MATÁNDONOS PARA VIVIR MÁS

Si te mueres, es culpa tuya: el libro que desvela nuestro gran problema con la salud

La autora de 'Sonríe o muere' ataca en su último trabajo a la industria del bienestar y la salud, a la que acusa de haber creado la ilusión de que podemos controlar nuestro cuerpo

Foto: La escritora Barbara Ehrenreich, natal de Cleveland (Ohio). (Alamy)
La escritora Barbara Ehrenreich, natal de Cleveland (Ohio). (Alamy)

En el año 2000, a la escritora Barbara Ehrenreich, que por aquel entonces tenía 59 años, se le diagnosticó un cáncer de pecho. El resultado de su proceso de tratamiento y definitiva curación dio lugar a un célebre ensayo, 'Bienvenida a Cancerlandia', que terminaría convirtiéndose en 'Sonríe o muere', uno de los ensayos clave de la última década en el que la autora desmontaba la ideología del pensamiento positivo. En él, denunciaba la perversión que supone esa visión estúpidamente feliz del mundo según la cual “el cáncer es un regalo”, una trampa que promueve el individualismo y la censura del fracaso y toda expresión de sentimientos negativos.

Una década y media después, a los 76 años, la ensayista vuelve con un libro que tiene un ligero sabor a despedida. Se trata de 'Natural Causes. An Epidemic of Wellness, the Certainty of Dying, and Killing Ourselves to Live Longer' (o, en la edición inglesa, 'Life, Death and the Illusion of Control'), en el que una de las grandes desmitificadoras de las últimas décadas se enfrenta a la última gran leyenda de las sociedades modernas: la muerte y, sobre todo, cómo hemos empezado a creer en una fantasía que nos hace pensar que podemos controlarla. “Todas las muertes pueden entenderse ya como un suicidio”, escribe en el libro. “Seguimos sometiendo a los que se mueren a una edad temprana a una autopsia biomoral: ¿fumaba? ¿Bebía mucho? ¿Consumía demasiada grasa y poca fibra? En otras palabras, ¿se le puede culpar de su propia muerte?”.

Todos intentamos controlar lo que ocurre con nuestro cuerpo a través de la dieta, el ejercicio o, si no funcionan, las operaciones quirúrgicas

Es una ilusión, asegura la autora —que tiene un doctorado en biología e investigó los macrófagos, células del sistema inmunitario—, no solo porque nuestros cuerpos, y no únicamente los agentes externos, sean los causantes de nuestras enfermedades (al fin y al cabo, están programados para acabar consigo mismos, y el cáncer es un buen ejemplo de ello), sino también porque culturalmente conducen a una nueva moralina que provoca que la enfermedad sea aún más traumática y se perciba con menos naturalidad. En definitiva, asegura, cualquier persona que fallezca antes de los 70 parece haberse matado a sí misma. La expresión máxima de la cultura de la responsabilidad individual que ya denunciase en sus obras pioneras.

No está en tu mano

“Los más ambiciosos intentan controlar a las personas que les rodean, por ejemplo, a sus empleados”, escribe en la introducción del libro. “Pero incluso los más modestos y humildes de nosotros esperamos controlar todo lo que ocurre bajo nuestra piel”. No es tanto una cuestión de salud como de bienestar, lamenta Ehrenreich, ese término que también abarca la dieta y el ejercicio (símbolos de estatus de la clase media, en su opinión). “Perseguimos ávidamente controlar nuestro cuerpo y su apariencia a través de la dieta y el ejercicio, y si todo falla, a través de operaciones quirúrgicas”. También nuestras mentes, a través del autocontrol, la meditación o el 'mindfulness'.

¿Para qué vas a medir el tiempo que pasas en la cinta cuando puedes ser derrotada completamente por un puñado de células rebeldes de tu organismo?

“Pero no importa cuánto esfuerzo empleemos, no todo se encuentra potencialmente bajo nuestro control, ni siquiera nuestros propios cuerpos y mentes”, añade. Es una de las falsas promesas de la sociedad moderna: que toda nuestra salud (y bienestar) dependen de nuestros estilos de vida y que, depurándolos, podremos mantener a raya el dolor, la enfermedad y la muerte. En última instancia, no es posible, recuerda. Esto genera decepción (“¿para qué vas a medir minuciosamente tu dieta y el tiempo que pasas corriendo en la cinta cuando puedes ser derrotada completamente por un puñado de células rebeldes de tu organismo?”) y la culpabilización de todos aquellos que sufren enfermedades, que pueden terminar sintiendo que la responsabilidad ha sido suya.

La visión que la autora propone es la del organismo no como un producto perfecto que podemos optimizar, sino como “un campo de batalla a nivel celular que termina, al menos en todos los casos que conozco, en muerte”. Una de las grandes acusaciones de Ehrenreich va dirigida a la industria del bienestar, que se basa precisamente en afirmar que lo anterior es falso, y a prometer que con continuos ajustes de nuestro organismo podremos disfrutar de un control completo de nuestro cuerpo, aun a costa de sacrificar placeres. Pero son promesas imposibles de mantener, como bien sabe aquel al que se le diagnostica cáncer de pulmón aunque no haya fumado un cigarrillo en toda su vida.

Manzanas y ejercicio, la fórmula de la vida eterna. (iStock)
Manzanas y ejercicio, la fórmula de la vida eterna. (iStock)

En el pasado, afirma Ehrenreich, uno solía olvidarse de su salud entre visita y visita el médico. Hoy, no obstante, ha surgido una potente y rentable industria que se dedica a decirnos qué debemos hacer minuto a minuto para mejorar nuestro bienestar. Esto deriva en “la automonitorización continua, cómoda y discreta de docenas de variables, la presión sanguínea, el ritmo cardiaco, el consumo de calorías, el número de pasos dados en un día, incluso el estado de ánimo”. La autora llega a considerar que gran parte de la industria de la medicina oficial se basa en la misma premisa equivocada: “En 2014, el Colegio Americano de Médicos anunció que los exámenes estándares de ginecología no eran necesarios para mujeres adultas sin síntomas y que desde luego no merecía la pena la 'incomodidad, ansiedad y costes médicos adicionales' que conllevan”.

Algo similar ocurre con la mente. En esta ocasión, Ehrenreich arruga el morro ante el 'mindfulness' y otros tratamientos para aliviar nuestra ansiedad, promovidos por los mismos que han contribuido, a través de sus 'apps', a disparar nuestros niveles de estrés. La autora desconfía de los beneficios de la meditación, al menos como panacea, y aunque concede que probablemente tiene un afecto “calmante”, quizá no sea más útil que “una hora concentrándote en un problema de matemáticas o una copa de vino con tus amigos”. Ese es uno de los temas que aparecen una y otra vez en el libro y en las entrevistas: disfrutar de los pequeños placeres sin preocuparnos continuamente por medirnos.

Yo me bajo aquí

La autora de 'Por cuatro duros' afirma que, a su edad, está preparada para fallecer. O, mejor dicho, se dio cuenta poco a poco de que era “lo suficientemente mayor para morir”. Eso significa que puede permitirse obviar algunas de las recomendaciones de sus médicos y, sobre todo, elegir pasar el tiempo que le queda como ella desee. “Al mismo tiempo, soy lo suficientemente vieja como para no incurrir en ningún sufrimiento, preocupación o aburrimiento adicional persiguiendo una vida más larga”, añade. Si sufre algún problema urgente, acudirá al médico, pero ha decidido dejar de buscar a través de pruebas médicas posibles enfermedades que de otra forma no habría detectado.

He visto a mucha gente de mi edad obsesionada con sus dietas. Lo siento, no me voy a ir de este mundo sin mi pan con mantequilla

Entre las respuestas que ya ha suscitado el libro, una de las más interesantes es la que Deanna Pai ha publicado en 'The Cut'. Pai tiene 28 años, y también ha sufrido varios tipos de cáncer. A su edad, recuerda, aunque el argumentario de Ehrenreich le convence, no puede compartir su punto de vista, ya que es “demasiado joven para morir”. “Tengo 28, e iré muy contenta a hacerme una tomografía semanal si eso es lo que hace falta para detectar (y tratar pronto) el retorno del cáncer”, escribe. “No me preocupa si acarrea sus propios riesgos e incomodidades; he tenido cáncer las suficientes veces para saber que la alternativa es peor”. Además, asegura que seguirá haciendo ejercicio ocasionalmente y meditación, “pero no para vivir más, sino para disfrutar mi tiempo, me quede lo que me quede”.

“Le di mi libro a una amiga hace una semana”, explicaba Ehrenreich en una entrevista con 'The Guardian'. “Tiene 86 años y es una científica social muy distinguida con una carrera increíble. Me dijo: 'Te quiero, Barbara, este libro me está haciendo muy feliz'. Yo me sentí en plan 'guau'. Quiero que la gente lo lea y se relaje. He visto a mucha gente de mi edad —desde hace tiempo— obsesionada con sus dietas. Lo siento, no me voy a marchar de este mundo sin mi pan con mantequilla. La mantequilla ya ha causado suficiente dolor. Lo más importante es que la comida sepa bien. Me gusta mi vaso de vino o mi Bloody Mary”. Un buen corolario que añadir a su lápida… cuando le toque.

Alma, Corazón, Vida

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