DEFERRE VS. RIBIÈRE

El último duelo con espadas fue en Francia en 1967 entre políticos. Y hay vídeo

Dos parlamentarios tuvieron una riña y acabaron insultándose. En vez de resolver el asunto por la vía diplomática, escogieron un modo alternativo

Foto: Batalla en el jardín. (YouTube)
Batalla en el jardín. (YouTube)

Los duelos a muerte entre caballeros sobreviven en la memoria colectiva desde tiempos pretéritos. En las innumerables historias y leyendas proliferan este tipo de luchas en las que, para resolver un conflicto de intereses o bien una guerra, las espadas se esgrimen para retar al contrario. Un mito que adquirió peso a raíz de la publicación de 'Los tres mosqueteros' de Alejandro Dumas y que ha pervivido hasta nuestros días.

Se trata de una tradición especialmente europea, ya que en el Nuevo Continente es más típico el duelo con armas de fuego, como lo reflejan los 'westerns' de la época. Y, en particular, que tiene su apogeo y fin en Francia. Así lo demuestra el último enfrentamiento a muerte de la historia, llevado a cabo en 1967 entre dos personalidades políticas de la época: el alcalde de Marsella, Gaston Defferre, del partido SFIO de centro izquierda y René Ribière, diputado de la Asamblea Nacional por el partido Rassemblement du Peuple Français de centro derecha.

Deferre apuntó a la entrepierna con el objetivo de arruinar la noche de bodas de su oponente, que se celebraba al día siguiente

Ambos se dan cita en los jardines de la mansión de Neuilly-sur-Seine, una ciudad localizada en la periferia parisina. ¿La causa? Una mera y cotidiana riña parlamentaria. Según las crónicas de 'Le Monde', Defferre le espetó a Ribière un "¡Calla imbécil!" en plena sesión. Ya que el asunto no se pudo resolver por la vía diplomática o con una mera disculpa, los dos políticos decidieron retarse a muerte y dejar hablar a las espadas. ¿Se imagina el lector que ante las acusaciones de Albert Rivera a Pedro Sánchez de plagiar el máster en el último debate preelectoral este le retara a un duelo a muerte? Pues sí, hace no mucho tiempo sucedió algo así, en el país vecino con una fuerte tradición caballeresca, tal y como lo refleja un vídeo de YouTube que sirve como recordatorio de este acontecimiento tan verídico como surrealista:

"Parece que el diputado de Val-d'Oise (Ribière) nunca había empuñado una espada, y el hecho de que uno de sus abuelos ya hubiera luchado en un duelo en 1910 fue de poca ayuda para él", narra Francis Gouge, del periódico 'Le Monde', en un artículo en retrospectiva del suceso. "No para su oponente, Deferre, antiguo veterano que ya se había medido con la espada al radical Paul Bastid, veinte años antes".

¿Cómo es que se permitió el duelo por las fuerzas de orden público? "Si la policía lo ignoró, al menos de forma oficial, hubo periodistas que acudieron al evento", recuerda Gouge. "El duelo fue incluso filmado. Esta 'mascarada', como la calificó un periodista de la época, no fue del agrado de Charles de Gaulle, que envió emisarios para cancelarlo sin éxito. Años más tarde, cuando se le dio la oportunidad de defender este suceso, Deferre se aferra al hecho de que su único objetivo era apuntar a la entrepierna de su oponente para arruinar su noche de bodas, que sería al día siguiente".

La afrenta debe ser lavada en la sangre y, para mí, así ha sido. Lamento su falta de deportividad, ya que se negó a darme la mano

"La hora del encuentro, que debe ofrecer las convenientes condiciones de visibilidad, responde ante todo a los criterios de la discreción: por tanto, se sitúa normalmente a primera hora de la mañana o al final de la tarde", describe el historiador François Guillet en su obra 'La Mort en face', favorable a la resolución de conflictos por medio de la espada, tal y como recoge a su vez un artículo del 'ABC' que se hizo eco del tema. "El terreno del combate, sin embargo, tiene una importancia considerable: se sitúa por lo general en un lugar apartado, que permite sustraerse de manera simbólica a la zona de dominio público y escapar, al menos en la primera mitad del siglo XIX, de la vigilancia policial".

La pelea duró poco: apenas cuatro minutos en los que Ribière cae derrotado y se rinde al segundo "round". Unas gotas de sangre caen de su camisa. Ha sido herido, pero por fortuna, no es nada grave. "He demostrado que un miembro de la izquierda no puede insultar a un adversario sin enfrentarse a él con una espada u otro arma", se defendía Deferre en un artículo publicado en 'Le Parisien' después del suceso. "La afrenta debe ser lavada en la sangre y, para mí, así ha sido. Lamento su falta de deportividad, ya que se negó a darme la mano".

Esa misma tarde, tal y como relata el diario parisino, Ribière acudió al pueblecito de Gironde para casarse. En el periódico del día siguiente, vemos en primera plana una foto del encuentro. Madeleine Darce, la prometida, sostiene el brazo de su marido para mostrar a cámara las heridas en el brazo de la espada de Deferre. En las declaraciones del interior, el oponente sigue metiendo el dedo en la llaga: "Sigue siendo un imbécil, es algo congénito".

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