SE PUBLICA 'FAKING IT' DE LUX ALPTRAUM

Toda la verdad sobre las mentiras que las mujeres cuentan sobre el sexo

Desde "yo ya" hasta "tengo novio", una periodista estadounidense ha descubierto que ellas recurren a menudo al engaño. Pero no es un capricho, sino una cuestión de supervivencia

Foto: Lo primero que sale cuando buscas cara orgasmo en un archivo de imágenes. (iStock)
Lo primero que sale cuando buscas "cara orgasmo" en un archivo de imágenes. (iStock)

Cuando la periodista Lux Alptraum decidió ponerse a investigar acerca de ese tópico que señala que las mujeres son mentirosas por naturaleza, sabía una cosa casi con total seguridad: que ellas no dicen la verdad y utilizan sus artimañas para embaucar a los hombres era una mentira que se ha transmitido de generación en generación a través de mitos fundacionales como el de Adán y Eva. No obstante, a medida que más y más mujeres de toda clase y condición comenzaban a engrosar su archivo de entrevistas, descubrió que, en realidad, estaba equivocada. Las mujeres mienten mucho. La clave se encuentran en que suelen tener muy buenas razones para hacerlo.

Ese es el punto de partida de 'Faking It', publicado este mes en EEUU y en el que la antigua responsable de Fleshbot, un blog sobre sexualidad, analiza el papel que la mentira juega en la supervivencia de las mujeres. “Mentimos porque eso hace nuestras vidas diarias más sencillas, mentimos porque así nos mantenemos a salvo, mentimos porque nadie nos cree cuando decimos la verdad”, escribe Alptraum en la introducción de su libro. “Pero sobre todo, mentimos porque el mundo espera que encajemos con un estándar imposible; a menudo, es la única manera que tenemos de ir por la vida con nuestra cordura intacta”. El problema no es que engañen, sino que nadie se pregunta por qué lo hacen.

Se espera que seas buenísima en el sexo sin haberlo practicado

La idea más popular entre hombres y mujeres, explica, es que “alteramos nuestra apariencia para fingir que somos más atractivas y eliminamos grandes fragmentos de nuestros pasados sexuales para parecer más recatadas”. No solo eso, sino que “aparentamos desinterés, fingimos orgasmos, y cuando ya no nos queda nada más por hacer, nos inventamos violaciones en un intento de destruir a cualquier hombre que nos haya tratado mal”. La propia campaña presidencial de 2016, recuerda la periodista, estuvo centrada en el enfrentamiento entre la “mentirosa” Hillary y el sincero Trump, que no dejaba de calificar a su adversaria con el adjetivo “crooked” (“deshonesta”).

El sexo es el terreno donde esta trampa social se hace más manifiesta. Las mujeres mienten sobre sus orgasmos, sobre sus deseos, sobre su virginidad. “Especialmente en una relación de pareja, se espera que seas buenísima en el sexo, pero que nunca lo hayas practicado”, explica la colaboradora de medios como 'The New York Times', 'The Guardian' o 'Cosmpolitan', en una entrevista con 'Salon'. Obviamente, es imposible satisfacer tal demanda. No es tan solo una cuestión de satisfacción sexual: en algunos contextos estas mentiras son incluso una cuestión de vida o muerte, como ocurre en Egipto con la virginidad.

Uno de los orgasmos fingidos más célebres.
Uno de los orgasmos fingidos más célebres.

¿Cuáles son las mentiras más habituales? Alptraum desvela, por ejemplo, que una bastante frecuente a la hora de acostarse con alguien en una relación casual es inventarse que se ha olvidado de tomar la píldora para obligar a los hombres a utilizar preservativo. También, salir por la tangente ante el flirteo de un hombre aduciendo que “ya tengo novio”. Esta última situación sintetiza la paradoja con la que deben convivir las mujeres: ellos se sienten ofendidos porque “quieren sentir que tienen acceso a cualquier mujer que no esté pillada”, pero las propias mujeres también se castigan a sí mismas al censurar esas mentiras prácticas por “traidoras”, especialmente desde cierto sector del feminismo.

El misterio del orgasmo

Para la periodista quizá no haya mejor mentira que los orgasmos fingidos, y la idea que de ellos se ofrece en medios de comunicación y conversaciones cotidianas, para comprender la trampa social que desde un lado y otro castiga a las mujeres a comportarse como no querrían. Alptraum no duda y se declara una firme defensora de fingir orgasmos. Quizá no sea lo ideal, recuerda, pero por lo general, se trata de un síntoma de que algo más profundo late bajo la superficie. Poner los ojos en blanco mientras se hace el amor aunque no se esté sintiendo nada no implica necesariamente ni que la que lo hace sea una traidora ni que tenga una vida sexual insatisfactoria.

No hay un signo universal que sirva como indicador del éxtasis sexual femenino

“La lectura típica sobre los orgasmos fingidos es muy simple: las mujeres lo ocultan porque están teniendo sexo mediocre y quieren que se acabe”, explica la periodista en el primer capítulo del libro, dedicado a este misterio. Esta visión, aunque aparentemente comprensiva con las mujeres convertidas en víctimas de la despreocupación del heteropatriarcado, en realidad dificulta el verdadero entendimiento sobre la sexualidad femenina: “Las mujeres son astutas manipuladoras, pero al final es perjudicial para ellas: claro, han conseguido que un hombre piense que lo está haciendo bien, pero a coste de su propia satisfacción sexual”.

El orgasmo femenino está por todas partes y cada vez nos obsesiona más, recuerda Alpatrum: tanto en las revistas para hombres, que prometen trucos infalibles para conseguir que ellas alcancen los supermegaorgasmos definitivos de sus vidas, como en los contenidos destinados a mujeres, que les recuerdan una y otra vez que para disfrutar de una vida sexual satisfactoria necesitan centrarse en alcanzar ese súmum del placer, aleccionando a sus parejas para que se lo curren más y recordándoles que tienen un derecho inalienable al orgasmo. Si no es así, alguien tiene un problema; y es precisamente esa exigencia lo que nos hace infelices sexualmente.

La típica cara que una pone cuando experimenta un superorgasmo. (iStock)
La típica cara que una pone cuando experimenta un superorgasmo. (iStock)

“Hay un hecho muy simple”, recuerda Alptraum. “Que es que no hay un signo universal que sirva como indicador del éxtasis sexual femenino”. A lo largo de las décadas, especialmente desde que Masters y Johnson publicasen sus estudios pioneros, la sexualidad femenina se ha entendido de manera paralela a la masculina, intentando trasladar literalmente el funcionamiento del cuerpo del hombre al de la mujer. Esta lógica, por lo tanto, ha conducido a que el orgasmo sea la medida última de la sexualidad femenina. Algo fácilmente observable en el hombre, debido a la eyaculación, pero mucho más complicado en el caso de la mujer.

La mayoría de descripciones que se realizan sobre el orgasmo femenino suelen revestirlo de tintes legendarios. La periodista recoge de forma irónica un puñado de ellos, sacados tanto de revistas femeninas como de novelas eróticas: “Una explosión que sacude todo tu cuerpo”; algo que provoca “que te crezcan alas, desafíes la gravedad y que tu alma se deslice silenciosamente por el universo como una estrella fugaz”; “descargas eléctricas que atraviesan tu cuerpo y tu alma”; “un sentimiento sobrecogedor que provoca un escalofrío en tu cuerpo”; “como llenar un vaso de agua hasta que se desborda”; “cada onza de energía sexual siendo absorbida de tu cuerpo”; o “como la erupción de un volcán, pero ahí abajo”.

Nuestra idealización del clímax no es simplemente errónea, sino que impide que la gente disfrute del sexo

La realidad es que el orgasmo femenino es bastante más gris que esto, y en muchos casos, ni quiera se produce, lo que no tiene por qué ser algo negativo. Muchas de las mujeres entrevistadas por Alpatraum coinciden tanto en que su primera experiencia apenas se pareció en nada a esa explosión de placer sexual que parece que te va a partir en dos como que a menudo ni siquiera lo alcanzan y eso no hace necesariamente que su vida sexual sea fallida. “Muchas mujeres que se sienten desamparadas por ese complejo de glorificación del orgasmo quedan confundidas cuando las sensaciones sexuales no están a la altura”. La realidad, recuerda la autora, es que hay tipos de orgasmos muy diferentes, y que lo único que tienen en común es “una cierta sensación de cierre”.

No, no pasa nada si el cuerpo de la mujer no explota (metafóricamente) mientras hace el amor. “Las revistas para mujeres y los columnistas a menudo tratan a las que salen del armario y hablan sobre sus decepcionantes orgasmos como objetos merecedores de compasión o personas que necesitan ayuda, o una técnica mejor técnica, o ejercicios de respiración o una conexión emocional más profunda con su compañero o un nuevo vibrador”, recuerda Alptraum. La solución quizá pase por rebajar expectativas y explorar alternativas. “Nuestra intensa romantización del gran clímax no es simplemente errónea, sino que impide que la gente (y en particular, las mujeres) disfrute del sexo”. Así que ya saben: la próxima vez que pille a su pareja fingiendo (o lo haga usted misma), no se pregunte qué puede hacer usted por el orgasmo, sino qué puede hacer el orgasmo por usted.

Alma, Corazón, Vida

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