EL MÉTODO SIN ESFUERZO DE RICARDO ARTOLA

"Solo dejas de fumar, no de vivir": cómo abandoné el tabaco

“Yo fumaba como un carretero, pero lo dejé cuando cumplí 50 años. Si lo dejas a esa edad no hay ningún problema, el cuerpo se recupera

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"Solo dejas de fumar, no de vivir": cómo abandoné el tabaco
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    “Yo fumaba como un carretero, pero lo dejé cuando cumplí 50 años. Si lo dejas a esa edad no hay ningún problema, el cuerpo se recupera y es como si no hubieras fumado nunca”. Estas fueron las palabras que resonaron en la conciencia de Ricardo Artola, autor de Y un día dejé de fumar (La esfera de los libros), cuando cumplió los 50 y que le ayudaron a tomar la decisión de dejar el tabaco. El particular oráculo griego de Artola se llama Dimitrios, “un tipo fornido y con un color de piel saludable, que conocí en un pequeño hotel de una isla griega. Cualquiera hubiera firmado por tener su aspecto a los 60 años, que eran los que tenía cuando lo conocí”. Los llamados ‘síntomas inquietantes’ (obstrucción respiratoria, taquicardias, envejecimiento de la piel, etc.) hicieron el resto.

    Artola cuenta su experiencia en primera persona, sin paternalismo, sin imperativos, sin redundar una vez más en las más que sabidas consecuencias nocivas del tabaco para la salud, y con un característico tono cómico; lo que aleja a Y un día dejé de fumar de los cientos de libros de autoayuda publicados sobre este tema. “No quise contaminarme con lo que dicen la mayoría de manuales porque fui fumador durante muchos años, negro y rubio, con y sin filtro, picadura de liar y aquellos sensuales e interminables More. ¡Hasta he fumado estando ingresado en un hospital! Cuando lo dejé tuve una intuición que se cumplió y quería contar mi experiencia, por eso parto de un enfoque totalmente distinto al habitual”, resume el autor.Si se superan los seis primeros meses, ya solo vuelve a caer una de cada diez personas

    Nadie duda de las dificultades que entraña dejar de fumar, “tampoco es hacer un arco de iglesia”, matiza Artola, “pero sí un esfuerzo que te cambia la vida agradablemente”. Dependiendo de las circunstancias personales de cada fumador, se valorarán más o menos las distintas ventajas de abandonar este vicio. Unos mirarán el bolsillo, otros la salud, otros apreciarán recuperar el gusto y el olfato o simplemente apreciarán que su ropa deje de oler a humo o el aliento no desagrade a sus parejas. Sin embargo, para este madrileño y empedernido viajero, la mayor ventaja de abandonar este vicio es la libertad. “Cuando ya no fumas, que en mi caso fue una constante durante unos 32 años, te notas más libre al dejar de depender y organizarte en función del tabaco. El aspecto del deporte también ha sido curioso, cuando dejas de fumar parece que el propio cuerpo te pide ejercicio, lo que te viene muy mal para no engordar en la primera fase de deshabituación”.

    “Cada día que pasas sin fumar es mejor que el anterior”

    El proceso de dejar el tabaco entraña una serie de dificultades, pero la más grande es tomar en serio la decisión y superar el primer día sin fumar. “Si se recae hay que volver a intentarlo”, apunta el autor. La primera fase de este proceso es la más complicada porque hasta que el cuerpo no se desintoxica totalmente de la nicotina –alrededor de tres días– se experimentará un mono físico. “Yo lo pasé a base de agua, chicles y un poco de ejercicio porque tienes muchos pinchazos de hambre, casi tantos como cigarros te fumabas”. Una vez superadas estas primeras 72 horas sin fumar, llega la segunda fase, la del mono psicológico. Con una duración de entre un mes y un mes y medio, en este tiempo el peor enemigo son los hábitos; “unas costumbres que cuesta abandonar, pero menos a medida que va pasando el tiempo”. La tercera y última fase comienza a partir del mes y medio y, si se superan los seis primeros meses, ya solo recae una de cada diez personas que lo intentan.La imagen icónica del tabaco ya no funciona entre las generaciones más jóvenes

    “Cada persona es única. Es mejor olvidarse de lo que dicen de dejar de fumar”, apunta Artola en su libro, y anima a tratar los clásicos libros de autoayuda u otros ‘métodos milagrosos’ como simples muletillas, pero en ningún caso como una panacea para conseguir este objetivo. “Lo único que realmente ayuda es que cada día que pasa es mejor que el anterior. Cada paso resulta más sencillo que el anterior, y el más difícil es el primero”, asegura Artola. Sin embargo, reconoce que, como el 99% de la resistencia a dejar de fumar es psicológica y no física, cada uno debe marcarse sus propias metas y trucos según su forma de ser y su grado de adicción.

    La decisión tanto de fumar como de dejarlo se circunscribe pues, a la esfera personal. Por eso el escritor no cree que las medidas legales contra el tabaquismo, como la obligación de colocar siniestras fotografías en las cajetillas y mensajes disuasorios, cumplan realmente con su fin. “No creo que nadie se plantee dejar de fumar por estas fotografías, al menos en mi caso lo único que provocaba es que buscase cajetillas con imágenes menos desagradables, pero nunca me motivaron para abandonarlo”.

    El declive cultural del tabaquismo en las sociedades occidentales

    Donde realmente habría que intervenir, según el autor, es en las prácticas lobistas de las compañías tabaqueras. “Durante toda su historia han tenido un papel cínico y poco digno. Su único fin era ganar dinero, aunque para ello tuviesen que echar cientos de componentes químicos al tabaco para incrementar las adicciones. Cuando fueron llevadas a los tribunales utilizaron todas las armas a su alcance y su ejército de lobistas para alcanzar acuerdos extrajudiciales. Desde este punto de vista creo que se puede tildar a las compañías tabacaleras de piratas”, denuncia Artola.El 99% de la resistencia a dejar de fumar es psicológica

    Quizá por este motivo, además de por la abundante información que existe hoy en día sobre el tabaco, el vicio de fumar está en declive, al menos en Occidente y entre las generaciones más jóvenes (en los países en vías de desarrollo sí sigue aumentando el número de fumadores, debido sobre todo, a la incorporación de las mujeres, según el último informe de la OMS). A pesar de esta tendencia, y de que la imagen icónica del tabaco ya no funciona entre las generaciones más jóvenes, el fin del tabaco en la sociedad todavía no está del todo asegurado.

    Las tendencias son muy caprichosas, indica Artola y, “aunque parezca que en términos estadísticos será un hábito marginal en el futuro, relegado a clubs de puro y pipa, no se puede asegurar que nunca más se volverá a reivindicar o a poner de moda como un impulso de ir a contracorriente si se llegase a prohibir o criminalizar”. De momento, nada mejor para dejar de fumar el ameno y razonado testimonio de Ricardo Artola en Y un día dejé de fumar

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