Sexo: Adictos al sexo: así es la vida del hombre que tiene 50 orgasmos al día
cuando nunca es suficiente

Adictos al sexo: así es la vida del hombre que tiene 50 orgasmos al día

Incluso aquellos que dudan que sea un verdadero trastorno reconocen que este comportamiento sexual compulsivo puede entorpecer a la vida diaria

Foto: ¿Crea adicción el sexo? (iStock)
¿Crea adicción el sexo? (iStock)

“El porno es como la cocaína. Soy un adicto y no puedo parar”, reconoce Jordan (nombre ficticio). El joven universitario asegura que padece lo que se conoce como hipersexualidad desde los 13 años. Ahora la trata a base de medicamentos para la depresión, con tal de evitar los días en los que podía llegar a experimentar hasta 50 orgasmos al día. Sí, 50 momentos de éxtasis que, lejos de parecerse al típico sueño de adolescente con la libido por las nubes, conformaban una auténtica tortura que a su vez aumentaba su ansiedad, depresión y fracaso escolar.

La oleada de acusaciones por abuso sexual contra famosos y políticos ha puesto sobre el candelero de la opinión pública el tema de la adicción al sexo. Hasta ahora la enfermedad no ha sido reconocida por la “biblia” de los psiquiatras, el manual publicado por la Asociación Psiquiátrica Estadounidense, pero incluso aquellos que dudan que sea un verdadero trastorno reconocen que este comportamiento sexual compulsivo puede entorpecer a la vida diaria.

Aaron visita a sus 42 años a escorts dos o tres veces por semana y mantiene relaciones con desconocidos en parques y baños públicos

Es el caso de Jordan y de las más de 1.500 personas que Michael Walton, de la Universidad de Nueva Inglaterra en Australia, ha encuestado como parte de un estudio en colaboración con el Centro de Adicción y Salud Mental de Toronto. El investigador asegura al medio australiano 'News.com' que la adicción no se basa en la cantidad específica de orgasmos que tengas (da igual si tienes dos, 10 o 50), sino en si este comportamiento sexual crea o no ansiedad.

"No me puedo controlar"

Jessie (prefiere no revelar su identidad real), de 30 años, es una de las encuestadas. Ella tiene trabajo y pareja estables, pero también un secreto: busca sexo casual en las aplicaciones del móvil, se masturba tres veces al día y fantasea, casi de forma constante, sobre relaciones sexuales con otros hombres. Ella admite que lleva así desde los 14 y que incluso le ha transmitido enfermedades de transmisión sexual (ETS) a su marido, algo que achaca a su comportamiento desinhibido e imprudente.

La masturbación puede convertirse en una obsesión. (iStock)
La masturbación puede convertirse en una obsesión. (iStock)

“Tengo problemas para controlarme”, reconoce, y agrega que sus impulsos solían ser “intermitentes”, pero que tenían un “impacto serio” en su bienestar y el de su familiares y amigos. “A menudo siento vergüenza”, declara. La mujer, a la que le diagnosticaron ansiedad y le recetaron antidepresivos, asegura a los investigadores que “no tiene ni idea” de qué hacer al respecto.

Una paciente asegura que tiene "problemas para controlar sus impulsos", que también tienen un impacto serio en el bienestar de familiares y amigos

No obstante, la mayoría de pacientes con este tipo de problemas son hombres. Es el caso de Aaron (nombre ficticio), que a sus 42 años visita a escorts dos o tres veces y mantiene relaciones con desconocidos, tanto hombres como mujeres, en parques y baños públicos. Es padre de un hijo y asegura que prefiere las prostitutas a mantener una relación, pues lo suyo no tiene nada que ver con el amor. Vive en un estado constante entre la búsqueda desesperada de sexo y el arrepentimiento. Sin embargo, él mantiene que los resultados negativos de su hipersexualidad tienen más que ver con lo económico (se gasta el sueldo) que con lo afectivo, algo que la propia encuesta de Walton niega, pues concluye que sufre niveles “extremadamente severos” de ansiedad y depresión.

La adicción causa ansiedad. (iStock)
La adicción causa ansiedad. (iStock)

Pese a la presión de algunos terapeutas, quienes aludieron a las consecuencias devastadoras de la adicción al sexo para quienes la sufren y sus parejas, el trastorno todavía no ha sido reconocido. Cuando 'The New York Times' le preguntó sobre las razones a Charles O'Brien, profesor de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania involucrado en la última actualización del manual, este aseguró que no existen pruebas científicas rigurosas de que este comportamiento sexual afecte al cerebro de la misma manera que se ha demostrado con la adicción a las drogas o al alcohol.

Esta versión oficial choca con los esfuerzos de Walton por que la hipersexualidad se oficialice a nivel global no solo como un síntoma, sino como una enfermedad. Para ello, utiliza ejemplos como los de la ansiedad de Jessie, las escorts de Aaron y los 50 orgasmos de Jordan para explicar que la falta de reconocimiento provoca que a menudo los propios pacientes se autogestionen, como si fuese algo que ellos mismos pudiesen controlar.

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