ENTREVISTA CON EL NOBEL MICHAEL W. YOUNG

“La siesta es una buena forma de adaptación a nuestro entorno”

La Academia sueca le galardonó por “sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano”, y nos explica qué hacer contra los problemas de sueño

Foto: Young, durante su paso por Madrid. (Héctor G. Barnés)
Young, durante su paso por Madrid. (Héctor G. Barnés)

Cuando el 2 de octubre de 2017 la Academia Sueca telefoneó al biólogo y genetista estadounidense Michael W. Young para comunicarle que había ganado el premio Nobel de Fisiología y Medicina, se encontraba haciendo algo tremendamente relacionado con su especialidad: dormir. “Bueno, hay varias horas de diferencia con Suecia”, recuerda a El Confidencial, divertido, durante su visita a Madrid este martes. “¡Habría sido peor si viviese en California… o en China!”. Apenas unas horas después, se haría público que había obtenido el premio junto a Jerry C. Hall y Michael Rosbash por “sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano”.

Young ha visitado nuestro país para dar una conferencia sobre los trastornos circadianos del sueño y, de paso, recibir el premio otorgado por la Fundación Fernández-Cruz, con motivo de un ciclo de charlas centradas en los problemas de sueño y el reloj biológico. No tendríamos tanta información sobre su funcionamiento si el hoy profesor de la Universidad Rockefeller no hubiese identificado en 1984 el gen del periodo en las moscas de la fruta y, más tarde, hubiese hallado de qué forma la proteína PER, cuyos niveles oscilan a lo largo del día en sincronía con el ritmo circadiano, influye en la actividad de dicho gen. Un pequeño paso para una mosca, pero un gran paso para el descanso nocturno del ser humano.

Se debe intentar que los estímulos del entorno sean lo más regulares posible, pensando con cuidado a qué hora se come o se hace ejercicio

Su trabajo fue el detonante de un 'boom' de las investigaciones sobre el ritmo circadiano —las oscilaciones de las variables biológicas en intervalos regulares de tiempo, generalmente entre 20 y 28 horas— que pronto saltarían desde las moscas hasta los ratones y los hombres. Pero ¿hay algo en nuestra mano para cuidar nuestro organismo e impedir ser víctimas de los problemas de sueño que afectan a uno de cada tres españoles? ¿Se puede poner el reloj biológico en hora? Young lo tiene claro. Existen sencillos cambios que pueden marcar una gran diferencia: “Lo que mucha gente hace hoy es intentar que los estímulos del entorno sean lo más regulares posible, pensando cuidadosamente a qué hora comen o a qué hora hacen ejercicio”.

Siguiendo la metáfora del reloj (tanto mecánico como biológico), el investigador recuerda que al igual que siempre es posible volver a poner en hora un dispositivo que se ha atrasado, nosotros lo podemos hacer con nuestros cuerpos. En su opinión, hay dos pequeñas variaciones particulares a las que hay que estar atentos para conseguir eso tan fácil en apariencia pero difícil en la práctica que es descansar correctamente. Se trata de la exposición a la luz y nuestros horarios de comida: como explica Young, cuanto más regulares seamos en estos temas —por ejemplo, evitando comer tarde por la noche—, mejor para nosotros. Ya se encargará la ciencia, añade, de seguir investigando, por ejemplo, la influencia de cada tipo de proteína en los genes que regulan los ritmos.

Los españoles, como las moscas

Young recuerda que la máxima de “es mejor prevenir que curar” es más cierta aún en el sueño, y añade que no hace falta recurrir a los medicamentos si tenemos cuidado con nuestras costumbres. “Fumar está relacionado con el cáncer de pulmón. Puedes tratar el cáncer, pero es mucho más fácil no fumar”, explica. “Esto es igual, hay una forma más costosa y otra más sencilla de tratar los problemas relacionados con el sueño”. Enfermedades como la diabetes, la depresión o el síndrome metabólico están relacionadas de forma directa con estos problemas, y conocer el funcionamiento del reloj interno puede ayudar a prevenirlas.

Young (primero por la derecha), en la ilustración publicada por el Instituto Karolinska.
Young (primero por la derecha), en la ilustración publicada por el Instituto Karolinska.

También la obesidad, una de las grandes plagas del siglo XXI. Como recuerda el doctor, “gran parte de estos casos pueden estar originados no solo por la cantidad de comida que tomamos, sino porque lo hacemos cuando deberíamos estar durmiendo, o a lo largo de todo el día”. Problemas agravados por los horarios de la sociedad actual, que hace tiempo que dejó de regularse por los ritmos de día y noche —esenciales para los ritmos circadianos— y en la que cada vez más personas tienen el turno de noche o se ven obligadas a “pasar toda la noche trabajando delante de un ordenador sin prestar atención a tu reloj interno”.

¿Qué hacemos con los españoles, que gustan de levantarse tarde y de echarse una cabezadita después de comer? Como ha recordado a su paso por España, Young es un firme defensor de la siesta: “Creo que es una buena forma de adaptarnos a las necesidades de nuestro reloj biológico”, explica, y recuerda que el insecto con el que realizó sus investigaciones, la mosca de la fruta, también lo hace. “Está despierta a primera hora de la mañana y por la tarde, pero duerme a la mitad del día y por la noche”. Los ritmos circadianos, explica, no solo se adaptan a la luz y las oscilaciones —la razón por la que el 'jet lag' causa tantos trastornos de sueño—, sino también a la temperatura.

“Nuestro cuerpo está lleno de relojes, escuchémoslos”, propone el profesor de la Universidad de Rockefeller

Dado que la mosca de la fruta nació en África hace millones de años, como nosotros, es razonable pensar que la costumbre de descansar tras la hora de la comida sea una inteligente adaptación de nuestro reloj interno a las exigencias del entorno. Otro motivo para creer en ello: una investigación publicada el pasado año por la Universidad de Würzburg mostraba que las moscas de la fruta de los países nórdicos no se echaban siesta, por lo que su reloj circadiano era diferente al de sus semejantes africanas. Si las moscas habían evolucionado para adaptarse a diversas condiciones de luz y temperatura en su migración por el mundo, el hombre puede hacer algo parecido.

¿Para qué sirve el sueño?

El galardonado investigador de Miami ha manifestado en alguna ocasión que aún hay grandes misterios sin resolver sobre el sueño, y la gran pregunta del millón, “¿para qué sirve?”, sigue ser contestada. Young intentará responderla gracias a su mayor aliado durante las últimas tres décadas, la 'Drosopholia melanongaster', su querida mosca de la fruta. Un animal que alberga muchas más respuestas de lo que puede parecer, ya que es sorprendentemente parecido genéticamente a nosotros.

Sin embargo, son los nuevos descubrimientos sobre el ADN humano los que más posibilidades tienen de arrojar nueva luz sobre aspectos desconocidos de nuestros ritmos internos, especialmente en lo que respecta a la forma en que la alteración en los cromosomas del ser humano determina los genes que influyen en el reloj biológico. Mientras tanto, seguiremos enfrentándonos a nuestro gran enemigo interior: nosotros mismos, que cada vez más nos sometemos a horarios irregulares de sueño y a alimentación errática. Por eso, Young tiene un último consejo: “Nuestro cuerpo está lleno de relojes, escuchémoslos”.

Alma, Corazón, Vida

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