¿QUÉ SIGNIFICA “717171634” Y “7698QA2753”?

El hombre que robó en un avión en pleno vuelo y desapareció en la nada

Durante casi medio siglo, nadie ha sido capaz de saber quién se encontraba tras la identidad de D. B. Cooper. Ahora, un grupo de 40 investigadores asegura haber dado con la clave

Foto: Nos vemos dentro de 45 años.
Nos vemos dentro de 45 años.

El Día de Acción de Gracias de 1971, un misterioso hombre de mediana edad secuestró el vuelo Northwest Orient Flight que unía Portland con Seattle. Durante el vuelo, tras detenerse en el aeropuerto de Tacoma para cobrar su rescate, saltó entre las nubes con los 200.000 dólares bajo el brazo. Durante 46 años, nadie ha sido capaz de descubrir la identidad de este tal D. B. Cooper, y en el verano de 2016, el FBI decidió finalmente dar el caso por cerrado. No obstante, la lista de candidatos está muy bien nutrida, y durante décadas, investigadores 'amateur' de todo pelaje han intentado dar con el verdadero culpable… Siempre y cuando no hubiese reventado en plena caída libre desde el avión, como defienden algunas teorías.

Ahora, casi medio siglo después, un grupo de 40 detectives aficionados liderado por el documentalista Tom Colbert asegura haber encontrado al verdadero D.B. Cooper. Se trata de Robert W. Rackstraw, un veterano de guerra que fue acusado a finales de los 70 y cuyo nombre cada vez había tomado más fuerza, especialmente después de que un documental del Canal Historia lo señalase como el verdadero (y afable) secuestrador. La diferencia es que ahora los investigadores aseguran haber encontrado un nuevo dato clave que lo cambia todo: han descifrado el misterioso número que aparecía en la carta que un tal “D.B. Cooper” envió a los grandes medios americanos –de 'The New York Times' a 'Los Angeles Times'– en diciembre de 1971.

¿Cuál es la importancia de la misiva? Por una parte, es la única que el FBI toma en serio de entre las miles que los medios americanos recibieron en los meses posteriores al secuestro –que se convirtió en una referencia pop en cuestión de horas–, ya que revelaba detalles del caso que no habían trascendido a la prensa. Por otra, los agentes federales habían mantenido bajo secreto durante décadas la misiva, que como recuerda 'Oregon Live', no ha visto la luz pública hasta finales del año pasado. En ella figura, al lado del nombre de 'The Washington Post', un misterioso número, el 717171634. Podría pensarse que es una referencia a la fecha o al vuelo, si no fuese porque un poco más abajo, al lado del nombre de 'Los Angeles Times', figura el 7698QA2753.

Para el documentalista y el experto en criptografía, se trata de la prueba definitiva de que el verdadero Cooper era un antiguo paracaidista del ejército


A simple vista, dos cifras que parecen tener poco sentido. No obstante, el experto en criptografía Rick Sherwood, uno de los colaboradores más recientes de Colbert y antiguo miembro de la Agencia de Seguridad del Ejército (ASA) asegura que ha sido capaz de descifrar los números, y gracias a ello, identificar al veterano Rackstraw como el único culpable posible del caso. Pasaron dos semanas hasta que, manual de la ASA en mano, fue capaz de entender qué significaba ese caos de números, que no era tal. En realidad, mantiene, si se suman los números, obtienes el 37 y el 11, que eran las dos unidades –de radio y de apoyo– en las que Rackstraw sirvió en Vietnam.

Inducción, no deducción

Para Sherwood, así como para sus 40 compañeros investigadores, que habían creído a pies juntillas en la culpabilidad de Rackstraw, se trata de la prueba definitiva de que es él el culpable. Su principal pecado, haber sido paracaidista del ejército, lo que le daba muchas más posibilidades que a otros candidatos de ser el verdadero D.B. Cooper. Eso, y haberse comportado de manera altamente sospechosa a lo largo de las décadas El acusado, que ahora tiene 73 años y vive jubilado en San Diego, se ha encogido de hombros ante los periodistas de 'San Jose Mercury News', a los que ha espetado que “dicen que soy yo, así que si quieres creerlo, créelo”.

El misterioso código.
El misterioso código.

A Rackstraw le ha gustado desde hace décadas sembrar la duda sobre su relación con el misterioso D.B. Cooper. En la misma entrevista, manifestó que estaba convencido de que el verdadero culpable estaba muerto… pero que no creía que “muriese en el salto, porque nos entrenan para que saltemos al bosque a través de los árboles y cosas así”. Además, añadía que los investigadores tienen “gránulos de verdad… y la han elaborado como en Hollywood”. Como recuerdan los medios americanos, unas ambiguas declaraciones que generan aún más dudas: ya a finales de los años 70, cuando fue investigado por primera vez, declaró que “no me descartaría a mí mismo, o a alguien como yo”.

No obstante, como recuerdan los críticos de Colbert –que, recordemos, tiene un documental en proceso de producción y un libro llamado 'The Last Master Outlaw' que vender– es muy probable que su proceso de deducción (o, mejor dicho, inducción) haya estado demasiado centrado en culpabilizar al candidato como fuese, infravalorando otras posibles hipótesis. ¿Es posible que Sherwood encontrase estas dos cifras simplemente porque deseaba señalar a Rackstraw como fuese? “No es imposible”, ha reconocido el propio experto en códigos. “Pero ¿cuáles son las posibilidades de que la suma de estos dígitos diesen ese resultado? Astronómica. Una entre un millón. Rackstraw no pensaba que nadie fuese capaz de descifrarlo”.

El sospechoso fue expulsado del ejército cinco meses antes del secuestro, por mentir acerca de su rango y currículum


Sin embargo, ¿para qué iba a introducir uno de los hombres más buscados de EEUU datos que revelaban su identidad en la carta que había enviado a los grandes medios americanos? Hay otros expertos que, no obstante, han defendido el trabajo de Sherwood, como el antiguo agente del FBI Jack Shafer, que escribió a Colbert para comunicarle que era la mejor pista que habían tenido sobre la identidad de Rackstraw en 45 años. El propio Colbert está totalmente seguro de que el veterano es el verdadero secuestrador, y aduce que tiene 102 pruebas que respaldan su teoría. En su página web hay hasta una entrevista con la hermana del supuesto secuestrador. Desde luego, es un investigador dedicado: denunció al FBI para conseguir que se desclasificasen más documentos.

¿Quién es Rackstraw?

Es posible que la audacia del documentalista se vuelva en su contra, ya que Rackstraw ha anunciado que planea demandarle y llegar hasta donde haga falta. “Ha arruinado mi vida, la de mi hijo y la de mi nieto”, ha declarado el paracaidista. Según aduce, sufrió un infarto después de que el equipo de Colbert le abordara para su documental, ha perdido su negocio de reparación de botes a causa de los tejemanejes del detective aficionado y asegura que dos o tres veces por semana recibe la visita de curiosos o periodistas que intentan extraerle jugosas declaraciones.

El retrato de Rackstraw de 1970 proporcionado por Colbert.
El retrato de Rackstraw de 1970 proporcionado por Colbert.

Pero ¿quién es exactamente este misterioso hombre? Como explica Colbert, sirvió durante siete años en el ejército, donde llegó a ser primer teniente, y llegó a Vitenam en 1969. Sus antiguos superiores le describían como “un rebelde, un timador y un ladrón”. Fue expulsado del ejército cinco meses antes del secuestro, por mentir acerca de su rango y currículum. Para su compañero Ken Overtuf, estaba lo suficientemente loco y disponía de los conocimientos suficientes como para secuestrar un avión y saltar de él en plena noche. Durante mucho tiempo no figuró en la lista de sospechosos, hasta que un grupo de investigadores de la policía de Stockton propuso su nombre en 1978 porque había “muchas cosas que encajaban”.

De la noche a la mañana, se convirtió en una estrella de la televisión, donde una vez más, se salió por la tangente ante la sugerencia de que era el verdadero D. B. Cooper: “Bueno, tengo miedo de las alturas”, señaló con una sonrisa. “Puede ser”, contestó cuando el presentador insistió. Además, Colbert cree que una imagen de 1970 encaja perfectamente con el retrato robot que se realizó después del secuestro. En su libro, un experto forense considera que hay nueve rasgos en los que ambos coinciden, y que de hecho, “parece un dibujo hecho con la fotografía original como referencia”. Lo mejor del asunto es que el propio Rackstraw asegura ahora que ha vendido los derechos de su vida por 40 millones de dólares, pero que no puede dar más detalles. Lo que plantea, de nuevo, una gran pregunta: si de verdad no fuese D. B. Cooper, ¿qué productor habría gastado tal cantidad de dinero en contar la historia de un falso culpable?

Alma, Corazón, Vida

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