decir, construyen su autoestima en función de los likes o no que tienen".

"Eso es un problema, porque si asociamos nuestro bienestar a lo que tenemos o a lo que nos dicen los demás, estamos dependiendo de ello constantemente para sentirnos bien o mal", añade. "Eso hace que poco a poco vayamos perdiendo seguridad, autoestima y que construyamos una mala relación con nosotros mismos. Cuando esto ocurre, puedes verte renunciando poco a poco a los placeres de la vida, porque sientes que tu vida no tiene sentido si no es como tú la imaginabas o como eran tus expectativas. Y eso hace que muchas personas puedan caer en un estado depresivo e incluso a pensar en quitarse la vida. Cuando ocurre esto, por lo general la persona no tiene una buena relación consigo misma, ni con los demás, ni con el mundo".

Según los datos de la fundación ANAR, los intentos de suicidio en adolescentes se ha incrementado a un 9% durante el confinamiento

Desde Itae Psicólogos añaden: "La gestión de las redes sociales es uno de los puntos que deberían formar parte de la prevención del suicidio entre los jóvenes. Ser un adolescente es ya bastante difícil, pero las presiones a las que se enfrentan los jóvenes conectados a las redes, son sin duda únicas para esta generación digital. En cualquier caso, el suicidio, como escape extremo de una situación vital angustiosa, no es sino producto de la confluencia de múltiples factores. Se discuten las causas que pueden desembocar en este tipo de actos, señalándose la presencia de trastornos psicológicos, variables concretas de personalidad, la alta carga de estrés emocional y, especialmente, el bullying, últimamente desplazado por nuevas vertientes como el bullying electrónico o el sexting".

Según los datos de la fundación ANAR, los intentos de suicidio en adolescentes se ha incrementado a un 9% durante el confinamiento. Oímos hablar continuamente del síndrome de la cabaña y los problemas mentales a los que tendremos que enfrentarnos cuando volvamos del todo a la normalidad. "Este es un buen momento para recordar que la salud mental, también es salud", apunta Ana Belén. "Lo cierto es que el COVID ha generado muchas consecuencias psicológicas. Hemos vivido una situación nueva y eso ha aumentado los temores y preocupaciones por la salud, por nuestros seres queridos, por la economía… La incertidumbre ha generado mucha angustia y algunos trastornos como el estrés postraumático, la depresión, las fobias o la hipocondría se han incrementado. Más gente está necesitando tratamiento y apoyo psicológico para gestionar la situación que estamos viviendo. Necesitamos también aprender a gestionar nuestras emociones y tomar medidas de prevención e higiene mental. Ya que esto nos ayudará a no desarrollar un trastorno psicológico futuro", concluye.

Medidas de prevención

Desde Itae Psicólogos explican que existen una serie de factores protectores que facilitan una salud integral en las persones jóvenes, así como en su desarrollo como individuo. "Es fundamental promover una buena salud emocional y contar con una red de apoyo familiar y social, así como tener acceso a los recursos de salud emocional y mental. Se debe extremar la atención a los jóvenes con intentos de suicidio que presenten rasgos desadaptativos de la personalidad, antecedentes de salud mental en la familia y antecedentes de autolesiones, así como promover programas de educación emocional que potencien las competencias emocionales en jóvenes como elemento esencial del desarrollo integral de la persona y así capacitarlos para los retos que puedan aparecer día a día", cuentan.

El 90% de las personas que se han intentado suicidar lo dijo claramente antes de hacerlo. No lo dicen por tratar de llamar la atención

"La mayoría de países del mundo no tienen una estrategia nacional de prevención del suicidio", añade Ana de la Mata. "Y este es uno de los factores de riesgo asociados, no disponer de una atención de salud adecuada. Es fundamental la detección precoz, el tratamiento adecuado y la formación del personal sanitario para ello". ¿Qué está en nuestra mano?

  • Tomar en serio a las personas cuando nos dice que están pensando en suicidarse. Sabemos que de las personas que se quieren matar el 90% lo dijo claramente antes de hacerlo. No lo dicen por tratar de llamar la atención, sino porque perdieron la esperanza de que las cosas que les causan malestar puedan mejorar.
  • Hablar abierta y directamente sobre el suicidio con la persona que está en riesgo, esto reduce el peligro de que lo cometa y nos da la oportunidad de proponerle que pida ayuda a un buen profesional.
  • Estar atentos a señales como que exprese que no se siente capaz de superar el dolor, controlar la situación, de que les presten atención… en definitiva, que se sientan desesperanzados.
  • Expresar nuestra preocupación y mostrar nuestra disponibilidad e interés.
  • Escuchar y conocer sus motivos para actuar así y mostrarle alternativas.
  • No ser la única persona que esté como apoyo, compartir con otros estas tareas, teniendo claro que la ayuda de los profesionales de la salud es necesaria. En situaciones de urgencia podemos llamar al 061, 112, el teléfono de la esperanza, al centro de salud de referencia de la zona o al profesional de psicología que conozcamos.
Alma, Corazón, Vida

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