SALUD SIN MITOS

La edad no es decisiva: uno de cada seis españoles sufrirá un ictus

El consumo excesivo de alcohol, el sedentarismo o un colesterol elevado son algunas de las causas del aumento de ictus entre la población

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Cuando hablamos de ictus, lo relacionamos con una enfermedad que puede afectar, sobre todo, a personas mayores. Sin embargo, aunque existen factores de riesgo que aumentan las probabilidades de padecer un ictus (uno de ellos es la edad), es importante tener en cuenta que esta enfermedad puede afectar a toda la población. De hecho, en las últimas décadas se ha dado un notable aumento de la incidencia en pacientes jóvenes. “Los malos hábitos derivados del estilo de vida actual han hecho que los casos de ictus en personas jóvenes hayan aumentado hasta un 25% en los últimos 10 años", explica el Dr. Rafael Arroyo, jefe del departamento de neurología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo.

Hay algunos factores de riesgo sobre los que no tenemos control, como la edad, los antecedentes familiares, el sexo o la carga genética. Sin embargo, hay otros que sí dependen de nosotros mismos y nuestros hábitos, como "el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, consumo de drogas, la hipertensión arterial, tener niveles de colesterol elevados en sangre, la diabetes, la obesidad, la vida sedentaria, las dietas ricas en sal y en grasas y algunas enfermedades del corazón como la fibrilación auricular". La identificación y la corrección de estos hábitos son la base fundamental de la prevención primaria del ictus. "Evitarlo cuando aún no ha ocurrido”, explica el doctor Arroyo.

Cada año se producen 130.000 nuevos casos en España, es decir, uno de cada seis españoles va a sufrir un ictus a lo largo de su vida

El ictus es una patología grave, una de las más importantes y limitantes, con importantes consecuencias sociosanitarias y aún demasiado desconocida por gran parte de la población. Es la primera causa de mortalidad entre las mujeres y la segunda a nivel global en España, la primera de discapacidad en adultos y la segunda de demencia. Cada año se dan 130.000 nuevos casos en España. “Esto se traduce en que uno de cada seis españoles va a sufrir un ictus a lo largo de su vida", continúa el especialista.

Hay distintos tipos de ictus y, como tales, requieren tratamientos específicos. Por un lado, está el infarto cerebral o ictus isquémico (producido por el taponamiento o la oclusión de una arteria debido a un coágulo: corresponde al 80% de los ictus). Por otro, la hemorragia cerebral, causada por la ruptura de un vaso. En cualquier caso, se requiere una actuación especializada inmediata para minimizar los daños y conseguir, en la medida de lo posible, volver a llevar una vida normal o con los menores problemas neurológicos.

Los tratamientos son eficaces si se aplican en las primeras horas. Cada 20 minutos perdidos suponen una disminución del 20% de la probabilidad de éxito

Hay que tener en cuenta que el daño cerebral que produce puede ser irreparable y dejar secuelas graves, condicionando en gran medida actividades de la vida diaria, así como la calidad de vida del paciente, alterando también todo su entorno, familiares, pareja y amigos. “En el caso de los pacientes jóvenes, estas secuelas se sufren con una expectativa de vida más larga”, afirma el Dr. Arroyo.

La importancia del tiempo

La atención temprana en la fase aguda de un ictus determinará el pronóstico de los pacientes. En ese sentido, saber reconocer los síntomas y solicitar inmediatamente asistencia médica para dirigirse lo antes posible a un centro hospitalario especializado es fundamental tanto para el correcto tratamiento como para la posterior rehabilitación. Los tratamientos de fase aguda solo son eficaces si se aplican en las primeras horas tras el inicio de los síntomas. Cada 20 minutos perdidos suponen una disminución del 20% de la probabilidad de éxito terapéutico.

Algunos de los síntomas que pueden hacer sospechar de un ictus son: una pérdida repentina de fuerza en un brazo, en una pierna o en la mitad del cuerpo; dificultad en el lenguaje para expresarse o articular las palabras correctamente; alteración de la sensibilidad brusca de una parte del cuerpo; un intenso y repentino dolor de cabeza con alteración de la conciencia, o una sensación de inestabilidad intensa de inicio brusco.

Existen una serie de pautas que se pueden aplicar en el caso de que pensemos que tanto una persona allegada como nosotros mismos podamos estar sufriéndolo:

  • Levantar los dos brazos o, sentados, intentar levantar las dos piernas. Si no se puede hacer lo uno o lo otro, es un síntoma probable.
  • Sonreír: si la comisura de los labios se tuerce hacia uno de los lados, dejando el otro prácticamente inmóvil, puede ser un síntoma de parálisis facial.
  • Preguntar cosas concretas: mostrarle objetos y pedirle que los nombre. Si se cambia el orden de las sílabas, se pronuncia mal el nombre o, directamente, se es incapaz de responder, algo no funciona bien.

*El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos para aclarar dudas referentes a mitos y creencias populares relacionados con la salud así como para combatir las falsas informaciones que se puedan generar en internet. Si tienes alguna duda sobre la consulta resuelta y quieres más información, puedes contactar con el Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y el Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo.

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