LA GEOLOGÍA Y LA CRISIS

El parón de la actividad humana está cambiando el movimiento de la Tierra

Los sismólogos han percibido mejoras en los sistemas de detección de terremotos o eventos sísmicos a raíz del frenazo de los transportes y la industria global por las cuarentenas

Foto: (Pixabay)
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La expansión de la pandemia del coronavirus está obligando a millones de personas de todo el mundo a permanecer aisladas en sus casas, a la par que está produciendo un auténtico caos en la economía de los diferentes países y su tejido productivo. Esto ha producido que las calles se hayan quedado vacías, un notorio descenso del tráfico y de la actividad industrial, lo que también ha hecho reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera terrestre y con ello una hipotética ralentización del cambio climático.

Así pues, la calidad del aire ha mejorado sustancialmente, pero esto no es lo único que ha cambiado tras el cese parcial de la actividad humana en el planeta. También los ruidos sísmicos, según ha informado un equipo belga de investigadores que estudian los movimientos de la corteza terrestre. Esto podría permitir a los detectores de terremotos monitorear mejor las erupciones volcánicas para así anticiparse a posibles desastres naturales relacionados con los movimientos sísmicos.

Las cuarentenas globales causaron que el ruido producido por los humanos cayera en aproximadamente un tercio

“El zumbido de las vibraciones de la corteza de la Tierra ha caído en picado, una reducción que solo puede notarse durante un período muy breve en Navidad”, asegura Thomas Lecocq, sismólogo del Observatorio Real de Bélgica, a la revista ‘Nature’. Las vibraciones causadas por el transporte terrestre de vehículos y trenes, así como la maquinaria industrial, ha influido en este descenso de la actividad sísmica de la corteza. “Aunque las fuentes individuales de ruido pueden parecer pequeñas, juntas producen un característico ruido de fondo que reduce la capacidad de los expertos para detectar señales sísmicas que ocurren en la misma frecuencia”, ha explicado el experto.

Fuente: Real Observatorio de Bélgica.
Fuente: Real Observatorio de Bélgica.

“Los datos del sismómetro en el observatorio muestran que las medidas de confinamiento para frenar la expansión de la Covid-19 en Bruselas causaron que el ruido producido por los humanos cayera en aproximadamente un tercio”, informa Lecocq. En la capital de la Unión Europea, esas medidas pasaron por cerrar escuelas, restaurantes y otros lugares públicos desde el 14 de marzo.

La caída de esta actividad humana ha aumentado la sensibilidad del equipo del observatorio, mejorando su capacidad para detectar ondas sísmicas en el mismo rango de alta frecuencia que el ruido artificial. “El sismómetro del que disponemos en la superficie de nuestras instalaciones es ahora casi tan sensible a pequeños terremotos y explosiones de canteras como un detector homólogo que tenemos enterrado en un pozo de 100 metros”, agrega el investigador.

“Si el bloqueo de la actividad del transporte prosigue en los próximos meses, detectores sísmicos de todo el mundo podrían mejorar su eficacia para conocer las ubicaciones exactas de las réplicas de los terremotos”, asegura Andy Frassetto, un experto de las Instituciones de Investigación Incorporadas para la Sismología en Washington DC, a la revista científica. “Obtendrán una señal con menos ruido en la parte superior, lo que les permitirá extraer un poco más de información sobre este tipo de eventos”.

Una caída del ruido inducido por el hombre aumenta la sensibilidad de los detectores a estas ondas naturales emitidas en frecuencias similares

Habitualmente, los sismólogos utilizan las vibraciones de fondo naturales para sondear y explorar los movimientos de la corteza terrestre, como por ejemplo las de las olas oceánicas. Debido a que la actividad volcánica y los cambios en las capas freáticas afectan a la rapidez con la que viajan estas ondas naturales, los científicos pueden estudiar este tipo de eventos al monitorear cuánto tarda una ola en llegar a un sitio determinado. Así pues, una caída del ruido inducido por el hombre aumenta la sensibilidad de los detectores a estas ondas naturales emitidos en frecuencias similares. “Existe una gran posibilidad de que pueda conducir a mejores mediciones”, sentencia Lecocq.

No solo en Bélgica han notado este descenso del ruido a causa del confinamiento global. Hace unos días, Celeste Labedz, una estudiante graduada en Geofísica en Instituto de Tecnología de California, en Pasadena, publicó un tuit en el que reportaba que una estación sísmica de Los Ángeles había detectado también una caída en picado del ruido de fondo. “El descenso es realmente salvaje”, apuntó.

La mayoría de estas estaciones repartidas por toda la corteza terrestre están ubicadas en áreas remotas para huir de este ‘ruido humano’, o bien albergadas en pozos profundos para obtener la más precisa medición de las vibraciones. En este caso, “deberían notar una disminución menor del sonido en las frecuencias, o ningún cambio en absoluto”, señala Emily Wolin, geóloga del Servicio Geológico de Estados Unidos, localizado en Alburqueque, Nuevo México.

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