SALUD SIN MITOS

Los empastes antiguos son tóxicos y otros mitos sobre salud bucodental

Cuidar cada día nuestra boca sigue siendo una tarea pendiente para evitar los desembolsos económicos en el dentista. Para ello, es imprescindible desterrar falsas creencias populares

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Visitar al dentista siempre suele generar cierta ansiedad y está asociado generalmente a dolor e incomodidad. Esta circunstancia ha propiciado que en los últimos años se difundan ciertas creencias falsas o dudosas que pueden comprometer nuestra salud bucodental.

Lo primero que debemos decir es que no hay que ir al dentista solo cuando nos duele la boca. Además del estrés o miedo, uno de los dilemas comunes y más justificados es que creemos que acudir al odontólogo significa casi siempre un desembolso económico importante. El Dr. Gastón Demaria Martínez, cirujano oral y maxilofacial del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo, explica el problema de no acudir a las revisiones periódicas. "Una caries pequeña descubierta a tiempo puede significar una consulta de 30 minutos sin anestesia y económicamente asumible. Si no acudimos a las revisiones anuales, esa caries crece, duele y en muchos casos termina en tratamientos más caros para salvar el diente o la extracción de este”.

No es cierto que los cepillos eléctricos dañen las encías, ya que tienen un mecanismo para controlar la presión ejercida y no afectar a encías y esmalte

En estos últimos casos, la repercusión económica es mayor que el tratamiento anual preventivo. Si los espacios sin piezas dentales no se reponen, las que aún están en la boca deben soportar el trabajo de las piezas ausentes. “Este hecho nos lleva a aumentar la posibilidad de perder más piezas dentales. La prevención es la clave para conservar una salud bucodental adecuada”. Y es en este aspecto donde empiezan las confusiones. ¿Es mejor el cepillo eléctrico o el manual? ¿Es tóxico el flúor? ¿Sirve de algo comer chicle si no puedo cepillarme los dientes?

En el caso de los cepillos de dientes, es importante explicar que un cepillado en forma y tiempo adecuados es eficaz, tanto con cepillo eléctrico como con el manual. Aun así, numerosos estudios demuestran las ventajas de los cepillos eléctricos modernos en relación con los manuales. Los más recomendables son los que utilizan la tecnología oscilante-rotatoria, y no es cierto que los cepillos eléctricos modernos dañen las encías, ya que tienen un mecanismo para controlar la presión ejercida. “El cepillo eléctrico es más eficaz eliminando placa bacteriana”, asegura Demaria, “y se ha visto también que quienes usan cepillos eléctricos dedican más tiempo a la higiene bucal. De hecho, la facilitan bastante, ya que los aparatos actuales avisan con pitidos cuando hay que cambiar de zona de cepillado y cuando se han cumplido los dos minutos recomendados”. También recomienda elegir cepillos de dureza media o suave, ya que lo que sí daña los dientes es un cepillado muy fuerte y agresivo. Si queremos eliminar restos entre dientes, mejor que usar un cepillo duro es recomendable utilizar seda dental o cepillos interdentales.

Cuando hablamos del flúor de la pasta de dientes, hay que explicar que no es tóxico si no se ingiere. La legislación europea determina un máximo de 1.500 partes por millón (ppm) en las pastas de dientes, pero si excede las 1.000 ppm, debe estar reflejado en el etiquetado. “La fluorosis”, subraya el especialista, “es una enfermedad rara en España y se debe habitualmente a un exceso de flúor en el agua de consumo. Aun así, en menores de seis años no es recomendable el uso de pasta de dientes con flúor, dado que es probable que traguen más de lo que escupen”. El flúor ha demostrado desde principios del siglo XX que es fundamental para la prevención de caries y reparación del esmalte. Usar remedios caseros como la sal, carbón en polvo o cascarilla de arroz, entre otros, puede aumentar el riesgo de caries, manchar los dientes y dañar las encías, todo esto debido a su mayor efecto abrasivo.

En cuanto al colutorio, es decir, el líquido para enjuagarse la boca, es un complemento al cepillado y tiene que ser suave. Sí es cierto que puede ser útil si tiene clorhexidina para después de procedimientos quirúrgicos, un colutorio para pacientes con sensibilidad dental o después de blanqueamientos. Aunque se ha asociado el colutorio con alcohol a casos de cáncer, "no existe relación directa, pero sí presenta un papel potenciador en pacientes fumadores, en este caso, nunca se recomiendan”.

Más creencias populares: no, comer chicle no sustituye en ningún caso al cepillado. “Comer un chicle (sin azúcar y con edulcorantes como el xilitol) entre cepillados puede ayudar a disminuir, por arrastre, una parte de la flora bacteriana de la boca. Según estudios, este beneficio llega solo al 10% de las bacterias agresivas. El cepillado más la seda dental puede llegar al 90%”. Además, el exceso de xilitol y otros polialcoholes puede generar efectos laxantes.

Finalmente, desterramos la creencia de que el mercurio presente en los antiguos empastes de amalgama pueda intoxicarte. No hace falta ir al dentista para cambiarlos si están en buen estado. “Las amalgamas”, apunta el Dr. Demaria, “son la unión del mercurio con otros metales, en el caso de la boca, suele ser con plata. Así que, efectivamente, sí llevan mercurio”. Las amalgamas son los empastes que se realizaban antes de la aparición de los composites y se encuentran actualmente en desuso debido a que la Unión Europea las prohibió en 2018 para embarazadas, lactantes y menores de 15 años. También las desaconseja en adultos. Esta prohibición se basa en el carácter tóxico del mercurio. “La realidad es que el mercurio en amalgama no es tóxico y existen numerosos estudios donde no se encuentra riesgo para el paciente ni tampoco relevancia estadística o clínica, así que no hay posibilidad de intoxicación al llevarlos”.

"Según varios estudios, el chicle solo llega al 10% de las bacterias agresivas de la boca. El cepillado junto a la seda dental puede llegar al 90%"

No conviene retirar los empastes sanos, ya que el vapor de la amalgama podría ser tóxico para el profesional que lo retira si lo realiza a diario. De esta manera, la prohibición se debe más a una cuestión de manipulación y desechos tóxicos por parte del personal sanitario que a la posible intoxicación de los pacientes. “El retirar los empastes de amalgama puede deberse a un deseo del paciente, en zonas en las que se ve al sonreír, o, en algunos casos, a estrategias de marketing y consumo poco éticas”

En definitiva, es cierto que nuestra boca puede darnos problemas de salud, pero lo mejor que podemos hacer para evitarlos o minimizarlos es acudir a un equipo especializado, riguroso y con los recursos necesarios para evitar que perdamos nuestra sonrisa.

El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos para aclarar dudas referentes a mitos y creencias populares relacionados con la salud así como para combatir las falsas informaciones que se puedan generar en internet. Si tienes alguna duda sobre la consulta resuelta y quieres más información, puedes contactar con el Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo.

 

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