"Todos se lían con todos": dentro de la fiesta sexual de las élites londinenses
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"Todos se lían con todos": dentro de la fiesta sexual de las élites londinenses

¿Qué sucede en estos ambientes sórdidos, lascivos y dominados por el deseo a los que solo pueden acceder unos pocos? Una periodista norteamericana lo cuenta

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Foto: iStock.

"Todos a mi alrededor están liados unos con otros", explica la periodista y escritora norteamericana Diana Bruk. Solo un poco antes y a media voz, casi en un susurro, se ha atrevido a decir la contraseña secreta y a entrar. Los pasillos, vagamente iluminados, a media luz, parecen guardar todos los secretos y deseos más oscuros de la mente y el cuerpo humanos. Continúa caminando sin miedo y abre una puerta. Es una de las pocas elegidas que podrá cruzarla, nos encontramos dentro de las fiestas sexuales de la élite inglesa, esas de las que se elucubra en la oscuridad de los hogares y las cafeterías.

En un sofá en forma de T docenas de cuerpos se besan y empujan. Es una noche fría de sábado aunque nadie de los que se encuentran en el club podrían asegurarlo. Ni siquiera se atreverían a decir si es de día o de noche. "Me parecía una experiencia fascinante", indica Bruk en la revista masculina 'Men's Health'. "No es que las fiestas sexuales sean algo nuevo, pero estas tienen un aura mística que me llama mucho la atención. Quería verlas por dentro. Te prometen gente lujuriosa y atractiva que se cuida, no una cueva en la que no sabes qué clase de criatura te encontrarás".

Se pueden usar máscaras. Los hombres tienen que esperar a ser invitados por ellas. Lo que sucede aquí se queda aquí dentro

Acceder a estas fiestas sexuales no es algo sencillo. De hecho, la mayoría de las candidaturas, como si de un empleo se tratara, son rechazadas. "No se buscan las cualidades de una supermodelo", explica Emma Sayle, directora ejecutiva de KK, que es el nombre al que responden estos encuentros, "pero sí, obviamente, gente que se cuide". Todos los que están en la fiesta encajan en la descripción de "convencionalmente atractivo". Se realizan unas dos veces al mes en ubicaciones vacías que normalmente son casas alquiladas a través de Airbnb y van cambiando y pueden llegar a costar 160.000 libras (unos 180.000 euros al cambio).

Las reglas

Porque las hay, como en toda fiesta que se precie. Bruk las recibió el día antes en un correo electrónico: "Los hombres no pueden acercarse a las mujeres, deben esperar a ser invitados por ellas y tampoco pueden quedarse solos. "No" es "no". Se pueden usar máscaras, los teléfonos y las cámaras están prohibidos y aún más importante, lo que sucede en KK se queda en KK". Justamente lo que a la periodista le gustó de esta fiesta fue el hecho de que estaba orientada al placer y al empoderamiento femenino, según narra, donde son ellas las que tienen el poder y pueden explorar su sexualidad en un ambiente seguro.

Acceder a estas fiestas de la élite inglesa no es sencillo. Has de enviar tu candidatura y, por supuesto, ser convencionalmente atractivo

Pero volvamos a ese sofá con forma de T y a la entrada de Bruk en la sala. Su máscara veneciana no se ajusta bien, pero de 21 a 23 horas la seguirá llevando, pues es el momento en que todos aprovechan para hablar y conocerse. A las 23 se quitarán las máscaras y, con ellas, la ropa también. "Es todo un poco confuso", explica. "Al fin y al cabo no llevo reloj, así que es difícil saber qué hora es. En un momento determinado decido quitármelo todo y quedarme en el conjunto lencero que había comprado para la ocasión, una chica con un culo increíble y un hombre calvo bastante atractivo se acercan a mí y me dicen que vayamos a otra sala, así comienza la aventura".

La sala del amor

"Un hombre se lo hace a una mujer al lado de otra pareja. De repente, el hombre de la primera pareja alza la mano y masajea los pechos de la chica de la segunda pareja. En otro sitio una mujer abofetea el culo de otra fuertemente. Mis dos amigos se sientan a mi lado y ella, que se llama Amira, comienza a besarme el cuello con unos labios húmedos y fríos. Por ahora somos las únicas personas en la sala que no estamos teniendo relaciones sexuales".

Foto: Ambientes sórdidos en Nueva York. (iStock)

La periodista asegura que hay un momento, en pleno apogeo sexual, en el que se queda dormida. Ha tenido un viaje largo y sufre jet lag. Cuando vuelve a abrir los ojos y ve varios cuerpos sudorosos y enroscados a su alrededor se da cuenta de que sigue en medio de la orgia. A esas alturas ya ni siquiera se sorprende cuando una pareja detrás del sofá comienza a acostarse. Al final, la mezcla de champán y sueño hacen que consiga aburrirse. "En ese momento era la 1 de la mañana, ya estaba lista para irme".

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El clímax final

La escritora asegura que no se arrepiente de haber ido a una fiesta KK pero que no tiene ningún interés particular en volver a ver lo que se cuece en las altas esferas sexuales londinenses. "Lo que es increíble es que no se oye nada conforme vas acercándote a la salida", explica. "Ni un gemido, ni un grito, nada, solo música ambiental en un lugar oscuro que parece tremendamente tranquilo. En un sofá, antes de que abandonemos el lugar, una atractiva rubia está siendo embestida por un hombre moreno y musculado. Sus pechos operados rebotan y, cuando finalmente llega al orgasmo, él le aparta el pelo con cariño de la cara y le da un beso".

"Le he visto hace tan solo un rato con otra mujer, en este caso, pelirroja. Cuando la pelirroja llegó al clímax, él le apartó de la misma forma que ha hecho ahora el pelo de la cara, pacientemente, sin decir nada. Parece casi una especie de ritual espiritual. Una oda a un momento en el que el sexo, realmente, no necesita palabra alguna", concluye.

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