PSICOLOGÍA SOCIAL

Por qué es tan difícil no tocarte la cara a pesar de las indicaciones

Esta recomendación de las autoridades sanitarias dirigida a evitar el contagio parece un poco complicada de ejecutar. Sobre todo, si nos obsesionamos con ella

Foto: Foto: iStock.
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Una de las primeras recomendaciones ante la emergencia sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus era la de evitar tocarse los ojos, nariz y boca con las manos. Al igual que el lavado de manos y el distanciamiento social, hemos ido acostumbrándonos a esta serie de normas y las hemos incorporado a nuestra vida cotidiana.

A simple vista, este impulso casi involuntario e irracional de tocarte la cara se suele dar con más frecuencia cuando te notas cansado o nervioso. Por ejemplo, cuando al sentir sueño o percibir la vista cansada: nuestros dedos irán al lacrimal sin que se lo pidamos o seamos conscientes, en un movimiento reflejo para quitarnos las legañas que podamos tener. Pero más allá de estas sensaciones, ¿cuáles son las verdaderas razones por las que a veces es tan difícil evitar las ganas de tocarte la cara?

A la hora de gestionar el estrés, las personas pueden realizar comportamientos repetitivos sobre diversas zonas de su cuerpo como la cara

Lo cierto es que la ciencia tiene algunas respuestas al respecto. La revista científica ‘Live Science’ nos saca de dudas. “Es uno de los hábitos más comunes que tenemos todos los seres humanos”, reconoce Kevin Chapman, psicólogo del Kentucky Center for Anxiety and Related Disorder. “Normalmente, la gente aprende hábitos que implican tocarse la cara, como por ejemplo maquillarse, lavarse los dientes o peinarse. Estas rutinas conllevan también que afloren conductas no intencionadas de tocarse la cara, como frotarse los ojos”.

Esta tendencia no tiene que ver tanto con la costumbre, sino también con la vanidad. “Se trata de un hábito que adquirimos en base a parecer más presentables de cara a los demás”, observa el experto. “Tocarse la cara permite a las personas regular su aspecto y también demuestra que son conscientes de cómo lucen en cada momento”.

Pero también hay otras razones que tienen que ver con la sensación de ansiedad. A la hora de controlar el estrés, personas con ciertos rasgos neurótico pueden realizar comportamientos repetitivos sobre diversas zonas de su cuerpo, como la cara. Un claro ejemplo es la manía de morderse las uñas o tocarse demasiado el pelo, según Chapman. Estas actitudes pueden acabar deparando consecuencias en su físico a largo plazo o bien interferir en la vida cotidiana.

Según un estudio de la revista ‘Brain Research’ publicado en 2014, las personas se tocan la cara de manera compulsiva cuando están atravesando por una época de agudo estrés o nerviosismo. Por ello, es relativamente fácil que, durante esta época de pandemia en la cual el nivel de incertidumbre que todos sentimos frente a lo que pueda pasar o cómo la enfermedad pueda cambiar nuestra vida, nos frotemos los ojos o las mejillas más de la cuenta.

Cuando se te dice que no puedes tocarte la cara, tiendes a hacerlo más a menudo

Afortunadamente, si crees que no puedes reprimir el instinto de tocarte demasiado el rostro, hay otras soluciones con carácter de prevención de cara a reducir la posibilidad de contagio. Sin ir más lejos, el lavado frecuente de manos. Así lo recuerdan los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) estadounidenses. Para evitar en la medida de lo posible ser infectado, la primera medida que ataja la entrada de los virus al organismo sigue siendo la desinfección de manos con jabón o gel hidroalcóholico.

“Cuando a las personas se les dice que no pueden tocarse la cara, tienden a hacerlo más a menudo”, reconoce Chapman, “de la misma forma que si le pides a alguien que no piense en un elefante rosa”. Para romper el hábito, el psicólogo recomienda empezar a ser más consciente del número de veces que pasas las manos por tu cara en un tiempo determinado. Tampoco te obsesiones en exceso, ya que lo que es una prevención dirigida a evitar el contagio puede convertirse fácilmente en manía. Y recuerda: si no puedes evitarlo de ninguna forma, recurre a la desinfección continua de manos para quedarte más tranquilo.

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