EL FUTURO NO LLEGA NUNCA

La guía de Séneca para ser más feliz y deshacerte de tus preocupaciones

El pensador estoico consideraba que nuestra mente nos traiciona haciéndonos pensar que nos van a ocurrir cosas malas. Debemos dehacernos de preocupaciones y deseos falsos

Foto: Estatua de Séneca en Córdoba. (iStock)
Estatua de Séneca en Córdoba. (iStock)

Una de las fuentes de ansiedad más habituales en el mundo moderno es el miedo que sentimos hacia un futuro que percibimos mucho más negro de lo que realmente será. Adelantamos acontecimientos, pensamos que la tostada caerá siempre por el lado de la mantequilla y tenemos la triste certeza de que con seguridad lo que viene va a ser peor, un pensamiento a menudo espoleado desde los medios de comunicación. Para todos los que piensan así, los estoicos, la escuela filosófica fundada por Zenón de Citio, tienen una buena lección: la felicidad es posible, siempre y cuando nos deshagamos de todo lo que no necesitamos. Especialmente de todos aquellos miedos y deseos que nublan nuestra percepción.

La carta número 13 que el filósofo y político cordobés Lucio Séneca envió al escritor Cayo Lucilio ha sido considerada durante siglos la mejor guía para aliviar nuestra ansiedad en esos momentos en los que pensamos que todo va a ir mal. Su título, 'Sobre los miedos infundados', lo dice todo. Se trata de un buen recordatorio para guardar en el móvil o imprimir y llevar en el bolsillo, especialmente si somos de esos que sentimos al acostarnos que es totalmente posible que la mañana siguiente el sol no vaya a salir por el este.

No hay que ser infeliz antes de tiempo, como cuando aquellos hechos que pensabas eran inminentes te provocaron pánico y no ocurrieron

“Muchas más son las cosas que nos aterran que las que nos aplastan, con frecuencia sufrimos más en la imaginación que en la realidad”, explicaba el pensador al destinatario de su carta. “No estoy utilizando palabras de los estoicos, sino otras mucho más llanas: nosotros solemos decir que todo aquello que nos arranca llantos y gemidos son ligerezas que no merecen más que desprecio”. La primera lección, por lo tanto, es evitar todo aquello que nos entristece o aterroriza.

“Lo que te aconsejo es que no seas infeliz antes de tiempo, como con aquellos hechos que pensabas que eran inminentes y te provocaron pánico”, animaba a su lector. “Quizá no llegue nunca, como aquello tampoco llegó”. La realidad es que “algunas cosas nos atormentan mucho más de lo que deben, otras antes de que deban y algunas otras nos atormentan cuando de ninguna manera deberían hacerlo”. Algo aún más acentuado en el mundo moderno, en el que la gran cantidad de estímulos que recibimos perturban nuestra tranquilidad.

Las preguntas que debes hacerte

El enemigo somos nosotros, de acuerdo, pero puede haber otras personas que se crucen en nuestro camino y que intenten convencerte, activa o pasivamente, de que te va peor de lo que piensas. En ese caso, Séneca hijo propone varias preguntas que debemos hacernos para evitar que los demás acaben con nuestra templanza. Por ejemplo, “¿De qué es de lo que sienten pena?”; “¿Qué es lo que les preocupa como si temiesen contaminarse?; “¿Es realmente tan malo o tiene peor nombre que verdadera nocividad?”. Y dos preguntas más: “¿No me estaré torturando y afligiéndome sin causa?”; “¿Puedo darme cuenta de si son imaginarios o reales los motivos por los que me angustio?”.

¡Con qué frecuencia lo inesperado ha sucedido! ¡Con qué frecuencia lo esperado nunca sucede!


Podemos encontrar preocupaciones en los tres tiempos de la experiencia humana, el pasado, el presente y el futuro, y ninguno de ellos debería darnos quebraderos de cabeza. El presente, siempre que “tu cuerpo esté libre, sano y no seas víctima de los insultos de nadie”. El pasado, pasado es, aunque hay que tener cuidado de que aquello que hemos vivido no enturbie nuestro juicio sospechando que solo lo peor va a ocurrir: “¡Con qué frecuencia lo inesperado ha sucedido! ¡Con qué frecuencia lo esperado nunca sucede!”.

El futuro es, por lo tanto, mucho más espinoso, porque “la mayor parte del tiempo sufrimos a causa de sospechas”. Como explica Séneca, “aceptamos las opiniones, no verificamos aquellas que nos inducen miedo ni las examinamos, nos ponemos a temblar y ofrecemos la espalda a aquellos que desertan las casernas a causa del polvo levantado por ganado que huye”. Una posible solución es “creer en aquello que prefieras”, y si consideras que “el miedo tiene más argumentos, inclina la balanza para el otro lado como sea”. Séneca añade: “Hasta la mala fortuna tiene sus caprichos: puede que llegue, puede que no. Por lo tanto, espera lo mejor”.

Cabe otra posibilidad, y es que tengamos buenas razones para pensar que algo terrible va a ocurrir. En dicha situación, podemos permitirnos el lujo de considerar que, efectivamente, el futuro puede ser negro, siempre y cuando no caigamos en la desesperación. “Incluso, si un mal futuro debe acontecer, ¿quién te obliga a sufrir su dolor ahora? Ya sufrirás suficiente cuando llegue. Mientras tanto, espera algo mejor. ¿Qué ganarás al hacer esto? Tiempo”. 'Carpe diem', “aprovecha el tiempo”, tal y como rezaba el lema estoico.

Alma, Corazón, Vida

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