Grandes compañías ya estudian la posibilidad

Esta es la razón por la que viajar en avión te saldrá más caro (y no es estirar las piernas)

Gran parte de los viajeros estarían dispuestos a pagar más por volar, pero el motivo no tiene nada que ver con la comodidad personal o la posibilidad de elegir asiento

Foto: Un avión surca el cielo. (iStock)
Un avión surca el cielo. (iStock)
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La forma de viajar en avión ha cambiado completamente desde que surgieron las aerolíneas 'lowcost'. Aunque suele haber más de leyenda urbana que de realidad en trucos para pagar menos como borrar el historial o utilizar la navegación privada, los billetes cada vez se adquieren con mayor antelación para obtener los mejores precios y los comparadores de vuelos se han convertido en los grandes aliados de quienes quieren ahorrar.

No obstante, existe una razón por la que gran parte de los viajeros estarían dispuestos a pagar más y, en contra de lo que pueda parecer, no tiene nada que ver con la comodidad personal o la posibilidad de elegir asiento por la que ciertas compañías obligan a abonar un suplemento. Un nuevo estudio de la universidad British Columbia demuestra que a la mayoría de personas no les importaría abonar una cantidad superior en caso de que esta se destinara a corregir el impacto ambiental del trayecto.

Para llegar a esta conclusión, el Fondo para la Defensa del Medio Ambiente preguntó a 1.800 personas su opinión sobre una tarifa destinada a reducir las emisiones a la atmósfera, tasada en 14 dólares. Se les presentó de varias formas a la hora adquirir el billete y, en general, los clientes respondieron positivamente, aunque la reacción dependió en gran medida de la nomenclatura asignada a la tarifa.

Los participantes en la encuesta se tomaron mejor la idea cuando se describió el complemento como "compensación de huella de carbono" en lugar de impuesto; y, especialmente, cuando se especificaba que iría destinado a los productores de combustible. Así por ejemplo, si la medida se describía como "compensación de huella de carbono para la producción e importación de combustible de aviación", tenía mejor acogida que al denominarla "impuesto al carbono para viajar en avión". De hecho, hubo quien estuvo dispuesto a aceptar el precio pese a que se le ofreciera una alternativa más económica.

La cruzada de Greta Thunberg

Según el European Aviation Environmental Report 2016, la aviación soporta el 2% de las emisiones de CO2 mundiales y se estima que aumente a un ritmo de entre el 3 y el 4% al año. En Europa, de hecho, las emisiones de este sector alcanzan el 3,6% del total, según las cifras analizadas por la Unión Europea. Quien mejor ha encarnado esta problemática ha sido la activista sueca Greta Thunberg, que optó por viajar hasta Nueva York para la cumbre del Desarrollo Sostenible de la ONU en un velero "cero carbono".

Ante esta situación, el sector aeronáutico ya trabaja en buscar soluciones. A día de hoy son varias las aerolíneas que tratan de restringir el peso a bordo —sustituyendo el tipo de pintura, aplicando menos capas, reemplazando los carros de catering o la carga de agua—, así como consumir menos combustible, optimizar la planificación de las rutas y aprovechar mejor las corrientes de aire, entre otras medidas.

Precisamente este mes, la compañía del gurú de viajes Rick Steves ha anunciado un “impuesto al carbono autoimpuesto” de un millón de dólares con el fin de ayudar a contrarrestar las emisiones de las casi 30.000 personas que envía al viejo continente cada año. La cuantía procede de las ganancias de la compañía como parte de un impuesto voluntario sobre las emisiones de dióxido de carbono y se destinó directamente a organizaciones sin fines de lucro que promueven la agricultura sostenible, la reforestación y la educación climática.

Tal y como apunta la organización sin ánimo de lucro Carbon Disclosure Project, que mide el impacto ambiental de las empresas, el número de compañías que incorporan un precio interno por la huella del carbono en sus estrategias comerciales ha pasado de 150 en 2014 a más de 600 en 2017, incluidas las grandes corporaciones como Disney, Microsoft, Shell y General Motors.

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