el estigma de lo prohibido

El fascinante vínculo que existe entre el sexo y el mal

Todos tenemos fantasías oscuras y consideradas inmorales por la sociedad. ¿Hay una relación verdadera entre la maldad y algunas prácticas sexuales?

Foto: Foto: iStock.
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El sexo es algo intrínseco al ser humano, la forma que tenemos de reproducirnos. Por otra parte, como decía Dostoievski, "el bien y el mal luchan constantemente y el campo de batalla es el hombre". Sexo y mal. Sin duda, dos conceptos que parecen antagónicos, si tenemos en cuenta que la unión carnal parece llevar implícita la consecución del placer y, en algunos casos, el amor. Pero ¿y sí existe una relación entre uno y otro?

Al menos eso es lo que defiende la escritora Julia Shaw, en su nueva novela 'El mal: la ciencia detrás del lado oscuro de la humanidad', que trata de reconsiderar algunas cuestiones que siempre están ahí pero que son, ciertamente, un tabú. ¿Por qué los hombres parecen más propensos a matar? Y, en esa relación entre sexo y mal, ¿puede tener algo que ver el sexo BDSM, que es más popular de lo que se cree?

Una sexualidad "normal"

¿Qué considera la sociedad una sexualidad sana y aparentemente normal? Siendo breves, la postura del misionero. El BDSM (que abarca las signas Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión y Masoquismo) se basa en este conjunto de seis modalidades eróticas relacionadas entre sí y vinculadas a lo que se denomina sexualidades alternativas. Hasta 1991 realmente no apareció el término, aunque Robert Bienvenu, catedrático de sociología y reputado conocedor de la temática, expone que la historia del BDSM bebe de tres fuentes fundamentales: el fetichismo europeo de finales de los años 20, el estadounidense (desde 1934), y el movimiento leather (subcultura que se distingue por el uso del cuero y la indumentaria negra) a partir de los años 50.

El BDSM bebe del fetichismo europeo de los años 20 y el movimiento leather, y nuestra moral religiosa es la que sigue viéndolo como un tabú

Basadas siempre en tres pilares, lo seguro, lo sensato y lo consensuado (es muy importante, por ejemplo, el uso de una palabra de seguridad por parte de aquel que tiene el rol de sumiso por si quisiera interrumplir la sesión), las prácticas BDSM parecían un tabú en nuestra sociedad que solo libros enfocados en todos los públicos como '50 sombras de Grey' se han atrevido a destapar. En San Francisco (California), por ejemplo, existe desde 1984 el festival Folsom, una de las pocas ocasiones en que algunas actividades BDSM son promocionadas y practicadas en público. Sorprendentemente, cada año atrae a miles de curiosos.

He aquí dos realidades sobre esta subcultura: por un lado sigue siendo un tabú, por otro, muchos curiosos querrían conocer más sobre ella. ¿Qué es, entonces, lo que les frena? "En parte, la religión sin duda tiene mucho que ver", explica Shaw. "Todos los actos sexuales que se salen de lo normal siguen viéndose como absolutamente inmorales. A menudo asumimos que si nos salimos del sexo normal heteronormativo y la postura del misionero, estamos actuando de una manera desviada", explica en 'Prevention'.

El problema con internet

"Es fácil sentirte mal contigo mismo, pensar que algo va mal, si te gusta el BDSM en el dormitorio", continúa. "Sin embargo, si algo nos ha enseñado 'Cincuenta sombras de Grey', es que esas cosas nos gustan más de lo que podríamos imaginar. Las estadísticas están ahí. La gente tiene muchísimos fetiches que no se atreve a confesar, y si no me crees no hay más que echar un vistazo a toda la pornografía que circula por internet".

Sin embargo, la escritora asegura que internet es un arma de doble filo y puede distorsionar nuestra percepción de la realidad. "Si buscas con el ordenador, encontrarás un montón de fetiches muy extraños... por ejemplo, la zoofilia. No creo que haya tanta gente interesada en los animales de una manera sexual como podría parecer si hacemos caso a lo que circula por ahí... hay que tener cuidado. Debemos ser consumidores conscientes".

El problema de internet es que puede crear la falsa ilusión de que algunos fetiches son más corrientes de lo que son

Lo que Julia ha querido demostrar en su investigación es que, realmente, todos tenemos oscuridad dentro de nosotros. "Por ejemplo, casi todos fantaseamos en alguna ocasión con el asesinato", explica. "Tanto hombres como mujeres, ya sea contra un jefe, un cónyuge o un padre con el que no te llevas bien. Es algo completamente normal y solo es eso, una fantasía". De hecho, una investigación reciente descubrió que no hay tanta diferencia de género: el 73% de los hombres frente al 66% de las mujeres admitieron haber tenido alguna vez una fantasía de asesinato.

El mensaje principal del libro, por tanto, es arrancar el estigma de lo prohibido. "Necesitamos hablar de manera informada de esas cosas que consideramos malvadas o perversas", asegura. "Independientemente de lo que alguien haya hecho, sigue siendo un ser humano".

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